¿Y si nos llamamos hermanos de verdad?
La opinión de Lola Fernández

Morón de la Frontera
“Vengo de un surco en la tierra, de sangre para sembrar
Del sudor con que se riega la flor de la libertad
Vengo de un pueblo valiente…”
Este verso es de la canción “Lejos de la ciudad” del cantautor español Muerdo, habla del campo y de las injusticias, de los campesinos y urbanitas, habla de la libertad aprendida a golpes de valentía.
El valor de un pueblo valiente que lucha por su sustento y su tierra frente a quienes la explotan o venden.
Estos días reflejados en las luchas de los agricultores de
España, que piden por dignidad, ser escuchados y otros por la desgracia del tiempo, acabando con su subsistencia y vida.
¿y si nos llamamos hermanos?
Febrero se viste de gala y de garra, poesía y pasión.
Febrero nos ha traído las letras de una Exaltación a la Virgen de la Soledad esperada, de un amigo que se sentía en casa, abrigado por sus amigos y familia, así, salió la fuerza de su voz y su pasión mariana.
Una Exaltacion maravillosa, adornada por su presentador y el descubrimiento de dos saeteras moroneras.
Antonio Figueroa de nuevo se encumbró en la palabra y la declamó como quiso.
De nuevo este pregonero y exaltador nos llevó, esta vez, por las columnas de nuestro templo de San Miguel, pisando fuerte y buscando la fe, en las manos de una bella Soledad.
Fue un sábado lleno de amor en cualquier termino que busques.
¿y si nos llamamos Hermanos?
Al compás de las saetas y la música del carnaval, en dos semanas se llenarán nuestras calles con reivindicaciones en sus letras y su humor, espejo moral de sus sátiras.
El carnaval que une en una misma persona sentimientos encontrados y acompañados, vivirán como siempre otro febrero repleto de disfraces a cuál más variopintos, donde se desborda la imaginación y la virtud en la costura.
De nuevo viviremos juntos, la fe de los cristianos, de los cofrades y de los carnavaleros, viviremos con la capacidad de encontrar la alegría en un tiempo de indulgencia.
¿Y si nos llamamos hermanos?
Y con mi fe, la que siempre muestro, acabo y empiezo este comentario, en este oxímoron del tiempo.
En este invierno desnudo de esperanzas, cubierto de dolor, fijamos en nuestra frente la ceniza con la que empezamos a vivir la Cuaresma.
Es el dintel de entrada a los cuarenta días en los que los creyentes, estamos llamados a la conversión y al arrepentimiento, a dejar atrás las cadenas que nos oprimen, y que muchas veces son las que menos pesan.
Este simple gesto nos muestra nuestra fecha de caducidad, la fugacidad de la vida, en la que se nos recuerda el sentido que debemos dar a nuestros pasos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Y así lo vivimos, con el respeto máximo que, de forma plena, pedimos para nuestras creencias, amando con el perdón de la ceniza y amando con la reconciliación hacia el hermano.
¿y si nos llamamos hermanos de verdad?
SÍ, llamémonos, ofreciendo siempre la mano, el respeto y el corazón.




