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“¡Abajo los consumos!”: el impuesto que encendió las revueltas populares en El Arahal

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Arahal

Rafael Martín Martín, cronista oficial de la ciudad - COMENTARIO Nº 97.

Rafael Martín - COMENTARIO Nº 97 - Impuesto

Rafael Martín - COMENTARIO Nº 97 - Impuesto

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Les habla Rafael Martín, y hoy vamos a detenernos en un asunto que forma parte de nuestra historia económica y social, pero que tuvo consecuencias muy directas en la vida cotidiana de nuestros antepasados arahalenses.

Hoy vamos a hablar del impuesto de consumos, un tributo que se implantó en España en el año 1845, durante el reinado de Isabel II, y que puede considerarse el precedente directo del actual IVA. Un impuesto que fue profundamente impopular y que provocó conflictos, protestas y auténticas revueltas populares, también aquí, en nuestra villa de El Arahal.

Contexto histórico

Para entender este impuesto, tenemos que situarnos en la España de mediados del siglo XIX.Durante el gobierno del general Narváez, se puso en marcha una de las reformas más importantes del liberalismo español: la Reforma Fiscal de 1845, impulsada por el ministro de Hacienda Alejandro Mon, conocida popularmente como la Ley Mon o reforma de Mon y Santillán.

El objetivo de esta reforma era ambicioso: crear un sistema fiscal moderno, centralizado, uniforme y, en teoría, más equitativo. Pero, sobre todo, se trataba de asegurar la financiación del nuevo Estado liberal, que necesitaba recursos para sostener la educación, la sanidad, la justicia, las obras públicas y la administración en general.

España salía además de una etapa muy complicada, marcada por las guerras carlistas y una situación económica delicada. Sin una base fiscal sólida, el nuevo Estado corría el riesgo de fracasar.

Un nuevo sistema de impuestos

Con esta reforma se abandonaban los viejos impuestos del Antiguo Régimen, como los diezmos o las alcabalas, y se establecía un sistema basado en dos grandes tipos de tributos:

Por un lado, los impuestos directos, como la contribución territorial —que gravaba la propiedad de la tierra y los inmuebles— o la contribución industrial y de comercio, que afectaba a actividades como la industria, el comercio, el transporte o las profesiones liberales.

Y por otro, los impuestos indirectos, que gravaban el consumo y las transacciones. Eran más fáciles de recaudar, pero también mucho más injustos socialmente, porque afectaban por igual a ricos y pobres.

Entre estos impuestos indirectos aparece el protagonista de hoy: el impuesto de consumos-

¿Qué era el impuesto de consumos?

El impuesto de consumos gravaba productos de primera necesidad, aquellos que se consumían a diario: vino, aceite, carne, tocino, pescado, aguardiente, jabón…

No se pagaba según la renta, sino según lo que se consumía. Y eso lo convertía en un impuesto claramente regresivo, que golpeaba con especial dureza a las clases populares.

No es casualidad que este tributo se convirtiera en uno de los más odiados del siglo XIX, generando motines, huelgas, asaltos a los llamados fielatos y manifestaciones al grito de:“¡Abajo los consumos!”

Portada del libro de Roig Bergadá, una contribución a la supresión del citado impuesto, reflejando como título la tan mencionada expresión popular de “Abajo los consumos”

Portada del libro de Roig Bergadá, una contribución a la supresión del citado impuesto, reflejando como título la tan mencionada expresión popular de “Abajo los consumos”

Portada del libro de Roig Bergadá, una contribución a la supresión del citado impuesto, reflejando como título la tan mencionada expresión popular de “Abajo los consumos”

Portada del libro de Roig Bergadá, una contribución a la supresión del citado impuesto, reflejando como título la tan mencionada expresión popular de “Abajo los consumos”

Rechazo social y conflicto

La recaudación se realizaba en las entradas de pueblos y ciudades, en unas pequeñas aduanas interiores conocidas como fielatos. Cada carro, cada mercancía que entraba, debía pagar.

Esto generaba una sensación constante de vigilancia, abuso y humillación, especialmente en épocas de crisis, malas cosechas o carestía del pan.

El impuesto de consumos acabó convirtiéndose en un símbolo del sufrimiento del pueblo llano y de la distancia entre el Estado liberal y las clases trabajadoras.

El impuesto de consumos en El Arahal

¿Y cómo afectó todo esto a nuestra localidad?

Según la normativa publicada en la Gaceta de Madrid de 16 de junio de 1845, las poblaciones se dividían en ocho categorías según su número de vecinos.El Arahal estaba incluida en la categoría tercera, correspondiente a municipios de entre 1.201 y 2.400 vecinos.

A cada categoría se le asignaba una cantidad fija de impuesto, calculada en función del consumo estimado de determinados productos. Por ejemplo, en el año 1868, según el acta municipal de 22 de junio, a El Arahal le correspondía pagar un mínimo de 8.050 escudos, es decir, 80.050 reales.Y eso no era todo.

