Entrega del título de Hijo Predilecto y Medalla de Oro de la Ciudad a Lorenzo del Río Fernández, presidente del TSJA, "... Jódar, el punto de partida... Soy fruto de este pueblo, lo que Jódar hizo de mi..."
Con intervención del homenajeado con inevitables y emocionadas referencias a su infancia y juventud, con vivencias personales

Entrega del título de Hijo Predilecto y Medalla de Oro de la Ciudad a Lorenzo del Río Fernández, presidente del TSJA, "... Jódar, el punto de partida... Soy fruto de este pueblo, lo que Jódar hizo de mi..."
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Jódar
Un acto que ha contado con masiva presencia, casi un centenar, de representantes de la judicatura, jueces, fiscales y abogados de toda Andalucía, además de vecinos y vecinas de Jódar, que se querían sumar al reconocimiento, con su presencia, que, prácticamente llenaban el Salón de Actos de la Casa de la Cultura.

Público Asistente / Antonio Plaza

Público Asistente / Antonio Plaza
Entre los asistentes:
Ana Tárrago Ruiz, fiscal superior de Andalucía,
Francisco de Paula Sánchez Zamorano, director de la Oficina Andaluza contra el Fraude y la Corrupción,
José Luis López Fuentes, presidente de la Audiencia Provincial de Granada,
María Lourdes del Río Fernández, magistrada y hermana de don Lorenzo,
Lourdes García Ortiz, presidenta de la Audiencia Provincial de Málaga,
Luis Miguel Columna Herrera, presidente de la Audiencia Provincial de Almería,
Francisco Javier Carazo Carazo, delegado territorial de Justicia, Administración Local y Función Pública de Jaén,
Javier Caravente Gallego, delegado territorial de Economía, Hacienda, Fondos Europeos de Industria, Energía y Minas en Jaén,
José Ramón Carrasco Arce, presidente del Consejo Andaluz de Procuradores,
Serafín Vílchez Anguis, que ha sido comisario natural de Jódar, comisario y jefe de Policía Nacional en distintos sitios, pero última…, hasta que se jubiló, fue en Úbeda.
Pedro José Ruiz Herrera, capitán, jefe, Guardia Civil de la Compañía de Baeza.
Alfonso Alberto Fuentes Delgado, cabo primero, comandante del puesto de la Guardia Civil de Jódar.
Juan de Dios del Jesús Herrera, inspector jefe de la Policía Local de Jódar.
Juan Guerrero Moreno, párroco de la Asunción y Fátima.
Mario Alonso, director de Gabinete de la Presidencia del TSJA.
Miguel Pascual Liaño, magistrado de la Sala Civil y Penal del TSJA.
Saturnino Regidor Martínez, magistrado de la Audiencia Provincial de Jaén.
Blas Regidor Martínez, magistrado de la Audiencia Provincial de Jaén.
Ana Verónica Álvarez Toro, magistrada de Jaén.
Ana Carolina Parejo Mesa, fiscal decana de Linares.
Francisca Rodríguez Jurado, jueza del Tribunal de Instancia de Úbeda nº 2,
Alicia Beatriz García, Jueza del Tribunal de Instancias de Úbeda, número 3,
José Antonio Castillo Izquierdo, director del Servicio de Rehabilitación del Tribunal de Instancias de Úbeda.
Ildefonso Alcalá Moreno, cronista oficial de Jódar.

Momento de la firma de Lorenzo del Río en el libro de honor / Antonio Plaza

Momento de la firma de Lorenzo del Río en el libro de honor / Antonio Plaza
En los momentos previos al acto, propiamente dicho, tanto el nuevo Hijo Predilecto, como su dos presentadores, Ricardo Fernández Valadés, anterior Hijo Predilecto y primo del propio Lorenzo del Rio, y el presidente de la Audiencia Provincial, Rafael Morales Ortega, firmaban en el Libro de Honor de la Ciudad.
Del Río Fernández lo hacía en estos términos, "... Con todo mi afecto y gratitud a la corporación municipal y al pueblo de Jódar, por el reconocimiento de Hijo Predilecto y Escudo de Oro de la Ciudad, que es, sin duda, un honor y un gesto que recordaré como uno de los momentos más entrañables de mi vida. Jódar ha sido siempre un referencia para mi, donde crecí y me forme en gran parte como persona, y llevo su nombre con orgullo allí donde voy de palabra y con el corazón..."
Ejercía de maestra de ceremonia y conductora del acto la concejala de Cultura y Formación, Manuel García Collados, que iba cediendo la palabra a todos y cada uno de los intervinientes.

Presentación a cargo de Ricardo Fernández Valadés, anterior Hijo Predilecto y primo del homenajeado / Antonio Plaza

Presentación a cargo de Ricardo Fernández Valadés, anterior Hijo Predilecto y primo del homenajeado / Antonio Plaza
Ricardo Fernández Valadés, hacía una presentación personal en su doble condición de anterior Hijo Predilecto y familiar del homenajeado, "...
Acto en el que se reconoce como Hijo Predilecto y Escudo de Oro de la ciudad de Jódar, a Lorenzo del Río Fernández, reconocimiento más que merecido por haberse sentido siempre orgulloso de este pueblo, lo he visto manifestarlo tanto en público como en privado.
Siempre pone por delante a su pueblo Jódar en todas las ocasiones en las que yo he estado con él. Cuando Lorenzo me propuso que fuese yo quien hiciese su presentación en este acto, le dije que tenía que pensármelo veinticuatro horas, toda las familia estábamos pasando por un duro momento (Reciente fallecimiento de su hermana Inmaculada) y el estado de ánimo no era el más apropiado, pero le dije que sí, con mucho gusto, en primer lugar por él y después por toda las familia y también por mis paisanos, que siempre se han portado conmigo muy bien.
No sé si se ha dado otra circunstancia en la que el presentador sea el que anteriormente recibió este galardón, pero, bueno, siempre hay una primera vez.
La infancia de Lorenzo transcurrió en la calle Numancia de Jódar, antes número cuatro, ahora ya creo que es Antonio Cuadros 20, pero siempre será la calle Numancia el número cuatro. Ellos vivían en la planta baja y nosotros vivíamos en la primera planta. Lorenzo el segundo de ocho hermanos.

