Bajo la Misericordia y la ciencia: la historia de un niño frente al cáncer


Dicen que el Cristo de la Misericordia siempre ha estado ahí. No mira al cielo. Inclina la cabeza hacia abajo, como si buscara aliento en medio de un dolor contenido.
Y en esta historia, esa imagen no está en la iglesia. Está sobre una cama de hospital.
El 15 de febrero se recuerda el Día Internacional del Cáncer Infantil. Cada año, alrededor de 400.000 niños en el mundo reciben un diagnóstico de cáncer. En España, más de 1.300 familias escuchan esa palabra por primera vez. La medicina ha logrado que más del 80% de los pequeños se curen en países con tratamiento avanzado. Pero cuando la enfermedad entra en casa, los porcentajes no consuelan.
Es una lotería. Y cuando toca, la vida se parte en dos.
En esta historia hay un niño. De tardes largas, bicicleta y campo. Una mañana llamó su pediatra para que lo sacaran del colegio. Y ese mismo día llegó el diagnóstico: leucemia mieloide. Una forma menos frecuente de este tipo de cáncer y, en algunos casos, más agresiva. Hospital. Pruebas. Quimioterapia.


Llegó un primer trasplante de médula gracias a una donante alemana. Una desconocida que decidió hacerse donante sin saber que un niño, a miles de kilómetros, la necesitaría. Parecía que el camino estaba despejado.
Un año después del primer diagnóstico, la leucemia volvió. Justo seis meses después del trasplante. Regresó con más fuerza.
Los médicos hablaron: había un ensayo clínico en Madrid. No era una garantía, era una oportunidad. De la mañana a la tarde, sus padres hicieron una maleta con tan sólo un par de cosas, no había tiempo que perder. Cerraron su casa. Cogieron el coche rumbo a Madrid sabiendo que no volverían en mucho tiempo.
El hospital fue su nueva dirección.
En el primer ingreso, en el sur, hubo voluntarios que llenaron pasillos de risa. Gente de AVOI que recordaban que la infancia no desaparece del todo, ni siquiera en una planta de oncología.


En Madrid, el día a día de un verano eterno fue más silencioso. Pero hubo manos firmes sosteniendo a la familia. La Fundación Aladina, Juegaterapia y la Fundación Infantil Ronald McDonald ayudaron con alojamiento, apoyo emocional y espacios donde respirar fuera del hospital.
Y sobre la cama del niño, durante meses, estuvo una de las tres potencias del Señor de Arahal. La Hermandad de la Misericordia de Arahal la cedió para acompañarlo. No como amuleto. Como presencia. Como símbolo de resistencia.


Mientras tanto, la ciencia trabajaba.
La leucemia mieloide necesita investigación constante. Nuevas terapias celulares, nuevos fármacos, ensayos clínicos que solo existen si hay financiación. En España, entidades como CRIS contra el cáncer impulsan investigación específica en cáncer infantil y en leucemias complejas. Sus proyectos permiten que hospitales desarrollen tratamientos innovadores y que niños sin opciones estándar puedan acceder a nuevas terapias.
Investigar cuesta dinero. Y salva vidas.
Donar a la investigación no es un gesto simbólico. Es financiar horas de laboratorio, ensayos clínicos, equipos médicos. Es acercar el día en que el 80% sea 90%, y después 100%.
También hacen falta donantes de médula. Porque la compatibilidad es cuestión de genética. Donar médula, en la mayoría de los casos, es un proceso similar a una donación de sangre especializada. Sencillo para quien dona. Vital para quien espera.
Después del ensayo clínico llegó un segundo trasplante.
Y esta vez, funcionó.


Hoy el niño ha vuelto a casa. Ha vuelto al sur donde los olores son diferentes. Ha vuelto a su habitación. Habla del cáncer en pasado. La enfermedad fue. Y quedó atrás gracias a la ciencia, a sus dos donantes, a médicos que no se rindieron (Beatriz Bergara), a enfermeras y auxiliares que lo dieron todo a cualquier hora, a asociaciones que sostuvieron, a voluntarios que acompañaron y a una comunidad que no dejó de pedir por él.
El Cristo de la Misericordia sigue inclinado, con el dolor contenido.
Quizá por eso acompaña tanto esta historia. Porque recuerda que incluso en la prueba más dura, Él se sostuvo en pie, con un paso al frente. Hay esperanza.

Radio Morón

Radio Morón
El 15 de febrero no es solo una fecha. Es una llamada a investigar más, a donar médula, a apoyar a asociaciones como CRIS contra el cáncer o AVOI, y a no mirar hacia otro lado.
Porque el cáncer infantil puede tocar en cualquier casa.
Y porque, cuando la ciencia y la solidaridad caminan juntas, la vida puede ganar.

Sonia Camacho
Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...




