El ejemplo andaluz ante las emergencias
En Andalucía hemos dado ejemplo ante fuertes temporales como los de esta semana o ante una tragedia como el accidente ferroviario de Adamuz
La Columna de Javier Alonso (04/02/26)
Sevilla
Las inundaciones de la Dana de Valencia y los incendios del pasado verano en Castilla y León nos han mostrado cómo no se debe actuar ante una situación de emergencia. Desde entonces valoramos mucho más cuando en un territorio las administraciones tienen equipos preparados, protocolos ágiles, liderazgos consolidados y capacidad de trabajar de forma conjunta y coordinada.
Cuando uno piensa en Mazón escondido en un bar sin coger el teléfono, cobra mucha más relevancia la imagen de un presidente y un consejero autonómico dando la cara sobre el terreno en permanente diálogo con los ministros o el delegado del Gobierno. Sin entrar en polémicas ni enfrentamientos estériles.
En Andalucía hemos dado ejemplo ante fuertes temporales como los de esta semana o ante una tragedia como el accidente ferroviario de Adamuz.
Esa capacidad de respuesta de los servicios de emergencia ante situaciones críticas es la que concede la credibilidad y la confianza para que la población respete cualquier medida preventiva por drástica que pueda parecer. Ante administraciones que funcionan de forma conjunta y coordinada en un territorio, como ocurre en Andalucía, no cabe cuestionar que se suspendan clases o se recomiende evitar el trabajo presencial como ocurre este miércoles.
Pero aún así, nos queda mucho por hacer. Andalucía ha demostrado que puede hacer frente a una emergencia con solvencia pero nos falta una planificación a medio y largo plazo para reducir peligros evidentes.
El cambio climático nos obliga a adaptar nuestra comunidad a tormentas con fuertes e intensas precipitaciones; a temperaturas cada vez más altas en verano y, cada cierto tiempo, a etapas de largas sequías.
Eso requiere de inversiones en infraestructuras para hacer frente a posibles inundaciones y para almacenar más agua. Pero también hay que repensar los paseos marítimos, las construcciones en el litoral o los barrios en zonas inundables. Nuestras ciudades y zonas forestales deben prepararse para esta realidad inevitable.
Algunas de estas medidas no dan votos. Incluso puede que a corto plazo los quiten. Pero son imprescindibles para garantizar la seguridad de la población y, a medio plazo, serán grandes argumentos para que se recupere la debilitada confianza en el sistema público.