Madre, esposa y hermana en primera fila, entre el público asistente / Antonio Plaza

Madre, esposa y hermana en primera fila, entre el público asistente / Antonio Plaza
¿Os podéis imaginar lo que era la casa? con doce niños allí para arriba y para abajo, la verdad es que era un bullicio continuo y lo pasábamos muy bien.
También podéis imaginaros las peripecias que tuvieron que hacer mi tío Juan y mi tía Isabelita para poder sacar adelante a esa gran familia, de la cual siempre se han sentido muy orgullosos igual que nosotros.
La casa, como he dicho, era un bullicio, niños que subían, bajaban, no había móviles, la tele era un ratito y no había programas casi para niños, pero nos lo pasábamos genial.
Creo que coincido con mi primo en que fue una infancia muy feliz. En mis recuerdos de la infancia y adolescencia, ya más adolescencia que infancia, había dos pandillas en el pueblo, la de los chicos, que era la que estaba yo, y la de los grandes, que era la que estaban mi hermano y mi primo, y algunos de los de aquí presentes.
Bueno, pues algunas veces coincidíamos en guateques, que hacíamos a media y demás, y con el paso del tiempo los mayores nos robaron a las niñas, cosa de la edad, pero aún así seguimos teniendo una buena amistad y los mayores siguen haciendo reuniones anuales en las que se juntan para disfrutar de sus recuerdos de Jódar y ponerse al día en otras cosas.
En el año 74, creo, la familia se trasladó a Jaén y estuvo viviendo allí creo que hasta el año 77, en que se trasladaron a Cádiz. A mi primo, Lorenzo, estudió Derecho en la Universidad de Instancias, mientras hacía el servicio militar.
Siempre ha sido una persona de aprovechar el tiempo. Recuerdo que cuando se fueron a Cádiz, en la mudanza, mis tíos me dijeron que fuera con ellos a echarle una mano, y allí le ayudé con el taladro, colocando muebles, y la verdad es que recuerdo aquellos días muy bien. Lo pasé genial, mucha gente, mucho alboroto, y allí, como pudimos, instalamos los enseres en el Palacio de Justicia, que está en Puerta Tierra, lugar del que guardo un grato recuerdo.
Fueron varios los veranos, y algún que otro carnaval, en los que volvía y disfrutaba de esta gran familia. Recuerdo que Lorenzo, en aquella época era mayor, se pasaba el día y la tarde dando paseos por el sótano, preparando la oposición y hablando. En una ocasión me dijo mi primo, Ricardo, yo no puedo estudiar, hace muchísimo calor.
Yo le dije, mójate las muñecas y verás cómo te espabilas. No sé si me hizo caso, pero a lo mejor sí, no lo sé. No sé si él se acuerda, pero detrás de cada hombre, con éxito, se dice que hay una gran mujer, y ella es Conchi, la novia de toda la vida.
Siempre ha estado pendiente y ha renunciado a mucho, sobre todo en el campo profesional, por su marido y la familia. A esta sí que no ha renunciado, y ha sabido cuidar y hacer que Lorenzo, Inmaculada y Juanma, y cuatro nietos, tengan un gran padre, pero también una gran madre. Lorenzo tiene un extenso currículum, yo no se lo quiero pisar al presidente de la audiencia, pero, bueno, la vocación le viene de herencia.
Su padre, mi tío, que hoy se sentiría, una vez más orgulloso de su hijo, fue juez en Jódar, después en Arco y Cádiz. Con él tuve una vinculación especial, yo me llevaba muy bien con mi tío. Era una persona amante del derecho, y en las tomas de posición en las que yo he estado en alguna, incluso en alguna con mi padre, cuando acababa de dar el discurso, decía el que lo ha hecho primero lo ha hecho bien, pero el discurso de Loren se ha ajustado a derecho.
Yo me acuerdo siempre de esas palabras de mi tío y digo, lleva razón, tito.
Además, mi tío era muy aficionado a los toros, al teatro y la lectura. A los toros no creo que haya mucha gente que haya sido aficionada, y allí tiene sus libros de Cosío en su biblioteca.
Como responsable de que hoy estemos aquí, pues, he querido dedicarle estas palabras.
En la toma de posesión, en el cargo como presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla, no se me olvida mi tía Isabelita, con cara de orgullo y mucha preocupación, le decía al personal responsable de su seguridad, tengan mucho cuidado y cuídenmelo mucho, que es mi hijo. El responsable dijo, no se preocupe usted, que está en buenas manos.
Él ingresó en la carrera judicial en 1980, en apenas dos años superó la oposición y tuvo como destino Jerez, Sanlucar y luego fue magistrado en Palma de Gran Canaria. No sé si esto se lo voy a pisar al siguiente…
Lorenzo ha ejercido docencia desde el año 90 al 2005, como profesor asociado a tiempo parcial de derecho en la Universidad de Cádiz, derecho penitenciario en el Instituto de Criminología.
Ha sido coordinador del Servicio de Formación Continua de la Escuela Judicial y participado en numerosas actividades de formación, así como en varias comisiones mixtas...
Pese a los cargos de responsabilidad que ha desempeñado, siempre ha sido discreto y no le ha gustado mucho la polémica. Es moderado y conciliador, aunque tiene un humor un poco ácido, que le gusta meterse sobre todo con mi mujer, pero lo hace con cariño.
Esta moderación le ha permitido que haya sido votado y permanezca en el cargo tanto por progresistas como por conservadores.
Lorenzo ha sido un buen penalista y ha sido colaborador de revistas y publicaciones jurídicas, aunque su primer apunte en esto lo hizo en una revista en Jódar, una revista de altos vuelos, en la que no quiero decir nada por si hay muchos jueces aquí y puede que dé lugar a algún problema. Luego, si quiere, él que lo cuente.
Ha publicado, ha dirigido cursos sobre diversas materias, independencia judicial, poder político, también en medicina, delitos contra la salud, donación de órganos y trasplantes. Por cierto, creo que cuando lo nombraron académico de número fue este el discurso que diste, ¿no?...
Entre otras distinciones, es miembro del Consejo Andaluz de Medicina Legal y Forense, Cruz de Honor de la Orden de San Raimundo, Cruz de Plata de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, medalla al mérito policial, colegiado de honor de diversos colegios profesionales, académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada, premio Toga de Plata al Ilustre Colegio de Procuradores y un montón de cosas más.
Comprometido siempre con su pueblo, ha participado también en una presentación en 2012 de un libro.
En mayo del 2014 impartió la conferencia inaugural de la tercera primavera universitaria celebrada en Jódar y en el 2016 volvía a Jódar, en este caso para impartir una conferencia en el 50 aniversario de la imagen del Resucitado, imagen que ha estado ligada a nuestra familia desde la época de nuestro abuelo Antonio, que, por cierto, yo creo que Loren es el que más se parece a mi abuelo. Eso le ha salido.
Bueno, en todas estas intervenciones siempre ha destacado por su cercanía y recuerdos emocionados en sus vivencias, en su infancia y juventud. Querido Loren, enhorabuena, querido pueblo, enhorabuena...”.

