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Opinión

Luz de enero y humana dulzura

La opinión de Lola Fernández

26.01.26 Lola Fernández

Morón de la Frontera

A veces, cuando amanece un nuevo día y tu despertar te abre a la vida, sin más y con mucho, siempre hay alguien que te dice ¡buenos días!, hay un beso, un abrazo y una humana dulzura.

Enero trae recuerdos imborrables, recuerdos que duelen como la más terrible noche oscura, rompiéndola sin arrullos, ni cobijos, y aunque a veces hay dolor impreso en la mirada que trasmite el corazón, hay otras que nos serenan, que saben acompañar más que ser acompañados, hay abrazos que viene solos y a pesar de sus escalofríos, tú los recibes también temblando, porque el dolor exige que recordemos aquellos días de enero, que, como un resorte, estallan de nuevo.

No existe fortaleza en la fragilidad, existe un amor inmenso que va curando, si se pueden curar las heridas marcadas a fuego en el corazón, existe compasión y existen personas valientes que dan lo que tienen, socorriendo en los peores momentos, olvidándose de ellos mismos para salvar las vidas de los desconocidos o cogiéndoles las manos hasta decir adiós con la levedad del ser.

Y aunque el egoísmo y la insignificancia imperen en este mundo, inhumano y desertor de los sentimientos más básicos, siempre hay alguien que encendió una luz para enseñarles el camino a los que están entre tinieblas, amor para dejarse querer y querer al que está al lado, porque sabemos que en el dolor y el amor siempre somos uno.

Se apagó la luz de nuevo en enero, se fueron amigos a los que nunca, nunca olvidaremos. Ya han pasado muchos días y van pasando años y la vida castigó a los más allegados a continuar, porque la vida continua y siempre amanece con esta luz desde aquel día, lúgubre.

Sé que hoy no me mandaras un mensaje de wasap para decirme lo que te ha gustado este comentario, pero siento que desde arriba apruebas estas tristes palabras, aunque cargadas de dolor, sé que tienes una compañía materna y eterna y unos jóvenes que sonríen siempre, como lo hacías tú.

Enero también tiene a un gran amigo que ha viajado hacia el cielo de sus plegarias y las nuestras, también nos ha dejado vacíos y con el encargo de aliviar el dolor, de nuevo, de los que aquí estamos.

Como la ausencia y partida del maestro eterno y su sabiduría, ha volado alto para seguir enseñando la palabra a los que allí estudian.

Los mapas de estos días los estamos dibujando con trazos ilegibles, con trazos de lágrimas para adentro, sorbernos la pena del dolor ajeno y acompañar de nuevo en la lejanía a aquellos que se sumieron en la noche oscura.

Y este enero frio y gélido, nos deja pensando en una humana, esperanzadora y triste dulzura, como dicen las palabras del poeta libanes Khalil Gibran.

“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.”