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Una brecha cada vez mayor

La diferencia salarial afecta a las mujeres en Andalucía es más grave porque los sueldos son más bajos y se agrava cuando cobran más

Una brecha cada vez mayor

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Sevilla

La brecha salarial en Andalucía no es un dato suelto en una tabla, sino un síntoma persistente de cómo funciona nuestro mercado laboral. Y, a diferencia de otras comunidades, aquí la desigualdad se amplifica tanto por la base como por la cúspide. El resultado es un sistema que penaliza a la mujer cuando entra, cuando avanza y cuando intenta llegar arriba del mercado laboral.

El primer problema es sencillo de explicar y muy difícil de corregir: las mujeres andaluzas parten de salarios más bajos. El último informe elaborado por la asociación de inspectores de Hacienda, Gestha, lo cifra con precisión porque usa datos individuales de la Agencia Tributaria: un salario femenino medio de 17.949 euros, claramente por debajo de la media nacional. Con esa base, cualquier diferencia entre hombres y mujeres se convierte automáticamente en una brecha relativa mayor. No es sólo que cobren menos; es que cobran menos desde el inicio, y por tanto tienen menos margen para acercarse al nivel masculino.

A esto se suma otra realidad incómoda: más de la mitad de las mujeres ocupadas en Andalucía cobraron en 2024 menos que el SMI. Hablar de brecha salarial cuando la mitad de la fuerza laboral femenina está atrapada en los tramos más bajos no es hablar de un fallo aislado, sino de un sistema entero que empuja hacia abajo. Mientras no se corrija la precariedad estructural, cualquier intento de reducción de la brecha será cosmético.

El tercer problema está en la geografía interna. No es lo mismo trabajar en Huelva que en Almería, ni en Cádiz que en Granada. Provincias como Huelva, Cádiz o Sevilla concentran brechas mucho más altas, lo que demuestra que el modelo productivo –temporalidad, sectores de baja remuneración, composición del empleo– actúa como una maquinaria que reproduce desigualdad año tras año.

El cuarto punto crítico aparece cuando debería corregirse la desigualdad: en el momento de consolidar la carrera profesional. Entre los 26 y los 35 años, Andalucía no converge; se aleja. Y a partir de los 36 la brecha se ensancha hasta niveles que convierten la promoción en un camino mucho más estrecho para la mujer. Es un edadismo retributivo que castiga justo donde debería impulsarse el talento.

Y luego está la parte alta. El famoso techo de cristal. Andalucía añade una dificultad extra: llegan pocas mujeres y las que llegan cobran bastante menos. No hay igualdad en la línea de salida, ni en la mitad del recorrido, ni en la meta.

La conclusión es clara: la brecha salarial en Andalucía no es un desajuste puntual. Es la consecuencia de un mercado laboral que combina salarios bajos, precariedad persistente y escasez de oportunidades de promoción. Mientras estos tres engranajes sigan funcionando al mismo tiempo, la brecha no se cerrará, por mucho que cambien las cifras.

 

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