Momento de la intervención del presidente de la Audiencia Provincial de Jaén, Rafael Morales Ortega / Antonio Plaza

Momento de la intervención del presidente de la Audiencia Provincial de Jaén, Rafael Morales Ortega / Antonio Plaza
El perfil más profesional e institucional lo exponía el Presidente de la Audiencia Provincial de Jaén, Rafael Morales Ortega, "... Hoy este pueblo vive un día que quedará grabado en su memoria colectiva, porque Jódar sabe mirar a los suyos con orgullo y gratitud, y distingue como Hijo Predilecto, concediendo también su Escudo de Oro al excelentísimo señor presidente don Lorenzo del Río Fernández, hombre cuya trayectoria profesional y humana honra a esta tierra y a todos los que residimos en ella. Hablar de Lorenzo es hablar de raíces, de un niño que creció en un hogar donde la justicia, como bien ha recordado Ricardo, no era solo una profesión. Su padre, Juan del Río Gilarte, era un juez de vocación y de alma, y sembró en él y también en su hermana Lourdes, la pequeña, sembró ese amor al derecho y esa vocación de servicio público para transformar los conocimientos en ayuda a los demás.
Y junto a esa figura paterna, siempre presente, está su madre, por supuesto, doña Isabel, mujer de fortaleza serena, de valores firmes y de amor incondicional. Ella ha sido y sigue siendo un pilar esencial, y yo lo sé, lo sé porque hablo mucho con mi presidente, ha sido un pilar esencial en la vida de Lorenzo. Hoy, doña Isabel, este reconocimiento también es suyo, porque en su hijo se refleja la educación, la entrega y la dignidad que usted le inculcó.
Y, si hablamos de raíces, tengo que hacer un pequeño guiño a la calle Numancia número 4, a esa casa tan grande que, lógicamente, pues tampoco voy a decir mucho, porque ya Ricardo… Pero, en fin, Lorenzo tuvo ahí una infancia, además yo creo que muy feliz, porque la recuerda siempre con mucho cariño, una infancia y una adolescencia muy feliz. Y este, quizás sea y quizás fuese la primera escuela de convivencia y responsabilidad con tantos primos y tantos hermanos, y de humanidad que marcaría o que tuvo que marcar necesariamente su carácter.
Hoy quiero hacer este guiño también para rendir homenaje a su familia extensa, que lo acompañó en sus primeros pasos.
Desde su nacimiento en Jódar en 1956 y, pasando por sus años de estudios de bachiller y COU en Baeza y en Úbeda, su licenciatura, su dificultosa licenciatura en la UNED, como muchos de los que estudiaban en ese tiempo, siempre y ya empezó a mostrar su carácter de constancia, sacrificio y determinación.
No voy a dejar o voy a hacer pasar que ingresó en la carrera judicial, que no lo ha dicho Ricardo, lo puedo decir yo, muy temprano, no había cumplido los veinticuatro años. Y, bueno, sus varios destinos.
Empezó en Jerez, se fue a Sanlúcar de Barrameda, ascendió y se fue a Las Palmas, pero en Las Palmas fue un pispas, en Las Palmas salió concurso para Cádiz y se fue a la Audiencia Provincial de Cádiz, donde ya en 1988 ya apuntaba, ya era presidente de la sección segunda de la Audiencia Provincial. Y, diez años después, en 1998, se lo nombraron, obtuvo el cargo de presidente de la Audiencia Provincial de Cádiz.
A partir de 2010, como todos ustedes saben, es presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla.
Son 16 años al servicio del Tribunal Superior y fue reelegido, además, para un tercer mandato. Creo que va a ser, durante mucho tiempo, el presidente más longevo del Tribunal Superior de Justicia de Granada. Fue elegido, como digo, además, en el mismo pleno en el que fui reelegido yo también, el Pleno del Consejo General de Poder Judicial, de 23 de julio del pasado año.
Como también se ha dicho aquí, su carrera profesional no se limita a la judicatura. No es un juez al uso que se haya dedicado a poner sentencias, que bastante tarea es ya, sino que, lógicamente, hay que destacar también su voluntad y su carácter asociativo. Y su carrera es la que ingresó en la Asociación Francisco de Vitoria, de la que fue parte de su Junta Ejecutiva y, además, portavoz de la misma.
Y, además, tampoco voy a poner de relieve la docencia, que también lo ha dicho ya Ricardo, quince años en la Facultad de Cádiz, en Derecho Penal y Derecho Penitenciario. Y lo que no se ha dicho, ha sido autor de numerosos libros de derecho penal y también ha participado en muchísimos trabajos. Entre ellos, y sobre todo siempre refiriéndose a la independencia judicial, a la mediación penal, a los delitos medioambientales y a la justicia y a los medios de comunicación.
Esa fue la última conferencia que vino a dar en Jaén, una vez más, ante tantos requerimientos o tantas llamadas que le hemos hecho. Siempre ha estado con nosotros, con todos los jueces de Jaén, en las conferencias, en los actos oficiales, pero también de copas y también de convivencia. No, porque ha venido a estar de convivencia solo y exclusivamente de convivencia con sus jueces, y eso habla mucho de la cercanía de un presidente y del talante que tiene.
Pero si hay algo que define a don Lorenzo, y yo lo puedo decir de primera mano, es su talante conciliador, su talante dialogante y profundamente humano. Es una persona, y ya lo he dicho muchas veces, sencilla, moderada y cercana. Su puerta y, sobre todo, su tiempo les puedo asegurar que está abierto a los más de mil jueces de carrera de Andalucía.
Siempre tiene una palabra de apoyo, siempre tiene una solución, siempre tiene, cuando menos, una palabra de aliento para todo juez que lo quiera llamar.
Y detrás de un magistrado, servidor público incansable, como lo demuestra el que, de sus cuarenta y seis años de ejercicio como juez, lleve ya nada más y nada menos que, en gestiones gubernativas, treinta y seis, es decir, solo diez estuvo poniendo sentencias y ya se hartó. A partir de ahí, dijo yo tengo que hacer muchas cosas más.
Pues, como detrás de cada magistrado, lógicamente servidor público, está también un hombre profundamente familiar, yo no puedo dejar de destacarlo. Está orgulloso de sus raíces, y lo hemos hablado muchísimas veces, y de los suyos. Y su esposa Conchi, su esposa Conchi, su novia de toda la vida, como él me dice muchas veces, ha sido su compañera leal y su apoyo constante, y su equilibrio en los días largos.
Y sí, Conchi, como solemos decir entre los compañeros, ya tienes mérito. Pero tienes mérito por acompañar una vida de servicio público tan intensa como la de Lorenzo, que desde luego exige un plus de generosidad, de soledad y de paciencia, que solo el amor de día a día lo puede soportar.
Sus hijos, Inmaculada, Lorenzo y Juan Manuel, son su mayor orgullo. Y ellos, en ellos se han volcado los valores que heredó de sus padres, el esfuerzo, la honestidad y la responsabilidad, y la importancia del trabajo bien hecho. A todos ellos nuestra más sincera felicitación, porque detrás de un gran hombre, en este caso hay una gran familia. Es, sin duda, un pilar fundamental en toda su trayectoria.
Por eso, este reconocimiento tiene hoy un valor muy especial, porque Lorenzo vuelve a su origen, a la tierra que lo vio crecer, a un pueblo que lo admira y lo quiere. Y porque Jódar, con este gesto, no solo celebra su brillante carrera, sino su ejemplo de integridad, de entrega y de amor por el servicio público.
Querido Lorenzo, este homenaje es un abrazo colectivo al que hoy nos hemos querido unir muchos de los compañeros de carrera.
No han podido ser más, pero no han podido ser más porque tampoco vamos a boicotear el acto. Pero sí que puedo decir que venimos en representación no solo de todos los jueces de Jaén, por supuesto, sino también de toda Andalucía. La prueba está en que está el antiguo presidente de Córdoba, hoy se han pasado otras cosas, tú lo sabes. El presidente de Granada, la presidenta de Málaga y el presidente de Almería, cuatro compañeros que se han desplazado porque son no tus compañeros, sino –tú muy bien lo sabes– tus amigos.
Quiero unirme y nos queremos unir a ese abrazo colectivo que te da hoy todo tu pueblo y que este título de Hijo Predilecto y este Escudo de Oro sean para ti, como lo es para nosotros, un símbolo de orgullo, pero que también lo sea como recordatorio de que en tu tierra siempre tendrás un hogar que celebra tus logros y te acompaña en tu camino. Muchísimas gracias...”.