Recargos y presión fiscal

El Ayuntamiento tenía además la posibilidad de aplicar un recargo adicional, que podía oscilar entre un 50% y hasta un 100% del impuesto, para equilibrar el presupuesto municipal.

Es decir, el peso del impuesto recaía doblemente sobre el vecindario: por el Estado y por el propio Ayuntamiento.

Recaudación del impuesto de consumo en Arahal. Foto de A. Pereira, modificada por I.A.

Recaudación del impuesto de consumo en Arahal. Foto de A. Pereira, modificada por I.A.

Recaudación del impuesto de consumo en Arahal. Foto de A. Pereira, modificada por I.A.

Recaudación del impuesto de consumo en Arahal. Foto de A. Pereira, modificada por I.A.

En El Arahal, debido a la gran cantidad de accesos al municipio y para facilitar el acceso de los vecinos, los fielatos, que al principio estuvieron ubicados en la que hoy es la Venta y en el final de la calle Marchena, fueron sustituidos. En su lugar, el Ayuntamiento arrendó una casa en la calle Serrano, donde los recaudadores cobraban el impuesto directamente a los vecinos.

Productos gravados

El impuesto se aplicaba sobre casi todo lo esencial: vino, aceite, alcoholes, jabón, carnes, tocino, embutidos, incluso productos para alumbrado como el petróleo.

Para que nos hagamos una idea, el impuesto suponía entre un 10% y un 20% del precio del producto, porcentajes muy superiores al IVA actual en alimentos básicos.

Un auténtico golpe al bolsillo de las familias trabajadoras.

En este cuadro se puede observar aquello que se ha comentado anteriormente, lo que supuso de gravamen este impuesto sobre productos de primera necesidad.

ProductoImpuesto (Real /Kg)Precio aprox. (Real /Kg)% del precio
Carne (vaca, buey)0,302,512%
Tocino0.432,220%
Embutidos/jamón0,573,516%
Vino0,19119%
Aceite0,353,69% a 10%

Protestas y conflictos en la villa

No es de extrañar que El Arahal mantuviera continuas protestas desde mediados del siglo XIX. Aunque la epidemia de cólera de los años 50 paralizó momentáneamente estas manifestaciones, el malestar seguía latente.

De hecho, este impuesto fue una de las causas que explican la participación de muchos arahalenses en los graves sucesos de 1857, la primera gran revolución local.

Las protestas continuaron y, en septiembre de 1868, siguiendo el ejemplo de Sevilla, El Arahal suspendió el impuesto de consumos, sumándose a la llamada sublevación de septiembre. Fue un acto pionero y muy significativo.

Del impuesto de consumos al impuesto personal

Tras la Revolución de 1868, el ministro de Hacienda Figuerola suprimió el impuesto de consumos y lo sustituyó por el impuesto personal o de capitación, que afectaba a los vecinos mayores de catorce años.

Pero esta medida resultó injusta, ineficaz y generó aún más conflictos.Durante el Sexenio Democrático, la vida municipal en El Arahal quedó prácticamente paralizada. Solo en 1873 hubo siete alcaldes distintos, con asaltos al Ayuntamiento y graves desórdenes públicos.

La escasa capacidad técnica para gestionar y hacer cumplir el impuesto personal, junto con la fuerte resistencia de las élites locales, provocó que este tributo no se aplicara con rigor durante un largo periodo de tiempo.

Al mismo tiempo, el impago del impuesto personal generó un profundo desorden en las economías municipales, dando lugar a importantes déficits en los presupuestos locales. Esta situación tuvo que ser afrontada por los primeros ayuntamientos del periodo de la Restauración, cuyos años iniciales resultaron especialmente difíciles. En algunos casos, fue necesario mantener reuniones con la Administración provincial para acordar la forma de llevar a cabo la recaudación del impuesto, llegando incluso a requerir el apoyo de la Guardia Civil con el fin de restablecer el orden y garantizar el cobro del mismo.

Finalmente, en 1874, se restauró el impuesto de consumos, ampliándolo incluso a productos como el pan, la harina y la sal, lo que agravó aún más el descontento popular.

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Recreación de una manifestación pr. XX sobre el impuesto de consumo. Foto de A. Pereiera con modificación de I.A.

Final del impuesto

El impuesto de consumos no desaparecería definitivamente hasta 1914, aunque ya en 1906 se habían excluido algunos alimentos básicos, reconociendo su enorme impacto social.

En definitiva, el impuesto de consumos fue para El Arahal una solución fiscal necesaria, pero profundamente impopular.

Garantizó ingresos municipales, sí, pero a costa de incrementar el malestar social, las protestas y los enfrentamientos, reflejo de las profundas desigualdades de la época.

Una historia que nos ayuda a comprender mejor nuestro pasado… y también el presente.

Sonia Camacho

Sonia Camacho

Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...

 

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