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Antonio Vázquez Morejón: ¿Cómo es posible que las relaciones sociales lleguen a convertirse en una fuente de temor?

En torno a un 12 por ciento de la población presenta, en algún periodo de su vida, síntomas de ansiedad social, mientras que en torno a un 4 por ciento estos síntomas son de tal intensidad que interfieren en su vida cotidiana

Antonio Vázquez Morejón: ¿Cómo es posible que las relaciones sociales lleguen a convertirse en una fuente de temor?

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Un cierto grado de ansiedad en las relaciones sociales pueden ser completamente normales, incluso funcionales (porque ayudan a estar más atentos al contexto social y lograr una mejor adaptación), pero cuando esta ansiedad es más intensa y persistente puede ocasionar una grave interferencia en el funcionamiento cotidiano, dando lugar a la evitación de situaciones sociales y en algunos casos a un grave aislamiento social.

Un marcado temor a la evaluación social, a ser observado, hacer el ridículo o cometer errores durante las relaciones sociales, lleva a vivir como embarazosas o humillantes situaciones sociales comunes. Hablar en público o en grupo, relacionarse con personas desconocidas o ser observado por otras personas cuando se realiza alguna actividad son algunas de las situaciones que generan una fuerte ansiedad, dando lugar a síntomas psicofisiológicos (tensión muscular, sudoración, taquicardia, temblor, dificultad para respirar, etc.), síntomas cognitivos (pensamientos anticipatorios de rechazo o humillación, marcada autocritica con sobrevaloración de las consecuencias sociales de su conducta, etc.) y síntomas conductuales (evitación o huida de las situaciones sociales).

Algunas personas experimentan ansiedad en una amplia diversidad de situaciones sociales, lo que a veces se denomina ansiedad social generalizadas, mientras que otras presentan esta ansiedad sólo en situaciones específicas (hablar en público, realizar alguna actividad siendo observado/a por otras personas, concertar una cita u otras), por lo que en general estas últimas son menos graves al interferir menos en la vida cotidiana.

Favorecer gradualmente el contacto social, la exposición en público, la participación en grupos de juego, cuidando de reforzar los logros, dando confianza y respetando el ritmo de cada menor, evitando tanto el criticismo como la sobreprotección, son aspectos muy importantes para la prevención de estos problemas de ansiedad social.

Pero cuando estos síntomas de ansiedad son intensos, persistentes y con una importante interferencia en la vida cotidiana, es necesario recurrir lo más pronto posible a los profesionales de la salud mental. Existen tratamientos psicológicos, a veces acompañados de tratamiento farmacológico, que son muy efectivos para reducir los síntomas y lograr una normalización del funcionamiento general.

Que algunas personas sean más tímidas o les guste menos la exposición social no debe confundirse con los trastornos de ansiedad social ni, por otra parte, llevar a minimizar un trastorno que puede tener un fuerte impacto en la calidad de vida de las personas.

 

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