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Ha muerto Antonia la de Luis, la madre que nos enseñó a querernos

La última viuda de los Saberes se va dejando un legado de cariño

Luis y Antonia ya pueden bailar para la eternidad. / Cadena SER

Almería

Siempre con la picailla. Antonia y Carmela competían en todo con infinito cariño. Los 5 hermanos Saberes se casaron y tuvieron larga descendencia, pero pocos unían tanto como Manolo y Luis. Unos vivían en la calle Murcia y otros en Magistral Domínguez. La Mama Eloísa ponía paz en los debates veraniegos sentados en plena calle, sobre quien era más guapa. No recuerdo quien de las dos era mayor, pero siempre tan arregladas y tirando de las familias numerosas. Antonia de Laujar y Carmela de Motril. Y había que diferenciar bien porque había dos Antonias ‘cuñas’ en los Saberes. Una conocida como Antonia la de Luis y la otra como Antonia la ‘cuñá’. La esposa de Juan Fernández: el fundador de Auto Moto Servicio y luego Grupo Saveres.

Los hijos de Antonia y Carmela siempre iban juntos los domingos. Se fumaban las Misas que nos mandaban nuestros padres y en el carrillo de Paco el Cojo comprábamos cigarrillos sueltos, los ‘Palmitas’ canarios, y nos íbamos al Cerro de San Cristóbal a fumar a escondidas. Luego, a visitar a la Mama Eloisa (que nos daba un duro) y cada uno a su casa. Carmela con la casa llena de niños y Antonia con Toñy y Luis, hasta que vino al mundo María del Mar. Mi madre cuando la vía con dolor de cabeza le decía: “Si tuvieras 5 hijos como yo te iba a entrar jaqueca”. Se querían mucho y la merienda era donde te pillaba. El Manolito con el Luis y la Toñy con el Antonio Miguel (yo). Los otros hermanos se iban incorporando.

Nuestra vida cambió para siempre cuando el tío Luis se compró una casa en el Barrio de Los Ángeles y su hermano Manolo fue detrás. Hasta eligieron compartir techos en el 3º y 4º F que eran los más grandes de las Torres de Terriza. Aquel barrio lleno de descampados era el paraíso para los fumadores clandestinos. Las casas no tenían dueño y empezábamos a llegar a fin de mes, con la alegría del tío Luis (el hombre más servicial de la tierra) y su esposa, que nos trató como una madre y especialmente conmigo: me quería con locura. La llevo en mi corazón.

Antonia la de Luis y Antonia la ‘cuñá’

El tito Pepe se mudó al Barrio San Félix y montamos el triángulo de los Saberes con la Tita Elo. Pero nada que ver con los Fernández Asensio y los Fernández Camacho. Cuando se compraron la televisión en color aplaudimos al Real Madrid en el cuarto de estar y cuando llegaba San Antonio yo era el primero en bajar a felicitar a mi tita Antonia. Mi madre siempre matizaba que había dos Antonias en la familia y le daban nombre sus maridos. Las dos llegaron a vivir muy cerca en la calle Murcia y las dos bellas personas. Cuando se juntaban en la Feria los Saberes y sus respectivas para ir a la caseta Popular, nos traían regalos. A mí un gorro de legionario. Qué guapa la tita Antonia la de Luis en aquellas Ferias del Puerto.

Una madre de 8 hijos tan feliz

Nosotros íbamos creciendo como la familia, pero el tito Luis y la tita Antonia eran dos padres. Cuando empecé a trabajar en Saveres me iba con mi tio en su Seat 127 y me bajaba al 3ª F donde ya estaba reinando en la casa mi segunda madre. Cuando acabé la carrera de Electrónica baje a enseñarle los títulos y se emocionaba. Nos queríamos mucho. Sabía con quién estaba saliendo si era del barrio, y cuando me eché novia, fue de las primeras en enterarse. Mis niños iban a su casa como todos nosotros y los suyos subían al 4º F porque la tita Carmela los adoraba. Nunca hubo piques entre primos hermanos y solo las dos ‘cuñas’ pugnaban por ser la más guapas de los Saberes.

Aquellos días de San Antonio

No faltaba en su casa el vinillo de Laujar. Si hacía una comida que nos gustaba nos esperaba al bajar del ascensor y nos anunciaba que había preparado para todos. Sentados a la mesa con los primos y el chatillo de vino que no faltaba. Si existe una familia modelo estábamos cerca. Cuando llegaba el 13 de junio olía a gambas. Primero al salir del colegio y luego al llegar de trabajar. Me daba las primeras de la plancha porque yo me llamaba Antonio como su hija Toñy. Luego, llegaba el tío Luis y los botellines de la tienda de Nicolás que no faltaban. No paraba hasta que no bajaba mi madre que con la comida puesta, tenía que esperar a que nos diéramos un homenaje de gambas. Gente sencilla de la que a mi me gusta. Los llevo en mi corazón. Nos queremos pese a que ya no nos vemos, y cuando iba por el barrio miraba al balcón pidiendo a Dios que hubiera ropa tendida. Mi hermana mayor, Elomari, siempre me preguntaba por ella.

Me ha querido como una madre

Lo más bonito de todo ha sido lo último. Cuando salía a pasear con mi prima María del Mar y me veía se le iluminaban los ojos. Me abrazaba con todas su fuerzas y me daba esos besos que solo da una madre. Lo mismo hacía con mis hermanos y con mis niños. Nunca se supo quién era la más guapa de la familia, pero tengo claro que si vale la pena vivir, es por personas como Luis Fernández y Antonia Asensio, que pasaron por la vida regalando lo mejor que Dios le había dado. Nos enseñaron a querernos. Me cuesta mucho llorar, ella lo sabe. Sabe casi todo de mi. Cuando estando en directo sonaba el móvil y vi la llamada de mi prima Toñy lo tenía claro: Me había quedado sin una madre. Miren la foto y lo comprenderán: dos ángeles del cielo.

Tony Fernández

Redactor de Deportes de SER Almería. Llegó a...