El vía crucis del Puente del Centenario
El subdirector de Diario de Sevilla, Carlos Navarro Antolín, reflexiona sobre el nuevo retraso en la reforma de una pasarela clave para las comunicaciones y del desarrollo de la ciudad

El vía crucis del Puente del Centenario
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La obra del Puente del Centenario sufre una nueva demora, que ya es de dos años. Un modificado obliga a retrasar los plazos de ejecución de la reforma que debe ampliar la pasarela, hacerla más rápida y más adecuada a las necesidades del tráfico rodado de una gran ciudad. Pero ahora es una cuestión de papeleos la que tiene los trabajos a baja velocidad.
Se trata de una obra clave para Sevilla, de las que hacen que una ciudad mejore, sea verdaderamente moderna y competitiva. Quienes cruzan este puente con frecuencia saben perfectamente porqué lo decimos y a qué nos referimos. Urge que el Centenario deje de ser la Calle de la Amargura para cientos de automovilistas. Cuentan que el gran vía crucis se celebra el primer Viernes de Cuaresma, pero que pregunten a los usuarios de este Puente si no lo soportan todos los días con grandes dosis de paciencia.
La pregunta es la de siempre. ¿Por qué en Sevilla nos cuesta tanto inaugurar infraestructuras vitales para el desarrollo de la ciudad? Por una razón o por otra, siempre soportamos demoras que generan ansiedad. Tal vez porque saben que se nos dan muy bien los vía crucis. Soportamos las cruces con resignación. Debe ser por eso.




