La perversa autoayuda
Firma de Opinión José Carlos Ruiz, filósofo y colaborador de La Ventana

La perversa autoayuda. José Carlos Ruiz
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Córdoba
No es una historia singular, ni tan siquiera reseñable, pero a veces, un detalle inadvertido, una decisión rutinaria, cambia el devenir de una vida. Seguro que les suena. Escoger el tren de las 18:00 en lugar de elegir el de 17:57. Tres minutos de diferencia certifican la brevedad de la vida.
Olvidamos que la fragilidad es consustancial a esa vida. A cualquier vida. Sabemos que es una posibilidad abierta de daño, pero olvidamos que también es una apertura a la delicadeza, a la ternura, al cuidado.
A pesar de ello, cada vez que la fragilidad hace acto de presencia, es para aliarse con el sufrimiento. Y no me extraña. Cuando el espacio público se construye sobre la competencia, sobre el éxito individual o sobre el rendimiento, la fragilidad aparece como una grieta, como una debilidad.
Por eso va siendo hora de reclamar su lado más amable y señalar que el amor y la confianza amplían muestra fragilidad a la vez que mejoran nuestro mundo. Y que una sociedad madura es aquella que sabe institucionalizar el cuidado, y proteger a quienes no pueden protegerse solos.
Porque cuando la fragilidad se privatiza, el sufrimiento se vive como un fracaso personal, al tiempo que las estanterías de autoayuda no dejan de crecer.
Pocas palabras son tan perversas y crueles como autoayuda.
Pero por suerte, el mundo está lleno de ejemplos que la refutan. Al pueblo de Adamuz me remito.
Feliz lunes
José Carlos Ruiz




