Así era Arahal cuando empezó el siglo XX
La llegada del siglo XX trajo a Arahal grandes avances como la electricidad, el agua corriente o la plaza de abastos, pero también años difíciles marcados por la sequía y los retos de una economía agrícola.

Obras de remodelación calle y plaza de la Corredera. Archivo fotográfico de A. Pereira

Arahal
Rafael Martín Martín, cronista oficial de la Ciudad - COMENTARIO Nº 103

Rafael Martín - COMENTARIO Nº 103 - UN VIAJE AL ARAHAL DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX- ENTRE LA MODERNIZACIÓN Y LA ADVERSIDAD
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Tras una segunda mitad del siglo XIX marcada por la consolidación del Estado moderno, impulsado por las políticas liberales y los grandes avances tecnológicos del momento, El Arahal se asomaba al nuevo siglo con importantes desafíos . El municipio se encontraba inmerso en el sistema político de la Restauración, iniciado en 1874, que seguía vigente y con plena influencia en los primeros años del siglo XX.
La llegada del nuevo siglo fue celebrada con especial entusiasmo. En la noche del 31 de diciembre de 1899, El Arahal se preparó para recibir el año 1900 con la adquisición de globos de cristal —conocidos también como bombas— destinados al alumbrado de la plaza de Alfonso XII, la actual plaza de la Corredera. La velada incluyó fuegos artificiales y acompañamiento musical, aunque aún no se había implantado la tradición de tomar las uvas, costumbre que no se generalizaría hasta bien entrada la primera década del nuevo siglo.
La organización de estos festejos corrió a cargo de la Comisión de Veladas y Festejos, una de las once comisiones que integraban la corporación municipal de la época. Dicha corporación estaba presidida por don Miguel Benjumea Zayas, representante del Partido Conservador, quien había asumido la alcaldía el 30 de julio de 1899. Junto a él, ejercían tres tenientes de alcalde y doce concejales.

Alcalde D. Miguel Benjumea Zayas

Alcalde D. Miguel Benjumea Zayas
Sin embargo, El Arahal llegaba a este primer año del siglo XX tras una década marcada por un notable descenso demográfico. En los últimos años del siglo XIX se perdieron cerca de mil habitantes y ciento setenta y cinco familias, lo que tuvo consecuencias directas en la organización municipal. Este municipio tenía a principios de siglo 8.100 habitantes. Según lo establecido por la Ley Municipal de 1877, que regulaba la composición de las corporaciones en función del número de habitantes, el Ayuntamiento pasó de contar de diecisiete a dieciséis concejales.
El municipio seguía dividido en tres distritos, cada uno bajo la responsabilidad de un teniente de alcalde y un alcalde de barrio, lo que garantizaba una descentralización de la organización municipal. El primer distrito, correspondiente al sector del centro urbano, estaba formado por dieciocho calles y concentraba una población aproximada de dos mil setecientos vecinos. El segundo, con dieciséis calles, abarcaba parte del casco antiguo y la zona sureste; era el menos poblado, con alrededor de dos mil quinientos habitantes. El tercer distrito, el más extenso, incluía veintitrés calles —algunas del casco histórico y la mayoría situadas en la zona oeste— y era también el más poblado, con cerca de dos mil novecientos vecinos.
El censo de 1900 refleja también importantes cambios en el callejero, fruto del deseo de rendir homenaje a figuras y acontecimientos relevantes de la época. Así, la calle Corredera pasó a denominarse Cánovas del Castillo; la plaza de la Corredera adoptó el nombre de plaza de Alfonso XII; y la calle Veracruz fue rebautizada como Miguel de Zayas. Al mismo tiempo, el crecimiento urbano dio lugar a la apertura de nuevas vías, como las calles Colón y Castelar, surgidas a partir de los trascorrales de la calle Barriete, así como la creación de la calle Monjas tras la división de la calle Álvaro de Paz, actual calle Espaderos. A ello se sumaron los trascorrales de las calles Mina y Victoria.
Este era el panorama urbanístico de el Arahal de 1900 que, a partir de ahora va a iniciar una enorme explosión demográfica y una política municipal de continuidad de los grandes proyectos iniciados en años anteriores, como la traída del agua corriente o la implantación de la red eléctrica, o los grandes retos constructivos, como la creación de la plaza de abastos en los terrenos de la antigua plaza vieja o la adaptación del ex convento de San Roque para albergar allí el nuevo cuartel de la Guardia Civil, aparte de obras de importancia en las calles del municipio, como la remodelación de la plaza de Alfonso XII, el empedrado de la calle Mina, Pozo Nuevo, Huertas, Mogrollos, Felipe Ramírez, Corredera y las de las nuevas calles Castelar y Colón. Era la comisión de obras, conocida también en otros momentos como comisión de policía urbana y rural la encargada de las mismas, tanto de la propia reparación del adoquinado y empedrado de las calles, utilizando para el acerado, ya incluido en muchas del callejero arahalense, las resistentes losas de Tarifa o de Algeciras.

Obras de remodelación calle y plaza de la Corredera. Archivo fotográfico de A. Pereira

Obras de remodelación calle y plaza de la Corredera. Archivo fotográfico de A. Pereira
La construcción de la plaza de abastos fue uno de los pasos más significativos en el camino hacia la modernización de El Arahal. El proyecto no fue inmediato: comenzó a gestarse en 1870, tuvo un nuevo intento en 1883 y, tras años de espera, no se hizo realidad hasta el 30 de julio de 1899. Aquel día, el entonces alcalde, don Miguel Benjumea, planteó ante la corporación municipal la necesidad urgente de dotar al municipio de un mercado de abastos acorde con las demandas de la población, fomentando con ello el control de los alimentos para garantizar la salud alimentaria.
Aprobada la propuesta, las obras se sacaron a subasta el 8 de octubre de 1899 y fueron adjudicadas a la Sociedad Constructora Arahalense. La ejecución del edificio y la mejora de sus espacios exteriores no solo permitió centralizar el comercio en condiciones más higiénicas y organizadas, sino que demostró la capacidad de la comunidad para impulsar obras públicas fundamentales para el bienestar colectivo.

