Donde el cauce no olvida
Firma de Opinión de Sara Carrillo, maestra de Pedagogía Terapéutica y voluntaria social en Las Palmeras

Donde el cauce no olvida. Sara Carrillo
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Córdoba
¿Cómo se reconstruye la esperanza cuando el hogar se convierte en una balsa a la deriva? Córdoba ha vivido una semana de angustia que se resume en una cifra estremecedora: más de 800 familias desalojadas en toda la provincia. Las inundaciones en las barriadas de Córdoba nos dejan una imagen desoladora que va más allá del barro. Detrás de cada puerta cerrada a toda prisa por el avance del agua, no hay solo una infracción urbanística, sino el proyecto de vida de miles de personas que hoy se sienten náufragos en su propia tierra.
Esto no es nada nuevo, en 2010 volvió a vivirse una situación similar. Se habla con ligereza de la ilegalidad de las viviendas, pero se olvida la desprotección de quienes las habitan. Esas familias han vivido años en un vacío consentido por una administración que calló mientras el cemento avanzaba, y que ahora solo aparece para ordenar la salida. El drama no es solo la lluvia; es el desamparo de verse expulsado de casa sin saber si, al bajar el nivel del río, quedará algo a lo que regresar o si el sistema volverá a mirar hacia otro lado.
En medio del caos, han sido los equipos de rescate que doblan turnos en condiciones extremas y la solidaridad vecinal, con sus manos anónimas que ayudan a salvar lo poco que queda, la única infraestructura que no ha fallado.
No podemos señalar a quienes solo buscaron un techo mientras ignoramos la falta de alternativas reales. La verdadera catástrofe no es que el Guadalquivir desborde sus márgenes, sino que nuestra sociedad permita que cientos de familias vivan entre el lodo y el desalojo.




