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Arahal en 1900: madrugadas en la plaza, jornales inciertos y un pueblo que despertaba

Crónica de un día en la vida del Arahal de principios del siglo XX

Vista aérea de la villa de El Arahal. Fotografía del Archivo de A. Pereira

Vista aérea de la villa de El Arahal. Fotografía del Archivo de A. Pereira

Vista aérea de la villa de El Arahal. Fotografía del Archivo de A. Pereira

Arahal

Rafael Martín Martín, cronista oficial de la Ciudad - COMENTARIO Nº 104

RAFAEL MARTÍN - COMENTARIO Nº 104 - CRÓNICA DE UN DÍA EN LA VIDA DEL ARAHAL DE 1900

RAFAEL MARTÍN - COMENTARIO Nº 104 - CRÓNICA DE UN DÍA EN LA VIDA DEL ARAHAL DE 1900

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El comentario de hoy completa al anterior, mostrando así la visión de nuestro pueblo en el primer año del nuevo siglo XX.

Aún no ha amanecido en Arahal. La noche sigue cubriendo las calles del pueblo, pero poco a poco la vida comienza a despertarse. En la oscuridad de la madrugada, hombres con paso rápido salen de sus casas. Son jornaleros que se dirigen hacia la plaza de la Corredera, el lugar donde cada mañana se decide si habrá trabajo… o no. Allí esperan en silencio. Los capataces y propietarios eligen… y señalan. Algunos tienen suerte. Otros regresan a casa sin jornal, sin trabajo y con la incertidumbre de qué ocurrirá al día siguiente.

Los elegidos parten entonces hacia el campo. Caminan hacia los puntos de salida del casco urbano, llamados ruedos, las tierras más fértiles y codiciadas del término, donde se cultivan trigo y otros cereales.

Concentración de jornaleros en la Plaza de la Corredera Archivo fotográfico de A. Pereira

Concentración de jornaleros en la Plaza de la Corredera Archivo fotográfico de A. Pereira

Concentración de jornaleros en la Plaza de la Corredera Archivo fotográfico de A. Pereira

Concentración de jornaleros en la Plaza de la Corredera Archivo fotográfico de A. Pereira

Otros parten desde el propio campo. Son las familias de la población diseminada, que viven en chozones, pequeñas casillas o en los mismos cortijos. Desde allí se dirigen hacia los cortijos donde igualmente por parte del capataz o propietario lo contratan o no y de ahí parten hacia el tajo. Muchos lo hacen montados en un jumento, el medio de transporte más común. Otros suben a los carros que salen de las casas de campo de los grandes propietarios.

Hacienda rodeada de olivos y de tierra de cereales . Álbum fotográfico de A. Pereira

Hacienda rodeada de olivos y de tierra de cereales . Álbum fotográfico de A. Pereira

Hacienda rodeada de olivos y de tierra de cereales . Álbum fotográfico de A. Pereira

Hacienda rodeada de olivos y de tierra de cereales . Álbum fotográfico de A. Pereira

Aunque la mayoría de los jornaleros trabaja para otros, algunos conservan pequeñas parcelas de tierra. Alrededor del 40 % posee modestos terrenos llamados hazas, recibidos tras el reparto de tierras del Duque de Osuna en 1863. Son parcelas pequeñas de apenas dos o cuatro fanegas. No bastan para vivir, pero que ayudan a completar los ingresos que , como jornalero, gana en los grandes cortijos durante buena parte del año.

Sin embargo, muchos otros no tienen absolutamente nada. Dependen por completo del jornal que puedan conseguir cada mañana. En Arahal, la mayor parte de las grandes fincas están en manos de unos sesenta y cuatro grandes propietarios, que han adquirido parte de sus tierras, tras las subastas de los bienes del ducado de Osuna, que precisamente se está llevando a cabo en este año. Ellos controlan la economía del municipio.

