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Raíces asfixiadas y clima extremo: la combinación que está tumbando árboles en Málaga

Raíces asfixiadas y clima extremo: la combinación que está tumbando árboles en Málaga

Málaga

El cierre preventivo de una veintena de parques en Málaga capital, por la alerta de viento tras las últimas borrascas y las caídas de árboles de gran porte en distintos puntos de la ciudad y la provincia, ha vuelto a situar en el centro del debate la seguridad del arbolado urbano. En las últimas semanas, coincidiendo con varios temporales, la preocupación entre los vecinos ha aumentado tras el episodio más grave, ocurrido en Torremolinos, donde una mujer falleció al ser alcanzada por una palmera derribada por el temporal.

La semana pasada un árbol de 15 metros volcó junto al colegio Eduardo Ocón, en Huelin, y otro ficus cayó en el paseo marítimo Antonio Machado. Episodios similares se han repetido en distintos puntos de la provincia. La pregunta es inevitable: ¿es normal que árboles adultos caigan con tanta frecuencia?

Según Enrique Salvo Tierra, director de la Cátedra de Cambio Climático de la Universidad de Málaga, la respuesta es clara: No estamos ante una percepción exagerada, sino ante un problema real y estructural”.

Salvo Tierra explica que el cambio climático está intensificando los episodios meteorológicos extremos. Periodos prolongados de sequía y calor extremo, seguidos de lluvias intensas y rachas de viento superiores a los 50 kilómetros por hora, generan lo que define como una “tormenta perfecta” para el arbolado urbano. "Hasta hace poco, la probabilidad de que un árbol cayera sobre una persona era menor que la de ser alcanzado por un rayo. Ese umbral ya se ha superado" Advierte.

Y es que la causa principal no está en la copa del árbol, sino bajo tierra según este experto. La parte más importante del árbol está en las raíces, y ahí es donde estamos fallando”, subraya. La reducción progresiva del tamaño de los alcorques, la compactación del suelo y la falta de aireación y agua han provocado que muchos árboles urbanos hayan perdido capacidad de anclaje.

Una ciudad subterránea que compite con las raíces

En Málaga hay registrados cerca de 112.000 árboles urbanos, de los cuales unos 105.000 están gestionados directamente por el Ayuntamiento. Bajo ellos, sin embargo, existe otra ciudad: canalizaciones, cables y tuberías que compiten por el espacio y limitan el desarrollo radicular.

Aunque Málaga cuenta con un presupuesto anual de más de 18 millones de euros para mantenimiento de zonas verdes, Salvo Tierra insiste en que el problema no es solo de mantenimiento, sino de diseño urbano acumulado durante décadas. "Las zonas más vulnerables coinciden con desarrollos urbanísticos de los años 70, con calles estrechas donde los árboles crecieron sin espacio suficiente, generando desequilibrios estructurales que hoy se traducen en riesgo" asegura el profesor.

Ficus, palmeras y errores del pasado

El ficus es una de las especies más afectadas por estos episodios según detalla. Aunque es un árbol robusto, necesita espacio para desarrollar raíces aéreas que refuercen su estabilidad, algo incompatible con muchos entornos urbanos actuales. En el caso de las palmeras, cuya caída no es habitual pese a alcanzar hasta 60 metros de altura, el problema vuelve a ser el mismo: alcorques mínimos y suelos asfixiados. “Sin raíces sanas no hay anclaje, y sin anclaje no hay seguridad”, resume el experto.

Desde la Cátedra de Cambio Climático de la UMA, en colaboración con el Ayuntamiento, ya se ha elaborado un mapa de riesgo del arbolado urbano y un estudio de islas de calor, que señala especialmente a barrios con menor renta per cápita como los más afectados por la falta de sombra y vegetación.

El siguiente paso pasa por rediseñar el arbolado de la ciudad según relata Salvo Tierra: ampliar y modernizar alcorques, usar suelos filtrantes, elegir especies adaptadas al clima futuro y crear corredores bioclimáticos. Málaga ya trabaja con el concepto de “ciudades gemelas climáticas”, tomando como referencia otras lugares para anticipar cómo será el clima local dentro de 50 años.

El mensaje final es claro y poco tranquilizador: "los episodios extremos no se pueden evitar y serán cada vez más intensos. La única defensa posible es la prevención, la planificación y, sobre todo, la prudencia ciudadana en momentos de alerta" explica desde esta Cátedra universitaria.