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La "Desbandá" sigue reclamando su lugar en la memoria colectiva y alerta ante los negacionistas

Se cumplen 89 años de la huida y masacre de miles de personas por la carretera de Málaga a Almería por las tropas sublevadas

La "Desbandá" sigue reclamando su lugar en la memoria colectiva

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Málaga

El éxodo de miles de civiles por la carretera Málaga‑Almería en febrero de 1937 ha seguido ocupando un lugar central en la memoria colectiva.

Los actos conmemorativos, los avances en el reconocimiento institucional y los relatos transmitidos de muchas familias han mantenido vivo un episodio que se ha consolidado como uno de los más graves sufridos por población civil durante la Guerra Civil española.

Entre el 6 y el 8 de febrero de 1937, miles de personas han iniciado la huida por la N‑340. Mujeres, niños y ancianos han formado una columna que ha superado las 120.000 personas y que ha quedado atrapada entre el Mediterráneo y la sierra, sin refugio, sin protección y bajo el avance de las tropas sublevadas. A lo largo de la carretera, quienes escapaban han sufrido ataques desde todas las direcciones: fuego naval, bombardeos aéreos y disparos desde tierra.

El avance militar hacia Málaga ha provocado semanas antes una llegada masiva de refugiados a la capital y un incremento constante de los bombardeos. La presión culminó el 7 de febrero, cuando se ha producido la salida masiva, y el 8 de febrero se ha confirmado la caída de la ciudad. Los cruceros Canarias, Baleares y Almirante Cervera han disparado desde el mar; la aviación italiana y la Legión Cóndor han bombardeado la vía; y las tropas terrestres han rematado a quienes no lograban continuar.

Las cifras exactas de víctimas siguen siendo objeto de estudio. Las estimaciones más citadas sitúan entre 3.000 y 5.000 las personas fallecidas como consecuencia directa de los ataques, una cifra que también ha sido asumida en comunicaciones oficiales recientes. Durante décadas, estos hechos han quedado ocultos bajo el silencio impuesto por la dictadura. La recuperación de la memoria ha avanzado gracias al trabajo de asociaciones memorialistas, investigaciones locales y la recopilación de testimonios.

Uno de los espacios que ha simbolizado esa represión posterior es el Cementerio de San Rafael, donde fueron enterradas muchas personas que, tras sobrevivir a la huida, han regresado a Málaga confiando en mensajes que prometían seguridad a quienes “no tuvieran las manos manchadas de sangre”. Rafael Molina, presidente de la Asociación de Memoria Histórica, recuerda que “uno de los delitos era haber participado en la huida. En los juicios sumarísimos no aparecen delitos de sangre, solo la acusación de rebelión militar”.

Los testimonios familiares han aportado una dimensión humana que no aparece en las cifras. Pedro Toledo, hijo de una mujer que recorrió la carretera con 14 años, relata que su madre le ha descrito los ametrallamientos, el sonido de los aviones y el pánico que se extendía entre quienes intentaban refugiarse bajo la carretera. También ha recordado episodios de hambre, separaciones y largas jornadas sin descanso.

En los últimos años se han registrado avances en el reconocimiento institucional. En febrero de 2025, el Gobierno ha declarado oficialmente el “Éxodo, persecución y masacre de la población civil entre Málaga y Almería en febrero de 1937” como Lugar de Memoria Democrática, con tramos señalizados en Málaga, la costa granadina y Almería. Esta declaración ha obligado a las administraciones a conservar y difundir lo ocurrido e integrarlo en el inventario estatal.

Con motivo del 89 aniversario, la Subdelegación del Gobierno en Málaga ha presentado un programa de actos con conferencias, homenajes y marchas conmemorativas. Molina insiste en que “la memoria no es solo el pasado, es el futuro. Si perdemos nuestra historia, perdemos las claves para entender lo que ocurre hoy”.

Los colectivos memorialistas continúan instalando hitos, paneles informativos y desarrollando actividades educativas. “Hay que hacer mucha didáctica, especialmente con la gente joven”, advierte Molina, preocupado por el auge del negacionismo y por la superficialidad con la que muchas personas consumen información histórica. Mientras tanto, actos como la ofrenda floral en el Peñón del Cuervo y la presencia de varias generaciones de familias han mantenido viva una memoria que, casi nueve décadas después, sigue reclamando verdad, reparación y justicia.

 

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