Antes de comenzar la jornada, no es extraño que muchos jornaleros se acerquen a una taberna o a una bodega. Allí toman un copa de aguardiente, una bebida muy popular en la localidad.

No es casualidad: Arahal cuenta con cuatro alambiques, dedicados a su elaboración , convirtiéndose en una de las pocas industrias alimentarias del pueblo.

Para la larga jornada, llevan consigo su capacha, donde guarda la comida del día. La base es el pan, normalmente una hogaza de centeno. Lo acompañan con lo que haya: aceite de oliva, tocino o manteca colorá, sardinas prensadas o arenques, y aceitunas aliñadas o prietas, cuando es temporada. A veces también hay morcilla, chorizo o una tortilla de patatas o papas aliñás. Los guisos son raros en el campo. En verano, lo más común es el gazpacho, que se transporta en una bota y se come para aliviar el calor de las largas jornadas.

La jornada es larga: de sol a sol, alrededor de doce horas al día. El salario tampoco es grande. Un hombre adulto gana entre dos y tres pesetas al día; las mujeres reciben entre una y una y media pesetas, y los niños o muchachos entre media y una peseta. Además, el trabajo no dura todo el año. Muchos jornaleros solo consiguen empleo entre 120 y 180 días al año, dependiendo del clima y de las campañas agrícolas.

El campo es el sustento de la mayoría de la población. Según el censo de 1900, cerca del setenta y cinco por ciento de la población activa trabaja en el campo. De los algo más de tres mil trabajadores del municipio, unos dos mil doscientos son jornaleros o trabajadores del campo.

Así transcurre la vida cotidiana de gran parte de los habitantes de Arahal a comienzos del siglo XX: madrugadas tempranas, largas jornadas en el campo y la incertidumbre diaria de encontrar trabajo cuando amanece.

Mientras tanto, en el pueblo, otros vecinos también comienzan su jornada. Carpinteros, zapateros, barberos, panaderos, herreros o comerciantes inician su jornada laboral, así como los empleados municipales, médicos, veterinarios, cirujanos, maestros, entre otros.

Pero en la mayoría de los hogares se queda alguien: las mujeres con sus hijos menores, porque, a partir de los doce años , suelen acompañar a su padre al trabajo, o bien trabajar en el pueblo, como aprendiz en los diversos oficios de mayor demanda, mencionados anteriormente, en el caso de varones y como costureras, sirvientas o criadas, en el caso de las mujeres.

La sociedad andaluza de comienzos del siglo XX —y, por extensión, la de nuestro municipio— responde claramente a un modelo patriarcal. La vida femenina está profundamente ligada al hogar. La mujer es considerada ante todo esposa y madre, responsable del cuidado del hogar y de la educación de los hijos. Las decisiones familiares recaen en el hombre y la moral social valora especialmente la honra, la modestia y la obediencia femenina. Además, las mujeres no tienen derecho al voto. Aunque son ciudadanas, el concepto de “vecino”, que otorga participación en las elecciones, está reservado al cabeza de familia. Muchas pasan el día dedicadas a las tareas domésticas y a pequeños trabajos realizados en casa.

Es habitual que convivan varias familias en una misma vivienda, solo alrededor del 40 % de las casas están ocupadas por una sola. En algunos casos, las conocidas como casas de vecinos llegan a albergar bajo el mismo techo a más de cinco familias. Con la expansión urbanística de finales del siglo XIX y la emigración de los últimos años de ese siglo, este tipo de viviendas fue desapareciendo progresivamente, aunque aún se conservan ejemplos hasta la década de 1970.

En el ámbito educativo, El Arahal comienza el siglo con algunos avances. En 1898 se abre la primera escuela de párvulos, situada en la calle Consolación. No es una medida menor: en el pueblo hay más de 1500 menores menores de cinco años. De ellos, solo un 18 % están escolarizado, acudiendo a las conocidas migas, pequeñas escuelas informales que funcionan en la localidad.