Momento de la intervención de Lorenzo del Río Fernández / Antonio Plaza

Momento de la intervención de Lorenzo del Río Fernández / Antonio Plaza
El acto se cerraba con la intervención del homenajeado con inevitables y emocionadas referencias a su infancia y juventud, con vivencias personales, "... Vecinos, vecinas, queridas familias, amigos y amigas, cuando me dijeron y cuando me puse a escribir unas palabras, me vinieron a la cabeza dos inmediatamente, agradecer y compartir. Yo creo que es fundamental, digo, primero dar las gracias y, segundo, esto hay que compartirlo, esto no es mío, esto no es mío.
Por tanto, doy las gracias, en primer lugar, al Ayuntamiento de Jódar por esta distinción, a la corporación municipal por su generosidad y también por su consenso y unanimidad en el acuerdo de concesión, porque también es importante en el mundo que vivimos los acuerdos y los consensos y las mayorías.
Gracias por acordaros de mí, hacerme sentir una vez más parte viva de esta tierra, por el deseo de unir este pueblo con una trayectoria personal y profesional, con aciertos y errores, pero por el deseo de que los apellidos del Río y Fernández queden unidos con mayor intensidad al pueblo, del Río y Fernández unen dos familias, hermanos y primos.
Gracias por este gesto de nombrarme Hijo Predilecto, unido al Escudo de Oro de la ciudad de Jódar, que guardaré como uno de los momentos más entrañables de mi vida. Gracias, como no, al pueblo de Jódar, que da verdadero sentido a este reconocimiento.
He recibido –hace poco tuve que estar aquí, por un hecho luctuoso y muy doloroso, que lo ha comentado Ricardo–, y ya ayer, el otro día, he recibido muchas muestras de cariño, donde no había compromiso ni deseo de quedar bien. Eran felicitaciones sinceras y afables, de maestros, de profesores, de amigos de mis padres, de comerciantes, de vecinos de al lado de casa, donde íbamos a comprar. La droguería de Fernando, la librería de Bago, los electrodomésticos de Andrés Cortés, los tejidos Díaz.
De empleadas del hogar, las muchachas de toda la vida, como decía mi madre, las muchachas de entonces, que colaboraban en las tareas de los lugares donde viví tantos años. Carmen, Josefina, Gregorio, Paquita, Fernando. Por eso, quiero también compartir este título de Hijo Predilecto con todos los vecinos y vecinas de Jódar, que de una u otra forma han formado parte de mi camino y se sienten identificados con este reconocimiento.
Gracias a Ricardo. Para mí era importante, Ricardo, que tú lo fueras. Inicialmente, no solo, porque habías sido el anterior y, por tanto, me parecía un gesto muy bonito que tú fueras y que yo siguiera a tu estela.
También, por el hecho de que así recordamos a nuestra prima Inma (tu hermana), aunque sea título póstumo, que también es una hija muy predilecta de aquí, de este pueblo. (Aplausos)
Al unir a Ricardo, el anterior, también uníamos, como él lo ha dicho, yo sé que hay bastantes cosas que tenía aquí, que las había pensado, pero que, sin haber hablado, sabía, digo, tanto uno como otro van a ir hablando de cosas. Y mira que uno es como familia y el otro como institución, pero los dos han cogido el doble aspecto personal, familiar e institucional.
Integramos a una calle, integramos a Isabelita y Antonito, como siempre se les decía, integramos a ocho hermanos y cuatro primos y, por tanto, un punto de encuentro, el punto de encuentro de la calle Numancia 4, pues donde todos estábamos para arriba y para abajo. Si me apuráis, más hacia arriba que hacia abajo. Yo no sé por qué subíamos más las escaleras, ¿verdad, Ricardo? Yo no sé si porque mi padre era más serio que el tuyo, que el tuyo nos dejaba hacer, y también por tu madre, la pobre, a la que siempre la hemos recordado vosotros, con más lógico, con más intensidad, porque era un corazón abierto y había que entrar y todo el mundo que entrara y no había pegas para nada.

