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Opinión

La incomprensible Sevilla vaciada

El subdirector de Diario de Sevilla, Carlos Navarro Antolín, alerta de los valores que ofrecen los pueblos frente a una gran capital con más oportunidades, pero cargada de excesos

Carlos Navarro Antolín: La incomprensible Sevilla vaciada

Sevilla tiene un tesoro en sus pueblos serranos. Sí, decimos 'pueblos' con todo el valor que tiene el término, que nunca entenderemos la manía por arrinconar tan hermoso vocablo.

La Sierra Morena es un privilegio a golpe de excursión con unos beneficios para la salud que ya apreció Felipe V, el primer Borbón.

Hay que conocer nuestros pueblos serranos, apreciar sus formas de vida, su aire limpio, su gente sencilla, su sentido de la velocidad de la vida cotidiana, más tranquila y más profunda, intensa y rica, auténtica y abierta a quienes se acercan con el interés y el afecto que merecen las cosas puras.

Algún informe advierte de que hay pueblos, como Almadén de la Plata, que se vacían poco a poco. No estamos en la provincia de Sevilla como Castilla y León, pero oímos ya los primeros avisos.

Las ciudades se llenan de turistas consumistas, mientras hay pueblos de la Sierra Morena que pierden vecinos, sobre todo niños. Esos niños que son la alegría, la esperanza, la inocencia y la vida. Niños que se crían en un ambiente sano, de chimeneas en invierno y puertas abiertas en verano, que así lo vemos a menudo; de fuentes de agua fresca, de paseos por campos verdes, con el sonido de animales y, también, claro que sí, con adversidades, pero como las hay en todos lados.

Dichosos los que pueden darle a sus hijos la experiencia de vivir en un pueblo. Hay vida más allá de la capital. No digamos de las playas masificadas.

El pueblo representa tantas veces la familia, la amistad, un concepto hermoso de intimidad y recogimiento, las fiestas medidas, el aperitivo en un casino, el bar donde se cocina de verdad, el notario y el cura que sienten próximos... ¿Cómo se puede vaciar todo eso? Llegará la hora de mirar de nuevo a los pueblos, donde podrá haber menos recursos para labrarse un futuro, pero se encuentra una base de valores que no se consiguen con el wifi. Conocer y disfrutar de un pueblo requiere tiempo, paciencia y criterio. No se compra a golpe de ratón de ordenador. Niños de pueblo, niños fuertes. Hombres de pueblo, adultos sabios.