Plaza de abastos. Archivo fotográfico de A. Pereira

Plaza de abastos. Archivo fotográfico de A. Pereira
Concluidos los trabajos en los primeros meses de 1900 —y tras equipar los puestos con básculas, persianas, quinqués y suministro de agua corriente—, la plaza fue inaugurada oficialmente el 25 de marzo de ese año.
Otro proyecto relevante fue la remodelación del antiguo convento de San Roque para convertirlo en cuartel de la Guardia Civil. El Ayuntamiento asumió las obras, iniciadas en octubre de 1899, con el objetivo de albergar a los siete guardias civiles que, según el censo de 1889, prestaban servicio en la localidad. En el nuevo emplazamiento se habilitó también un puesto de caballería para patrullar los campos y zonas de difícil acceso, además de espacios destinados a los caballos sementales que hacían parada en El Arahal camino de Écija. El cuartel permaneció allí hasta 1945, cuando se trasladó a la casa-palacio de los Torres, en la calle Felipe Ramírez.
La llegada de la electricidad supuso otro hito en este tránsito hacia la modernidad. Aunque las primeras gestiones se remontaban a 1879, diversas dificultades económicas y desacuerdos con empresas licitadoras retrasaron el proyecto durante años. Finalmente, en 1899 se retomaron las negociaciones con la Sociedad Eléctrica de Marchena, logrando una puesta en funcionamiento provisional en febrero de 1900. El tendido eléctrico comenzó iluminando las calles, el Ayuntamiento y el hospital de la Santa Caridad y Misericordia. No sería hasta 1908, con la llegada de la línea Hidroeléctrica de Utrera a Arahal, cuando el suministro se estabilizó y ganó potencia.
Ese mismo impulso modernizador alcanzó al abastecimiento de agua potable. El proyecto, iniciado en 1880 y retomado en 1890 tras un acuerdo con los señores José y Trinidad Soriano, se consolidó definitivamente en torno a 1900, ampliándose a nuevas calles y reforzándose el sistema de alcantarillado.
Estas mejoras se sumaban a los avances en comunicaciones que ya habían transformado la localidad en décadas anteriores: el ferrocarril, inaugurado en 1868, y la carretera de segundo orden abierta en 1890, que conectaba Alcalá de Guadaíra con Osuna pasando por El Arahal, reforzada además por la vía que unía Marchena con Morón. El municipio se encontraba, así, cada vez mejor integrado en las redes de comunicación comarcales.
Sin embargo, el año 1900 no estuvo exento de dificultades. Desde 1898 hasta 1901 se sufrió una prolongada sequía, especialmente dura en el verano de 1900, con temperaturas intensas y persistentes. Para una economía basada fundamentalmente en la agricultura, las consecuencias fueron severas. El cereal y el olivar —los pilares productivos del municipio— registraron malas cosechas, afectando directamente a la población, cuya subsistencia dependía en gran medida del trabajo en el campo.
Ante esta situación, el Ayuntamiento volvió a recurrir a medidas ya empleadas en épocas de crisis: impulsar obras públicas locales para ofrecer jornales a los trabajadores agrícolas que habían quedado sin empleo, y exigir la colaboración de los sesenta y cuatro mayores contribuyentes del municipio, quienes asumían determinadas peonadas en momentos de necesidad.
A pesar de estas dificultades coyunturales, el nuevo siglo traería también una etapa de prosperidad. Entre 1910 y 1920, El Arahal vivió una auténtica edad de oro impulsada por la expansión de la aceituna de mesa —la “aceituna de comer”, como se la denominaba entonces—, cuya producción, iniciada en 1858, superaba ya las diez mil arrobas. Aunque la aceituna destinada al molino seguía siendo predominante, con alrededor de noventa mil arrobas, el crecimiento del sector consolidó una potente industria oleícola, con treinta y ocho molinos de aceite en funcionamiento.

Molino aceitero arahalense. Archivo fotográfico de A. Pereira

Molino aceitero arahalense. Archivo fotográfico de A. Pereira
Junto al olivar, los cereales continuaban siendo fundamentales en la economía local: trigo, cebada, maíz, habas, garbanzos y hortalizas mantenían su importancia en su producción, no así la vid, que sufrió el efecto de la plaga de la filoxera, que alcanzó su fase más dura entre 1885 y 1905, que se tradujo en la desaparición de la gran mayoría de los cuarenta y tres lagares que llegó a tener a lo largo del siglo XVIII y gran parte del XIX. El valor medio anual de las cosechas rondaba las 35.000 pesetas. La industria alimentaria asociada también tuvo relevancia, aunque con cierta reducción en el sector harinero —ya solo tres molinos—, complementada por cuatro fábricas de aguardiente y dos de jabón.
Así comenzaba el siglo XX para El Arahal: entre la modernización y la adversidad, entre la sequía y el progreso, construyendo poco a poco las bases de su desarrollo económico y social.
Este recorrido se completará en un próximo comentario con otros aspectos esenciales para comprender la vida en el Arahal de comienzos del siglo XX, como las costumbres cotidianas de sus vecinos, sus formas de sociabilidad y, por supuesto, sus celebraciones y fiestas, que constituían uno de los principales espacios de encuentro y convivencia de la comunidad.

Sonia Camacho
Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...




