La ilusión no debemos perderla
La opinión de Lola Fernández

Morón de la Frontera
Ahora que han pasado los días de los reencuentros, de las comidas familiares, de las comidas de amigos, de las citas ineludibles, de cantar villancicos, de encender el árbol de Navidad, de colocar el Belén y esconder el caganet, por tradición moderna, de contar doce campanadas con la boca llena de uvas al borde del atragantamiento, de la ilusión imperdible de los Reyes Magos, con la cabalgata de la ilusión, magistralmente creada por la familia Fortes, ahora, que ya ha pasado todo, volvemos a guardar en cajas etiquetadas o no, todo lo que remueve una decoración y sin darnos cuenta guardamos todos los propósitos que desenvolvíamos a la hora de engalanar nuestros hogares.
Son efímeras nuestras promesas cuando vamos colocando los manteles para las comidas, cuando damos brillo a nuestras copas con las que brindar por un año mejor, damos brillo a los sentimientos con los que los pronunciamos, pero que al cabo de los días los olvidamos.
Somos fugaces e imprevistos. A veces débiles, a veces impasibles.
Pero en el fondo de nuestro más inhóspito rincón existe una palabra que se llama ilusión y que jamás decae, la que debe permanecer eterna en nuestra mente y en nuestro corazón.
Y por eso no debemos volcar en saco roto todo lo bueno que deseamos y nos desean, la ilusión de una posible vida mejor no debemos perderla, porque de ser así derrumbaríamos los cimientos de nuestras casas, las que nos cobijan y las que habitamos.
La ilusión y la pasión con las que vivimos, deben perdurar, las personas que viven a nuestro lado, los que llegan y los que se van encienden la luz de nuestros habitáculos, nuestros rincones y a veces desentierran nuestros secretos y es como abrir la puerta de la casa que estaba cerrada y encender la lampara con una luz permanente. La luz de amar y de haber sido amado.
La ilusión no debemos perderla, nunca, la existencia es maravillosa, vivirla es caminar seguro entre treguas pactadas, cada momento tiene su luz y sus sombras. Cada día tiene su risa, su dolor y su ilusión.
Y así seguimos, con cicatrices y arrugas. Y con otro enero que te rompe por dentro, otro enero que nos deja cabizbajos y apenados, otro enero que decidió llevarse de la mano a un gran amigo, otro enero que recordaremos con lagrimas en los ojos y tiritas en el corazón.
Y buscaremos un sitio donde dejar que el tiempo trabaje y cosa los jirones de la vida y nos devuelva, poco a poco, esa ilusión por vivir lo que tenga que venir.




