Los arrullos que les dimos
La opinión de Lola Fernández
19.01.26 Lola Fernández
Morón de la Frontera
Cuando escribo el comentario, suelo mirar las noticias que durante la semana van sucediendo por si mis derroteros deben tirar por esos caminos.
Últimamente, mi mente se cierra a tantas malas noticias que hay y de las que ustedes están saturados, irritados, asqueados y con un hartazgo tan grande como el que yo tengo.
Pero mi corazón no se cierra, me niego, a pesar del dolor de lo que nos rodea, nos quiebre y nos hunda en el regazo del consuelo.
Venimos de brindar por un año mejor, ya ni siquiera pedimos que sea mejor que el anterior, ¡qué más da!, brindamos por uno mejor, con los mejores deseos con el sonido cristalino de nuestras copas y con el deseo ferviente de que sea verdad.
En esos laberintos de afectos que son la familia, o los amigos que son familia o simplemente alguien con quien te tocó vivir ese momento y ese día, hemos brindado creyendo en cosas imposibles. Borrando los límites a nuestra realidad, atravesando las fronteras de la verdad y vivir, siempre vivir.
Leí el otro día una frase del poeta Leopoldo María Panero que dice "en la infancia vivimos y después sobrevivimos". Por eso siempre vuelvo a la infancia, la mía, la de mis hijos y ahora las de mis nietas donde nos sentimos felices, recordando y viviendo todos los sentimientos guardados.
Cuando hundíamos nuestros rostros en sus cuellitos, respirando sus alientos infantiles, arropando y velando sus sueños, sintiendo el calor corporal de sus cuerpitos, calmando sus llantos, dibujando un halo de protección sobre ellos, defendiendo sus carencias, sufriendo sus dolores pequeños, viviendo su vida temprana en nuestros brazos, soñando sus futuros y los nuestros junto a ellos, sabiendo que desde que nacieron ya existía un hueco en nuestros corazones, en nuestras vidas, llegaron sin pedir permiso, pero se hicieron dueños de ellas.
Un bebe te trae la felicidad impresa en su piel, y el recuerdo de los que no están, pero que los ven desde el cielo, un lugar donde todos juntos festejan la unión de los lazos, da igual desde el lugar donde vengas, da igual desde el lugar que te tocó vivir, donde solo tus brazos sean la protección que no te arrebatan, porque estos sentimientos no tienen fronteras, no tienen ideología, no entienden de odios, no entienden de razas, ni de guerras, no entienden nada más que de amor, de protección, de necesidades, de cobijo, de cuidados y de vida.
Y en ese brindis de copas cristalinas dimos gracias por estar, a pesar de cómo se esté, sabiendo que nuestro único patrimonio son ellos, tus hijos, propios o no, sigue habiendo un arrullo que les damos, que les dimos, ser padres es algo tan grande que brilla y que duele y que solo nos importa su felicidad eterna.
Hay una canción de Jorge Drexler, “Duermevela” que dice:
“toda duermevela huele a tu regazo, tu abrazo acunándome. / El tiempo en mi oído, donde tu latido sigue refugiándose”
Pues eso…