Sociedad

La US transforma cáscaras de cangrejo del Guadalquivir en alimentos que aportan beneficios para la salud

La investigación transforma residuos de origen animal en quitosano para el desarrollo de productos orientados al bienestar de la mujer

Imagen de recurso del estudio que permite reutilizar cáscaras de cangrejo en productos orientados al bienestar de las mujeres. - US

Sevilla

La Universidad de Sevilla (US) lidera un proyecto de investigación orientado a transformar distintos residuos, como las cáscaras de cangrejo de las marismas del Guadalquivir, en biomateriales avanzados para el desarrollo de cosmecéuticos y nutracéuticos. La iniciativa cuenta con la financiación pública del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades por un importe superior a los 350.000 euros.

El proyecto, desarrollado en coordinación con la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), ha sido concedido en el marco del Plan Estatal de Investigación 2024-2027 y se extenderá durante cuatro años, hasta 2029. Su objetivo es convertir un residuo en un recurso de alto valor, como el quitosano, mediante la aplicación de principios de economía circular e innovación tecnológica, informa la US en una nota de prensa.

La investigación está liderada por Carlos Bengoechea, catedrático del Grupo de Investigación Tecnología y Diseño de Productos Multicomponentes de la US y por Nuria Calero, profesora titular del Grupo de Reología Aplicada. Tecnología de Coloides de la Hispalense.

El quitosano es un biopolímero biodegradable y biocompatible que puede obtenerse a partir de diferentes residuos procedentes del cangrejo, los insectos o el calamar. En este sentido, el equipo investigador trabajará en los procesos de extracción y modificación para obtener quitosanos con propiedades ajustadas a distintas aplicaciones, lo que permitirá desarrollar emulsiones avanzadas que podrán utilizarse como base de productos cosméticos o alimentarios funcionales, orientados específicamente al bienestar de la mujer.

El catedrático de la US y coordinador del proyecto, Carlos Bengoechea, explica que "la economía circular no es un concepto teórico de moda, sino una oportunidad para la industria, para todos. "En un momento en que se plantea la escasez de recursos naturales en un mundo superpoblado, es necesario incidir en la reducción de residuos mediante su aprovechamiento".

En este sentido, el proyecto abre la puerta a nuevas formas de valorización de subproductos alimentarios, reduciendo el impacto ambiental y generando valor añadido. "Pretendemos modificar químicamente un biopolímero como la quitina, presente en diferentes residuos, para obtener el quitosano adecuado para cada aplicación. Vamos a desarrollar productos de características muy diferentes entre sí, desde una bebida enriquecida con bioactivos a un apósito que se aplicaría en diferentes partes del cuerpo", añade.

Más allá de su vertiente medioambiental, la iniciativa presenta una dimensión social. Nuria Calero Romero, investigadora principal de la iniciativa, subraya que "todos los productos a desarrollar van a incluir bioactivos cuidadosamente seleccionados para producir un efecto beneficioso en la salud de la mujer. En concreto, estamos abordando problemas que afectan a muchas mujeres, como los síntomas asociados a la menopausia, y que históricamente han sido poco investigados. Es fundamental que la ciencia también responda a estas necesidades".

TRANSFERENCIA A LA INDUSTRIA COSMÉTICA Y ALIMENTARIA

La investigación combina tecnologías avanzadas de formulación con un enfoque multidisciplinar que integra conocimientos en química, ingeniería, ciencia de los alimentos y ciencia de materiales. El objetivo final es desarrollar formulaciones innovadoras con potencial de transferencia a la industria cosmética y alimentaria.

Entre ellos, cremas y geles cosméticos, bebidas y hasta parches que liberarán bioactivos con propiedades beneficiosas para la salud.

El proyecto se desarrolla en colaboración con el grupo de investigación del País Vasco liderado por Koro de la Caba, con el que la Universidad de Sevilla mantiene colaboración científica. Además, cuenta con un amplio equipo internacional, entre el que destaca la participación como supervisor de David Julian McClements, referente internacional en ciencia de los alimentos, de la Universidad de Massachusetts Amherst (Estados Unidos).