28 de febrero con A de Andalucía y A de Amor
La opinión de Lola Fernández

Morón de la Frontera
“Andalucía es una esencia permanente que sabe evolucionar sin perder su alma.”
Con esta frase del profesor García Calabrés, describo lo que para mí fue este sábado pasado, que no podré olvidar, porque fue un 28 de febrero escrito con A de Andalucia y A de Amor, en toda la extensión de su ser.
El día, dio la bienvenida con un sol como luz de Dios que se filtra en la tierra y que todo lo desvela y revela y con un azul cielo de serenidad infinita, así, la mañana nos envolvió en un abrazo tranquilo del aire.
Con esta paz que mi parte poeta muestra, nos preparamos para acercarnos a la iglesia de San Miguel y con la familia, los amigos y los conocidos que nos congregamos allí, dio comienzo a las 10 de la mañana una misa de acción de gracias por los 50 años de sacerdocio de nuestro tío Eduardo Martín Clemens.
Con el corazón henchido, las palabras que resonaron en la iglesia nos conmovieron y nos emocionaron porque como se describió perfectamente, “Dios escribe su historia con hilos de ternura y providencia.”
50 años de cura, 50 años de confesiones, de palabras de esperanzas para el necesitado, de ayudas, de vidas compartidas, de consuelos y desconsuelos, de acompañamiento y de entrega, dejar de ser yo para convertirse en nosotros, de darse por completo.
Eduardo es el hombre que Dios eligió para seguirle y por el que su familia, sus amigos y todos los que de alguna manera lo conocen, lo admiramos y queremos.
Y Eduardo además es un hombre comprometido, un sacerdote que pelea por las injusticias, algo que aprendió de la mano de su madre, en aquellos años de su niñez cuando lo llevaba a visitar y compartir la pobreza del más pobre, ayudando, prestando atención a quien la sociedad no quiere ver, aprendiendo a cuidar a esa humanidad ausente.
Es por eso que, en esa mañana azul, horas más tarde y en el Teatro Oriente en la gala del Día De Andalucía y en el acto institucional de Honores y Distinciones fue distinguido como Hijo Predilecto de Morón de la Frontera, por toda una vida de fe, llevando el nombre de su ciudad natal por todos los lugares del mundo.
No quiero dejar de mencionar, lo orgullosa, que a parte de este vinculo familiar con nuestro tío, me sentí el sábado cuando en esa gala, se otorgaron otras tantas menciones merecidísimas, que por falta de tiempo no voy a poder nombrar, pero de las que me siento profunda e igualmente orgullosa.
Cada una de las personas que subieron al escenario del Teatro sentirían el cariño de los que allí estábamos, porque se premia la trayectoria de cada uno de ellos, de sus vidas, de su entrega y de llevar a gala el nombre de Morón por todas partes, de una u otra manera.
Un acto cargado de sentimientos, arte, música, entrega, fe y mucho Amor.




