Psicólogos de la UMA descubren por qué el cerebro repite conductas incluso cuando no queremos
La investigación demuestra que el “piloto automático” del cerebro puede generar errores o ralentizar nuestras respuestas en situaciones de cambio.

Psicólogos de la UMA investigan por qué a veces actuamos sin pensar y nos cuesta cambiar de hábito
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Málaga
La Universidad de Málaga (UMA) ha dado un paso más en la comprensión científica de los hábitos cotidianos y del llamado “piloto automático”, ese mecanismo mental que nos permite realizar tareas de forma automática mientras dedicamos nuestra atención a otros asuntos. Los profesores David Luque y Pablo Martínez, del Departamento de Psicología Básica y miembros del Grupo de Investigación en Cognición Causal, han liderado un estudio publicado en Behavior Research Methods que arroja luz sobre cuándo y por qué estos automatismos llegan a dominar nuestra conducta.
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Hoy por Hoy Málaga (24/02/2026)
En una entrevista en el programa Hoy Por Hoy Málaga, dentro del espacio de divulgación científica que cada dos semanas conducen los profesores Francis Villatoro y Enrique Viguera, los investigadores explicaron cómo han logrado medir con mayor precisión estas respuestas automatizadas y en qué circunstancias pueden interferir con nuestras decisiones conscientes.
Cuando el hábito decide por nosotros
Conducir siempre por el mismo camino, lavarse los dientes o desbloquear el móvil sin pensarlo son ejemplos de acciones que realizamos de forma automática. Según los investigadores, un hábito se caracteriza por activarse ante un estímulo concreto incluso cuando sus consecuencias ya no son deseadas. “Aunque sepamos que hoy no debemos ir al trabajo, nuestro cerebro puede activar la respuesta habitual simplemente porque hemos llegado al punto que siempre asociamos con girar a la izquierda”, explicó David Luque.
Este automatismo, útil para ahorrar esfuerzo cognitivo y actuar con rapidez, puede jugar en nuestra contra cuando la situación exige un cambio repentino de conducta. “Si el hábito está muy entrenado, puede interferir con nuestras metas actuales”, añadió Martínez.
Experimentos que revelan cómo se activan y cómo fallan los hábitos
En su estudio, los investigadores sometieron a los participantes, principalmente estudiantes, a tareas repetitivas que asociaban estímulos neutros (como imágenes o letras) con respuestas motoras concretas. Tras varios días de aprendizaje, los científicos modificaron esas instrucciones para evaluar la capacidad de los voluntarios de inhibir la respuesta automática y adoptar una nueva.
El equipo observó dos indicadores característicos del hábito:
- Errores automáticos: cuando el participante seguía respondiendo según el hábito aprendido pese a haber recibido instrucciones nuevas.
- Retrasos en la respuesta correcta: incluso cuando los participantes lograban frenar el hábito, su reacción era más lenta, reflejando un “coste cognitivo”.
Lo más novedoso del trabajo, explican, es que estos dos fenómenos parecen ser procesos distintos. Una persona puede caer con facilidad en errores automáticos pero no mostrar un gran enlentecimiento —o al revés—, lo que abre la puerta a entender los hábitos como mecanismos multidimensionales.
Implicaciones para trastornos como la impulsividad o las adicciones
Comprender cómo se forman y se inhiben los hábitos tiene una aplicación directa en el estudio de trastornos en los que el comportamiento automático supera al control voluntario, como el trastorno obsesivo-compulsivo, la impulsividad patológica o las adicciones.
“Las personas quieren cambiar su conducta porque ya no desean sus consecuencias, pero el hábito es tan fuerte que se activa automáticamente. Desde la terapia, esto implica un enfoque distinto: no solo trabajar con las ideas, sino aprender a romper la cadena automática del hábito”, señaló Luque.
Nuevas líneas de investigación: ¿todos formamos hábitos igual de rápido?
El equipo continúa estudiando las bases del comportamiento habitual. Su próxima línea de trabajo se centra en determinar si existen diferencias individuales en la tendencia a formar hábitos. “Puede que haya personas mucho más proclives a adquirirlos y otras que necesiten más práctica”, adelantan. Esa variabilidad podría tener un papel clave en la vulnerabilidad a ciertos trastornos psicológicos.
Los investigadores aseguran que todavía queda mucho por descubrir y esperan seguir compartiendo avances en futuras intervenciones radiofónicas. Mientras tanto, invitan a los oyentes a recordar esta investigación la próxima vez que tomen, sin darse cuenta, el camino de siempre rumbo al trabajo un sábado por la mañana.




