Rafael Pérez López, catedrático de la UHU: “La contaminación no necesita temporales, las balsas y los residuos mineros vierten incluso con tiempo estable”
Las balsas de fosfoyesos siguen filtrando residuos y aumentan su aporte contaminante con las lluvias. Y también las antiguas instalaciones mineras siguen siendo un riesgo permanente y, en episodios de precipitación, multiplican la carga contaminante que llega al estuario
Imagen aérea de las balsas de fosfoyesos (Huelva)
Huelva
El aumento de las precipitaciones vuelve a poner el foco sobre el estado de las balsas de fosfoyesos y sobre las numerosas instalaciones mineras abandonadas en la provincia de Huelva. Según explica a la SER el catedrático Rafael Pérez López, director del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Huelva, no es necesario un temporal extremo para que se produzca contaminación: las balsas —activas o no— y los residuos mineros generan vertidos incluso en condiciones de estabilidad meteorológica.
Pérez López detalla que la Balsa 3 de fosfoyesos tiene dos vías principales de entrada de agua: Las precipitaciones, que se infiltran rápidamente a través de canales de disolución creados en el propio material. Y el agua del estuario, que penetra en la balsa a través de canales mareales secundarios existentes bajo las marismas.
Cuando llueve con intensidad, esa recarga es inmediata y provoca un aumento de las filtraciones y de las salidas de borde hacia la ría, incrementando así la llegada de contaminantes al estuario. “Sabemos que la balsa recoge toda el agua de lluvia y que, cuando esto ocurre, aumentan sus filtraciones y, por tanto, la contaminación que llega al estuario”, señala el investigador.
El catedrático subraya que el fenómeno más preocupante no son los episodios puntuales de desbordamiento —de los que solo consta uno—, sino las filtraciones continuas que se producen incluso en periodos secos debido al intercambio con el agua mareal. Ese flujo, explica,“lava la contaminación del interior y la devuelve al estuario”.
El experto distingue entre instalaciones en uso —que cuentan con programas de vigilancia y control— y las decenas de explotaciones abandonadas repartidas por la provincia. Son estas últimas las que suponen el mayor riesgo ambiental, sobre todo durante episodios de lluvia intensa.
Los residuos mineros expuestos generan aguas ácidas de mina, que llegan de manera natural a los ríos Tinto y Odiel y, finalmente, a la ría. Cuando llueve, el caudal aumenta, se produce un “mayor lavado” y el aporte de metales tóxicos al estuario se dispara. Pérez López recuerda el vertido de La Zarza en 2017, cuando una galería taponada cedió por el simple llenado con agua de lluvia y liberó una gran cantidad de aguas ácidas al río Odiel. “Ese accidente se produjo en una instalación abandonada, y fue un desastre ambiental importante”.
Los datos que maneja el equipo investigador son contundentes: El 60% del zinc que llega a los océanos de todo el mundo procede de los ríos Tinto y Odiel. Y también aportan el 17% del cobre que llega a mares y océanos a escala planetaria. “Esto demuestra la magnitud de la contaminación asociada a la actividad minera histórica en la provincia de Huelva”, advierte el catedrático.
El investigador insiste en que no se puede perder de vista ningún foco: Las balsas de fosfoyesos siguen generando filtraciones y pueden incrementar sus aportes contaminantes en episodios de lluvia. Y que las instalaciones mineras abandonadas constituyen un riesgo permanente y, en momentos de precipitación, multiplican la carga contaminante que llega al estuario.
Ana Gil
Periodista de la Cadena SER con más de 20 años...Periodista de la Cadena SER con más de 20 años al frente de "Hoy por Hoy" en @Radio Huelva. Estudió Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos de Fuenlabrada (Madrid). Onubense apasionada de la radio. Los oyentes siempre lo primero. "La radio es verdaderamente mágica, lo vivo cada día".