Otro momento de la intervención de Lorenzo del Río Fernández / Antonio Plaza

Otro momento de la intervención de Lorenzo del Río Fernández / Antonio Plaza
Y luego ya también con el tiempo, porque cuando nos hicimos mayores allí conseguimos pues 'la huevera', como le llamábamos. Era una habitación donde la llenamos de cartones de huevos. Entonces, de esa forma podíamos escuchar música mucho más fuerte sin que se notara. Allí había un billar y allí, pues no sé, vivimos unos momentos entrañables y estamos constantemente allí, arriba y abajo.
Por eso, tu presencia aquí, tus palabras, Ricardo, que yo te las agradezco, significan también volvernos a integrar todos juntos, primos, y ese punto de encuentro. Que ha servido y que cuando ya no está esa casa, notas que es lo que te hace que ya al volver es más distinto, no solo el lugar, sino también las personas que hemos perdido por el camino.
Voy a tener que darle las gracias también a Rafael. Bueno, vamos a ver. Mi mujer me dice que soy muy moreno, que te has cuidado ahora ya que empieza el sol, que me pongo muy moreno.
Él, cuando estamos un poco de broma, como dice de copas, que dice el presi negrillo. Pero eso tiene una ventaja, que cuando estás en unos actos como estos, donde sin querer te pones colorado, no se me nota.
Y luego tengo que compartirlo con mi familia. Siempre ha sido mi apoyo, mi raíz. Esa palabra se ha dicho aquí varias veces. Muchos aquí presentes, otros ausentes por imposibilidad y otros los ya fallecidos también recordados.
Mi madre ha rejuvenecido diez años, de ayer tarde a hoy. El miércoles ya hablaba por teléfono con mi hermana. Yo, cuando llamo, como tengo tantas hermanas, mi madre las pone a ella al teléfono. ¿Y ya quieres hablar con tu hijo? No, ya has hablado tú, ya has hablado tú. Bueno, pues ya está. Mi mujer dice, bueno, estás llamando a tu madre, pero al final hablas con tu hermana. Y bueno, ya está. Y, no sé, veremos a ver, que tiene unos dolores ayer, veremos a ver, veremos a ver si irá. Llamo ayer por la tarde, a ver cómo está.
Dice, mira, está, vamos, que parece que no le duele nada. Para ella Jódar ha sido su vida, ha sido su vida y su alma. Y yo sé que hoy para ella es un día, pues, muy bonito.
Y, pues, que lo disfrute. Porque siempre, además, siempre me lo dice, vais poco a Jódar, vais muy poco, tenéis que ir más, tenéis que ir más. Antes teníamos un punto de conexión mucho más fuerte, que era la abuela Visitación. Una vez que falta ya, falta el lugar y falta la persona que concentraba, como después diré.
Mi padre lo ha citado también. Mi padre estuvo de juez aquí, en esta localidad.
Yo me escondía en el juzgado, debajo de la mesa, cuando había juicio. Decían que yo era muy inquieto. Por eso, cuando me metía debajo del brasero, parece ser que me…, parece ser no, es la verdad, todavía se me nota que metí la mano en el brasero. Decían que es que no me estaba quieto nunca.
Bien, pues, mi padre me inculcó, me transmitió esa vocación judicial y me transmitió muchos valores, yo creo que a todos.
Luego está Conchi, mi mujer. Rafael, es que ya te metes tuya demasiado. Eso me tocaba a mí decirlo. Bueno, se dice esa tontería de que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Eso es una tontería. Primero va la mujer, porque es la que sufre más, la que te deja más tiempo libre, la que te permite que hagas cosas que de otra forma no lo podrías hacer. O sea, que ella, ese sacrificio, esa entrega, pues, evidentemente está ahí.
Y muchas veces yo no lo reconozco. Y no lo digo públicamente y me cuesta trabajo, porque somos fruto de una generación donde el cariño no lo expresábamos. Yo lo noto con mis hijos, son distintos. Necesitan rozarse, abrazarse más. A nosotros no. A mí mi abuela, para darle un beso, dio chiquilla. Entonces, eso sin querer tú lo vivencias y lo transmites. Ella, afortunadamente, viene de una familia mucho más cariñosa y por eso se lo transmite a los niños.
También están aquí mis hijos. Verlos, a mis hijos, es confiar en que se puede construir un futuro mejor. Han venido casi todos, mis hermanos, mis hermanas. Bueno, somos una familia de hermanas femeninas. O sea, aquí... Imaginaros seis hijas y dos... Pero, bueno, han hecho un esfuerzo. Ayer vinieron, venían cinco en un coche con mi madre. Yo le decía a mi hermana, a la que menos habla, que es Mamen, bueno, dale un poco de conversación, porque las demás, si no... Me imagino el viaje de cada día aquí a Jódar, charlando a ver quién corta la hebra.
Mis abuelos, mis abuelos. Hay mucha familia de Jódar, si es que aquí nos hemos criado. Estaba mi abuelo, de parte paterna, Lorenzo, que por eso me pusieron a mí el nombre, como podéis imaginar.
Bueno, me parece una anécdota, pero no la cuento. Esa no se puede contar. Y... Bueno, no, es que... Bueno, porque si no mi hermana, que nació primero que yo, le tenían que poner Lorenza. Entonces, no podía ser. Eso no podía ser, porque la costumbre era el nombre. Entonces, dije, oye, vamos a buscar otro y ya el segundo. Menos mal que fui niño, porque si llega a ser niña, se queda con Lorenza. En fin, esos abuelos, Lorenzo y Angustias, esa calle, esa calle, no esa casa, que abres la puerta y lo único que te encuentras es una escalera para arriba. Dios mío. Pero bueno, donde a mí me llegaban algunas veces en verano, porque había que estar con los abuelos. Yo, como mayor, los demás ya nunca lo hicieron, pero a mí sí me llegaban allí una semana en verano, que yo no quería ni estar con el calor que hacía en el mes de agosto, allí durmiendo arriba, que no se podía ni dormir.
Y que lo único que recuerdo con cariño es que me iba con mi abuela a la plaza, al mercado, y a él le encantaban las sandías, los melones, y ahí aprendí yo a catarlos, ya no a equivocarme.
