Lo que nos recuerda el accidente de Adamuz
Firma de Opinión del empresario Alfredo Romeo

Lo que nos recuerda el accidente de Adamuz. Alfredo Romeo
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Córdoba
El accidente de Adamuz no es solo el mayor accidente ferroviario en la historia de Córdoba desde la llegada en 1859 del tren, sino que es además un recordatorio incómodo: el último accidente ferroviario con fallecidos sucedió hace 72 años.
La provincia de Córdoba, durante la primera mitad del siglo XX fue escenario de numerosos accidentes ferroviarios: Obejo en 1900, Baena en 1903, Cerro Muriano en 1920, El Vacar en 1932, Bélmez en 1939 o Puente Genil en 1954. Décadas duras, de infraestructuras precarias y de un país que aprendía a golpes. Luego dejaron de producirse accidentes
Pero no fue casual. Fue el resultado de políticas que pusieron el foco en lo esencial: mantenimiento, inversión constante, vigilancia técnica, etc. aburrimiento administrativo.
El bienestar que hoy damos por sentado no nació de grandes relatos, sino de miles de revisiones invisibles, de tornillos apretados a tiempo y de decisiones grueses pero cruciales.
Lo ocurrido en Adamuz nos habla de algo más profundo que un fallo puntual. Es síntoma de un declive civilizatorio sutil: hemos aprendido a cuidar la apariencia del bienestar, pero hemos relegado el cuidado de los sistemas que lo sostienen. Preferimos la ilusión al mantenimiento, el anuncio a la inspección, la novedad al oficio.
Las infraestructuras no se conservan solas. No entienden de ciclos políticos ni de modas. O se les dedica tiempo, recursos y atención… o un día fallan. Y cuando lo hacen, no avisan con discursos, sino con consecuencias.




