Córdoba, con el agua al cuello
Firma de Opinión de José María Vázquez Teja, arquitecto técnico, master en ciudad y urbanismo

Córdoba con el agua al cuello. José María Vázquez Teja
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Córdoba
Cada episodio repetido intensas precipitaciones en Córdoba confirma lo que desde el urbanismo y la planificación territorial se advierte: las inundaciones no son un fenómeno excepcional, sino el síntoma de un modelo fallido que no tiene en cuenta la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos. La ciencia no es infalible pero es lo que nos cuenta la ciencia sin entrar en las causas de una situación climatológica que se constata que es adversa. Nuestro modelo social urbano sigue ignorado deliberadamente la lógica del territorio, la dinámica fluvial y la planificación de cuenca ante esta situación.
Las parcelaciones ilegales en zonas inundables del entorno del Guadalquivir no son solo un problema de legalidad urbanística. Son, sobre todo, el resultado de una ausencia prolongada de disciplina territorial y de una lectura errónea del suelo como mero soporte edificable, y no como sistema vivo con riesgos naturales asociados. Permitir construir en la llanura de inundación equivale a negar el funcionamiento básico del río. Cuando el agua vuelve, no invade: ocupa el espacio que nunca dejó de ser suyo.
Desde una visión hidrológica, la cuenca del Guadalquivir evidencia un déficit de planificación preventiva frente a crecidas y avenidas. No existe infraestructura de laminación, y la recuperación de zonas de inundación natural no existe o como en nuestro caso se invade con construcciones que no deberían estar ahí, las riberas así se degradan víctimas de la ocupación sistemática del dominio público hidráulico reduciendo la capacidad del sistema para absorber episodios de lluvia intensa, salvo a pie de nuestras viviendas.
Se ha optado por gestionar la emergencia en lugar del riesgo. Se actúa cuando el agua entra en las viviendas, no cuando aún puede evitarse. Y esa lógica es profundamente ineficiente, costosa e injusta. ¿O es más barato indemnizar y reparar recurrentemente?
Las soluciones son reales y son conocidas: restauración fluvial, recuperación de vegas inundables, limitación estricta de usos en zonas de riesgo, planificación urbanística coherente con la cartografía de inundabilidad y una política de cuenca que priorice la prevención ante la reacción. Córdoba no necesita resignarse a las inundaciones; necesita planificación, rigor técnico y voluntad política para convivir con su río y con las evidencias científicas.
Como nos recuerda la catedrática Polo una zona inundable seguirá siendo zona inundable, levantamos un muro faraónico si entendemos que ese territorio es ciudad lo que no parece hoy día viable, o desocupamos la zona inundable. ¿quién se atrevería a eso? Pero tendremos que ponernos de acuerdo en algo y que no nos llegue el agua al cuello una vez y otra vez y otra.

José María Vázquez
Experto en urbanismo.