También ya de mayor, me escondía allí en esa casa, cuando ya empezábamos, nos gustaban las niñas, ya empezaban a salir por los domingos, los días de fiesta, los veranos, que se salía por las tardes, yo me escondía allí para verlas venir. Y alguna que otra que me gustaba en ese momento, cuando salía con el vestido rojo, pues yo miraba, y a mí no me veía.
Y luego tenemos los otros abuelos, Antonio y Visitación. Yo, para mí, la casa de General Fresneda era un lugar de peregrinación, porque si no existiera Fátima y Lourdes, pues hablaríamos de la casa de General Fresneda. Aquí yo era un trasiego permanente, yo no he visto, no había hora del día, ni de la noche, salvo que cerrara ya mi abuela, que no hubiera gente del pueblo, de familiares, de no familiares, todo el mundo.
Y ahí, claro, las anécdotas que ahí siempre hemos contado, la abuela con el Cristo, que tenía allí, el Resucitado, el Tarzán, que decíamos nosotros, porque claro, de niños chicos.
Porque ya, con el tiempo, ya le dieron, ¿cómo se llama eso? Un barniz, y ya le dieron una segunda edición, perdonad que hable de esta forma, que no es nada irrespetuosa, y el párroco lo entenderá. Esa anécdota del Cristo que mi abuela la hablaba, y yo se ponía y digo, pero abuela, que yo le estoy diciendo que qué prisa tienen que yo me vaya de aquí, que yo lo estoy cuidando, que yo estoy aquí, que hay muchos sitios aquí, que allí arriba igual están todos muy agolpados, y que aquí sobra tierra, que a mí que no me lleve. Y también un día se acercó a Fátima, cuando vino don Carmelo, porque se enteró que don Carmelo había estudiado conmigo en Baeza del COU, y se acercó ya sola ahí a misa doña Fátima, y dice, me entera que usted es amigo de mi hijo, de mi nieto, Loren, me imagino, porque yo siempre he sido Loren, como si fuera de la familia usted también.
En fin, era una persona que a todos nos concitó, y por eso cuando nos fuimos de aquí para Cádiz, pues todos los veranos, la Semana Santa, las Navidades, el punto y la conexión personal era siempre la abuela Visitación.
Por tanto, este reconocimiento también es suyo de toda esa familia. Todos me acompañaron desde el primer día, me apoyaron en cada decisión y me hicieron descubrir que el éxito no se mide solo por los logros, sino por la fidelidad a los valores con los que uno fue educado.
Sigo con las gracias y con compartir los amigos galdurienses, no se pueden olvidar, de la infancia y de la juventud, dispersos geográficamente, pero siempre unidos a esta tierra jiennense que nos vio nacer y que nos dio el pegamento para comprender cosas importantes de la vida, la lealtad, el valor de la amistad. Muchos siguen formando parte estrecha de mi vida, sin que la distancia ni el tiempo afecten para nada al cariño y el respeto. Ya saben ustedes que hay un grupo de Wasapp que se llama The Galduria Boys.
Se hizo, curiosamente, cuando yo vine de Cádiz aquí a Granada, curiosamente, en ese año 2011. Hay algunos que escriben mucho, yo escribo poco, pero bueno, escribo en general hasta en el familiar, el Galturia Brothers, que es el segundo grupo de Wassap, yo ya no tengo más. Pero en ese Galduria Boys escriben mucho, sobre todo a Amador Viedma, que está aquí, que le gusta.
Hay otros. Y, por supuesto, no hay nada relacionado con Jodas, con el Cristo de la Misericordia, con algo de la feria, con algún acontecimiento personal que no aparezca ahí y que nos lo recuerde.
Manuelín también escribe algo últimamente, después hablaré de él.
Por eso, este reconocimiento no lo siento únicamente como algo personal, lo siento como –decía Rafael– un abrazo colectivo, un gesto que me devuelve a mis raíces, a mi historia, a mis calles, a mi familia, amigos, profesores y vecinos. Aquí aprendí el valor del esfuerzo, del trabajo bien hecho, del sacrificio silencioso. Lo aprendí observando a nuestros mayores, que con su ejemplo nos enseñaron que nada importante se consigue sin constancia y humildad.
Y ya termino el capítulo de agradecimientos, y no se me pueden olvidar los amigos que yo llamo de nuevo cuño. Yo ya estoy hermanado con la familia Loreto y con Guadix. Son la nueva familia que conocí y que me abrieron sus corazones y sus casas cuando vinimos a Granada.
Los acitenses o accitanos. Accitanos, perdón, usted perdone. Galduriense y accitano. Como estáis comprobando, hoy no comparezco aquí solo con palabras, sino con emoción, con el corazón abierto y lleno de gratitud.
Recibir el nombramiento de hijo predilecto es, sin duda, un honor y un gesto muy gratificante, y por eso lo he querido ahí poner en el libro, en la trayectoria de una persona. Y lo es porque nace del lugar que me vio crecer y soñar, del pueblo que me enseñó a ser quien soy, del nombre que llevo con orgullo allí donde voy, Jódar. Y me lo pregunta mucha gente, sobre todo desde que he vuelto aquí a esta zona geográfica.
Pues, Loreto, tú siempre dices caras de Jodas, nunca te callas. Pero, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Qué necesidad hay? ¿Que acaso tengo yo algo que ocultar? Jódar, no se puede no orgullecer de tantas cosas, aunque sea un pueblo complicado o complejo. Como después diré.
Yo he crecido aquí, he jugado y aprendido aquí, en definitiva, formado en gran parte como persona. Por eso Jódar es un paisaje emocional al que siempre regreso, un acento que nunca se pierde del todo, por muy lejos que uno esté. Porque uno puede marcharse de Jódar, yo lo hice hace muchos años, mis hermanas, también mi hermano, mi madre, pero Jodas nunca se marcha de uno.
A menudo me preguntan, como decía, por este pueblo complicado, me dicen. Luego ya me pregunta por el castillo, por esa carretera tan larga que la atraviesa. Bueno, era la calle principal, que era lo único que teníamos para recorrer, de arriba abajo, del Andaraje al Ejido.
Por su convulsa, ajetreada y reivindicativa vida política, siempre contesto que no se queden solo con ese simple aspecto o reflejo social y mediático. Porque hay muchos rasgos positivos que definen a Jódar. Es un pueblo asentado a los pies de Sierra Mágina, vigilado desde lo alto por su castillo, que nos recuerda que Jódar siempre ha sabido levantarse, adaptarse y mirar al futuro sin renegar de su pasado.
