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Un viaje hacia la luz del arte en el Centro Cultural Fundación Unicaja

Más de ochenta obras maestras revelan cómo evolucionaron las ideas estéticas entre los siglos XVI y XVIII.

Un viaje hacia la luz del arte en el Centro Cultural Fundación Unicaja

Málaga

Hay exposiciones que reúnen cuadros. Y hay exposiciones que reúnen siglos. “El viaje de la luz: de Guido Reni a Murillo”, inaugurada en el Centro Cultural Fundación Unicaja de Málaga y abierta del 18 de febrero al 5 de julio de 2026, pertenece a esta segunda categoría: no es solo una muestra de 81 obras; es una travesía intelectual por la historia de cómo Europa aprendió a mirar y a iluminar el mundo. La muestra es fruto de la colaboración entre la Fundación Unicaja y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Comisariada por Víctor Nieto Alcaide y Mercedes González de Amezúa que proponen algo más ambicioso que un simple desfile de maestros, plantea una tesis: la luz no es un recurso técnico; es una idea. Y como toda idea, tiene historia, tensiones y revoluciones.

El recorrido arranca en el manierismo, ese final del siglo XVI en que la pintura decidió que la naturaleza ya no bastaba. Frente a la serenidad clásica, surge una “luz artificiosa” que actúa casi como un dispositivo teatral: elegante, inquietante, calculada. Una iluminación que, cuanto más refinada, más evidente hace su propio artificio.

Después irrumpe la sacudida del caravaggismo, donde la luz deja de acariciar para herir. El claroscuro convierte cada escena en un drama moral; la sombra deja de ser ausencia para convertirse en protagonista. Caravaggio y sus seguidores entienden que iluminar es tomar partido. En esta sección, el espectador casi puede sentir cómo la penumbra respira.

El viaje continúa hacia el Barroco pleno, un territorio donde se libra una disputa casi filosófica: ¿prevalece el dibujo o prevalece el color? La línea firme frente a la pincelada vibrante, el contorno preciso frente a la atmósfera difusa. La luz empieza entonces a comportarse como una bruma marina: suaviza rigideces, disuelve perfiles, convierte la materia en aire.

Esta tensión entre estructura y libertad culmina en el siglo XVIII con la luminosidad serena de Murillo. Su “Magdalena”, presente en la muestra, es una obra de devoción íntima: ya no dramatiza ni compite; envuelve. Como una mañana andaluza que, sin estridencias, termina abriéndose paso.

En este contexto destaca también el “Cristo resucitado abrazado a la Cruz”, de Guido Reni, superviviente del incendio del Alcázar de Madrid en 1734. Saber que escapó de las llamas añade una resonancia casi épica a su presencia en Málaga: la luz que representa venció, literalmente, al fuego que quiso borrarla.

La exposición incorpora además obras recién restauradas como “La Abundancia”, de Martín de Vos, intervenida en Bélgica, recordando que la historia del arte no es un relato inmóvil, sino un organismo que respira.

Málaga, que en otros tiempos fue puerto de mercancías y hoy lo es de culturas, consolida con esta muestra su papel como enclave artístico internacional. No se trata solo de atraer visitantes, sino de ofrecer un discurso sólido, riguroso y museográficamente coherente. “El viaje de la luz: de Guido Reni a Murillo” demuestra que la pintura europea entre los siglos XVI y XVIII no fue una sucesión de estilos aislados, sino una conversación prolongada sobre cómo hacer visible lo invisible.

Tal vez esa sea la mayor enseñanza de la muestra: recordarnos que la luz, en el arte y en la vida, nunca es inocente. Decide emociones, relatos y espiritualidades. Una exposición imprescindible.