Los Alcornocales, la última selva de Europa, resiste el invierno gracias a las lluvias
Fornell: "El corcho y la ganadería sostienen la vida en los municipios del Parque Natural de los Alcornocales"

Nuestro Parque de Los Alcornocales, nuestra joya
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Algeciras
El Parque Natural de los Alcornocales, uno de los espacios protegidos más extensos y valiosos de Andalucía y del sur de Europa, atraviesa el invierno en un estado “muy verde y espectacular” gracias a un régimen de lluvias continuadas que ha favorecido la recuperación de sus montes. Así lo ha señalado su director, Juan Manuel Fornell, durante una entrevista en la que ha analizado la situación actual del parque y los principales retos a los que se enfrenta.
Con más de 170.000 hectáreas repartidas entre las provincias de Cádiz y Málaga, Los Alcornocales destacan por sus densos bosques de alcornoques, su compleja orografía, la presencia de microclimas y una biodiversidad excepcional, fruto de su ubicación estratégica entre la Sierra de Cádiz y el Estrecho de Gibraltar.
Según Fornell, a diferencia de años anteriores, las precipitaciones de este invierno han sido constantes y no concentradas en episodios extremos, lo que ha permitido que el suelo absorba el agua de forma progresiva. “El campo ha podido empaparse y eso ha favorecido enormemente a la vegetación”, explicó, destacando que este hecho es clave para afrontar los cada vez más largos y secos veranos provocados por el cambio climático.
El director subrayó el carácter único y singular del parque, al que se conoce como “la última selva de Europa”, debido a la presencia de vegetación subtropical comparable a la de Madeira o las Azores. Además, recordó que Los Alcornocales no albergan simples dehesas, sino auténticos bosques de alcornoques, algo poco habitual en el continente europeo.
Desde el punto de vista ecológico, el parque juega un papel fundamental como refugio de especies de gran valor, especialmente aves rapaces y necrófagas. Alberga poblaciones relevantes de alimoche, buitre leonado y buitre negro, así como especies emblemáticas como el águila imperial o el águila pescadora, cuya reproducción natural en Andalucía se produjo por primera vez en este enclave. También destaca el corzo morisco, un ecotipo exclusivo del sur peninsular.
En el ámbito socioeconómico, Fornell recalca la importancia del parque para el mantenimiento de la actividad rural y la lucha contra la despoblación. La saca del corcho, la ganadería extensiva, los trabajos forestales y el turismo de naturaleza suponen una fuente de ingresos esencial para municipios del interior como Jimena, Castellar, Alcalá de los Gazules o Cortes de la Frontera. “Conservación y aprovechamientos tradicionales no solo son compatibles, sino que van de la mano”, afirmó.
No obstante, el parque se enfrenta a importantes amenazas. Entre ellas, el director destacó la falta de regeneración natural del bosque, provocada por el exceso de herbívoros, que impide el crecimiento de nuevos ejemplares. Aunque problemas como la lagarta peluda generan gran impacto visual, Fornel aclaró que su principal afección es económica y que el alcornoque suele recuperarse de forma natural.
La gestión del parque se apoya cada vez más en la investigación científica y la innovación tecnológica, como el uso de drones y estaciones meteorológicas avanzadas. Un ejemplo destacado es la instalación de nieblómetros en la zona de Llanos del Juncal, que han permitido comprobar que una parte significativa del agua que recibe el parque procede de la condensación de nieblas, un factor clave para explicar su verdor permanente.
En cuanto al uso público, el director animó a disfrutar del parque de forma responsable. Senderos como Llanos del Juncal, el Valle de Ojén, el Río de la Miel o las ascensiones al Picacho y al Aljibe continúan siendo algunos de los itinerarios más demandados, tanto por senderistas como por ciclistas.
Juan Manuel Fornell concluye destacando el privilegio que supone vivir y visitar un espacio natural de estas características y reiteró la importancia de seguir apostando por una gestión equilibrada que garantice la conservación del Parque Natural de los Alcornocales para las futuras generaciones.