Y, precisamente, si hay algo que define a Jódar es su gente trabajadora y solidaria. Galdurienses que se han convertido en emigrantes y temporeros por obligación, pero que han vuelto siempre a este su hogar, que ha sabido compartir lo poco y celebrarlo mucho, que ha vivido del campo, del olivar, del esfuerzo diario. Como diría el poeta, en cada aceituna, en cada campaña, en cada amanecer temprano, se ha ido construyendo el alma de este pueblo.
Me vino, de pronto, una vivencia muy personal. Yo cogí el autobús, no podíamos estudiar aquí, teníamos que irnos a Úbeda. Cogíamos el autobús por la mañana o nos llevaban a mi padre, muy temprano.
Y, en los meses de recogida de aceituna, yo siempre veía salir todos los tractores, toda la gente, los hombres, las mujeres, los niños, para la aceituna, con esa palabra que es muy nuestra, «arrecios de frío». Son meses de diciembre para recoger aceituna. Esa dureza del trabajo la comprendí años más tarde, cuando nos contrataron para recoger aceituna.
Yo estuve un año recogiendo aceituna durante todos los fines de semana de la campaña. Lo hicimos porque, entonces, nuestros padres no nos podían costear el viaje de fin de estudios. Ahora los nietos tienen más suerte. Y, para coger un dinerillo, pues nos fuimos, un grupo de estudiantes, a recoger aceituna. Cuando nos vio el capataz, el primer fin de semana, el sábado, y íbamos sábados y domingos. Dice «ya están aquí los señoritos, vamos a ver». Bueno, pues, no sé, ya la ilusión. Ya lo primero que a mí me gustó es ese aspecto, cuando tú te juntas a las siete de la mañana, siete y media, con esa lumbre donde echas el tocino, donde dices «niño, come, come, que lo echarás de menos luego, dentro de dos o tres horas, que esto da calor, esto empuja». Pues venga, pues tocino de la brasa.
Prendimos los sabañones en las manos, que no las puedes mover y, efectivamente, comprendí la dureza del trabajo y, por tanto, la importancia que tiene también todas las profesiones, que son tan nobles como la que uno puede ejercer en una oficina.
El hombre que guarda muchos recuerdos de su infancia está salvado para siempre. Lo dijo Dostoyevki, que estuvo muchos años encerrado, como saben, en los campos de Siberia, necesitaba esos recuerdos para sobrevivir.
Pues bien, en mi caso, gran parte de esos recuerdos están ligados a este pueblo, a sus calles, antes eran empedradas. Para mí siempre serán los escenarios de una infancia feliz y un campo de aventuras sin límites. Crecimos en un tiempo en el que la calle era nuestra escuela.
Alvarito, aquí era siempre la calle. Tú ya no puedes estar, que hay muchos coches. Jugando con mis amigos del pueblo, que no se eligen, que siempre están ahí y que por eso mismo se convierten en familia.
Aprendimos lo que significaba compartir, discutir, reconciliarnos y volver a jugar como si nada hubiera pasado. Y ahí las anécdotas, la multitud de anécdotas y lugares, siguen grabadas y sin esfuerzo, que te vienen. La foto esa de la escuela general Fresneda y esas pajaritas que nos ponían en una foto, que la tengo grabada, esos babis a rayas.
Esa enseñanza obligatoria de esos tiempos, que conllevaba tirones de orejas y la palmeta, que le pusimos 'doña Gertrudis', que no se me olvida. Los baños de los sábados por la noche en casa de la abuela, como no había agua todavía. Mi abuela fue de las primeras que tuvo agua corriente, los demás si todavía iban con cántaro.
Todas las noches, los sábados, un día en semana. Ahora ya se ducha uno o dos a los días. Un día en semana nos traían a casa de mi abuela, todos, por supuesto, éramos los dos, uno detrás de otro en la misma agua, como es lógico, para que cogiera eso.
Y luego nos ponían el pijama, nos ponían un abrigo y, niños, corriendo, corriendo para la calle Numancia. No sé por qué esa imagen la tengo con muertos de frío allí con el abrigo y con el pijama. Para el frío de la cama, la cama estaba peor todavía, la cama. Allí con la estufa de butano que la íbamos pasando por cada habitación.
En fin, el mal humor, el niño que no se estaba quieto nunca, el mal humor cuando tenía hambre. Carmen, Carmen, traiga usted los churros, los churros, palones
Mi madre siempre se quejaba, yo tenía hambre y quería los churros. Entonces, eran perillos o Cascales los que estaban ahí. ¿Cuáles eran los mejores, los de Perillo o los de Cascales? La primera película de cine que la vi aquí al lado. Y, además, no se me ha olvidado, porque me asusté, me asusté, que se llamaba 'Alí y el camello'. Me recordó con el tiempo, porque de pronto no ves nada y, de pronto, la cámara capta a un camello, la boca, el hocico, y yo me asusté. Y me recordó con el tiempo la película Nosferatu, que si la habéis visto alguno, de pronto te aparece. Pues bien, aquí, aquí al lado, esos juegos interminables en el paseo. Jugábamos siempre al pañolito y luego nos dio por jugar, pero constantemente, al churro, media manga, mangotero. Después se ha llamado esto churro va o burro va, que en mi caso yo creo que va conmigo, porque no se me ocurrió otra cosa que jugar con niñas también al juego. Una de ellas era mi hermana, me subí encima y le rompí las piernas.
Y, por cierto, no se me olvida que mientras los mayores se tomaban sus copitas en los bares de al lado y no había forma de que te dieran ni una Fanta. No, niños, espérate a que lleguemos a casa. Los niños, entonces, no tomaban nada en casa. Y se ve que salís por la noche ya cenados, con las tortillas y todo eso para no gastar. Álvaro, las canicas en la calle, el fútbol en la acera, los balones de papeles y plástico. Esto lo comprendéis, me ha venido un poco por mis nietos. Los balones de papel y plástico cogidos bien con una cuerda, bien amarrados. Con eso jugábamos nosotros.
