Hoy por Hoy Jerez
Opinión

‘Convertir un cartel en un homenaje a la delicadeza’

La firma de Juan Infantes en Hoy por Hoy Jerez

Firma Juan Infantes

Jerez de la Frontera

Ahora que parece necesario gritarlo o publicarlo todo, tiene mérito que un simple cartel de Semana Santa se cuele en la ciudad en ‘modo susurro’. Cinco mil alfileres para dibujar la silueta de una Virgen, no es una mera ocurrencia. Bien mirado, es un claro homenaje a esa pieza mínima, callada y obediente (algunas veces, no tanto) que lleva siglos sosteniendo, sin foco ni aplausos, buena parte de la belleza que luego todos admiramos.

Porque el alfiler, en el microcosmos capillita, siempre ha sido un servidor ejemplar. Lo manejan vestidores, priostes, mayordomos, camareras; lo esconden con oficio, lo clavan con pulso, lo retiran con cuidado. Está en todo y no figura en nada. Como tanta gente buena de hermandad.

Por eso quizá el cartel acierta precisamente donde otros se quedan en la ocurrencia: no se limita a llamar la atención, sino que dignifica un oficio menudo, una herramienta humilde, una artesanía de la delicadeza. Le da protagonismo a lo que siempre está oculto, como si quisiera dar visibilidad a uno de sus servidores más discretos. En realidad, no es un capricho, sino más bien una reverencia.

Hay carteles que buscan impactar, pero este en el fondo lo que hace es agradecer. Y eso, tal y como está el patio, ya es bastante. Darle voz al alfiler, que siempre trabajó para que quien hablara fuera la Virgen, no parece mera ocurrencia. Más bien parece una de esas cosas que, siendo nuevas, resultan antiguas: justas, delicadas y perfectamente reconocible.