Mi primer balón de cuero, fue regalo de reyes. Y un amigo, con esa gracia que en ese momento tenemos todos, pues yo lo llevaba después de jugar en la era y le pegó. Me dio un golpe, me lo quitó y, claro, ¡bah!, salió el balón que estaba recién estrenado y lo explotó un coche que pasaba. Yo recuerdo que fueron mis primeras lágrimas, no se me olvida. Luego hubo algunas más por regañinas que, entonces, nos decían por llegar un poco tarde a casa. Ya estuvo hoy eso.
O por incumplir ese horario que luego mi hermana ya no tuvieron que padecer tanto. Ya nos habían regañado bastante a los mayores.
Recuerdo los veranos interminables, cuando el tiempo parecía no avanzar y lo único importante era qué íbamos a hacer ese día.
Los veranos en la casería, tan distinta hoy. Las siestas obligadas, que nos obligaran unas siestas de dos horas que no se podía uno mover. Yo creo que por eso no he hecho siesta nunca, no la he hecho.
La obsesión por subirme a los árboles, se metía muchísimo mi madre y la tía Pepa. Niño, ninfo, como ella decía, ninfo. Todos los días en los árboles subido, me encantaba, por Dios, lo reconozco, coger higos y almendras.
La alberca que concitaba tanto público, eso sí, salvo cuando una vez al mes había que limpiarla, porque, claro, había que tirar el agua. Entonces, había muy pocos voluntarios. Las excursiones a la piscina municipal, que me gustaba tirarme del trampolín. Yo creo que por eso tengo el problema de oído. Me preguntaban, dice, ¿usted ha hecho submarinismo? Digo, no. Dice, pues, entonces, si se ha tirado del trampolín. Digo, de chico, sí. Pues ya está.
La salida en bicicleta hasta el Atanor. ¿Te acuerdas de Manolín? Íbamos en bicicleta de aquí a la Tanor. Son quince kilómetros, nada más, en bicicleta. Y, además, bueno, la bicicleta de entonces. Salgo la de Manolín, como yo le digo, que se me olvida y siempre se lo digo diciendo, Manuel Alonso, que él tenía una de sus hermanas que era muy chiquitilla. Entonces, él tenía que pedalear el doble que los demás. Yo creo que las piernas que tiene vienen de entonces, no puede venir de otra cosa.
En fin, campeonatos, partidos de tenis en agosto. Entonces, estábamos ya asombrados de los avances del pueblo. En una revista que ya ha comentado Ricardo hicimos un artículo que se llamaba «De la era 'empedra' a la nueva pista de tenis». Y ahí íbamos a jugar, ¿te acuerdas, Antonio?, con casera. Jugábamos y bebíamos casera, en vez de agua. Yo no lo puedo entender, de verdad. Y también hubo algún campeonato de tenis en la feria donde, por cierto, yo siempre quedaba segundo. Siempre me ganaba mi primo Antonio, siempre. Yo reconozco que jugaba mejor que yo, pero tenía una espinita y yo creo que una sola vez te gané, me parece, ¿o no? Mira, no lo quiere recordar, ¿eh?
¿Qué decir de nuestra excursión a pie, sin destino concreto? Muchos festivos, incluso vestidos, habían vestidos, porque aquí un festivo, mi madre decía que no se podía salir mal vestido. Íbamos hasta el repetidor y mi primo Pedro era el más adelantado de todos, pues subíamos hasta el repetidor del pueblo. Y eso era, pues, yo qué sé, como el que va aquí a dar un paseo al bar. El Pilar de la Dehesa, la ermita de San Isidro, en fin, las lumbres de San Antón, los cigarros de Matalauva, que entonces eran Celtas Cortos y el palma mentolado que se llevaba.
Las reuniones clandestinas en la plaza de Fátima. Digo clandestinas porque, cuando ya crecimos un poco, pues ya, en vez de irnos al paseo, habéis de irse a Fátima, que yo estaba más oscuro. Y allí los mayores no te vigilaban tanto que estaban en el bar de enfrente del paseo.
Y se ponían, pero ¿qué hacéis allí? ¿Para qué tenéis que iros allí tan lejos? No hacíamos nada. Pero, bueno, estábamos allí, estábamos allí como, bueno, más independientes. El cine de verano del tío Antonio. Mi mujer me pregunta por qué me gustan tanto las películas del oeste. Luego vinieron las del destape, pero ya no nos dejaban.
En fin, terrazas para baile, la feria. Los coches de choque que me volvían loco. Y loco me volví porque un día se me ocurrió montar a mi hermano Antonio y, como yo iba, pues, pegándole choques a todo el mundo, en uno de esos se me escapó del brazo que lo llevaba, se pegó con todos los morros aquí y empezó a sangrar. Y yo, pues, claro, llorando, que fue la segunda vez Antonio contigo, a casa de la abuela a ver qué te había pasado.
Hay recuerdos imborrables. Algunos no querríamos recordarlos, pero me vinieron y los dejaremos ahí como accidentes traumáticos para el pueblo, con el choque de un autobús escolar que tanto sufrimiento trajo a tantas familias.
Y recuerdos imborrables, pues, de personas. Hay algunas, pero hay tantas. Antes existía don José Cubero, don Saturnino, Curro del practicante, Ramón Peralta, Narciso Mesa, los dos curas del pueblo, entonces eran dos. Ahora el párroco es de Fátima y de la Asunción.
Allí teníamos, no se me ha olvidado, don José Checa Tajuelo. Hay palabras que no se te olvidan. Y don Manuel el párroco. Eran muy distintos, físicamente, bueno, y también en lo demás. Pero yo me acuerdo que don José Checa, que tenía un cariño y era una persona de esas que nos invitaba a los niños ahí a su casa, nos llevaba para merendar. Don Manuel era mucho más serio. Cuando íbamos a misa, a mí me gustaba ponerme al final, por si había que salir un poquito. Y él siempre, niño, aquí hay sitio, aquí hay sitio. Eso es muy típico de la iglesia.
Y también recuerdo eso, los jueves santos, con la visita al sagrario, yo eso nunca lo entendía. Me decía mi padre, no, tenéis que salir y entrar seis veces. Salíamos, entrábamos seis veces el jueves santo a la misma iglesia para hacer las visitas al sagrario.
Y luego, por supuesto, pues con la chaqueta y en algún momento previo la corbata de chicle. Esa corbata que nos tenían que poner, porque los niños teníamos que ir con corbata...”. (Continuará)
El acto concluía con la audición del Himno de Andalucía.