Escuelas Graduadas inauguradas en 1919, lugar donde se ubicaba la Escuela de San José. Álbum fotográfico de A. Pereira

Escuelas Graduadas inauguradas en 1919, lugar donde se ubicaba la Escuela de San José. Álbum fotográfico de A. Pereira

Escuelas Graduadas inauguradas en 1919, lugar donde se ubicaba la Escuela de San José. Álbum fotográfico de A. Pereira

Escuelas Graduadas inauguradas en 1919, lugar donde se ubicaba la Escuela de San José. Álbum fotográfico de A. Pereira

Entre los niños de 6 a 9 años sólo alrededor del 40 %, acude a la escuela y entre las niñas, la cifra es aún menor, sólo de un 14%. En el grupo de 10 a 12 años el porcentaje total se mantiene, pero el número de niñas escolarizadas desciende hasta el 7 %. Los niños suelen asistir a la escuela de San José, situada en las instalaciones del Ayuntamiento, mientras que las niñas acuden a la escuela de San Cayetano, en la calle San Sebastián. Además, existen algunas clases privadas impartidas en los domicilios de los propios maestros.

El horario escolar es exigente de 9 a 12 por la mañana y de 14 a 17 por la tarde, de lunes a sábado. Todos los gastos del sistema educativo obligatorio dependen del Ayuntamiento. También por primera vez, a finales del siglo XIX ,comenzaron a surgir los centros privados religiosos, como la escuela de las Hermanas del Rebaño de María, instalada en el Hospital de la Santa Caridad y Misericordia, y otra abierta en 1899 en el antiguo convento de San Roque. Estas instituciones nacieron para atender a la gran cantidad de niños que permanecían en las calles, ofreciendo no solo enseñanza, sino también educación y, en algunos casos, alimentación. A esta labor se sumó en 1910 la escuela de las Hermanas Dominicas.

Sin embargo, la educación más allá de la etapa obligatoria es escasa. Entre los 13 y los 15 años apenas había un centenar de estudiantes y entre los 16 y los 18 tan solo unos veinte, que normalmente recibían clases particulares en domicilios privados.

En el ámbito sanitario también se producen avances : las vacunas contra enfermedades como la viruela, la difteria o la rabia, junto con la desaparición de la peste y las mejoras en la higiene pública, contribuyen a mejorar la salud de la población. Se refuerza el control de alimentos mediante la inspección de los veterinarios y la actividad de la plaza de abastos, y se presta especial atención al adoquinado de las calles, al alcantarillado y a la regulación de la presencia de animales en las viviendas. La llegada del agua corriente, así como la vigilancia de pozos y fuentes en las zonas que aún carecen de suministro, se convierte en una prioridad para las autoridades sanitarias y municipales. A ello se suma la llegada de la electricidad que, en un primer momento, afecta solo al alumbrado de las calles y al edificio municipal.

Las ordenanzas municipales, aprobadas en la década de 1880, ya incluían normas específicas de salubridad, lo que demuestra la preocupación de las autoridades por mejorar las condiciones de vida de la población.

En cuanto a la atención sanitaria, El Arahal cuenta con dos médicos municipales que atienden gratuitamente a las familias más pobres, que superan las setecientas, además de tres médicos que ejercen de forma privada. Esto supone aproximadamente un médico por cada 1.600 habitantes, una proporción superior a la de muchas localidades andaluzas, aunque inferior a la de Sevilla.

A esta red sanitaria se suma el Hospital de la Santa Caridad y Misericordia, atendido por las Hermanas del Rebaño de María . En casos graves, los enfermos son trasladados al Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla. Junto a médicos y religiosas trabajan también sangradores —con funciones similares a las de los actuales enfermeros—, cuatro farmacéuticos y veterinarios encargados del control sanitario del matadero municipal.

La beneficencia también funciona con mayor organización. Existe un control sobre los niños abandonados, que son trasladados al Hospicio de San Luis, en Sevilla. Allí acuden igualmente los menores que quedan huérfanos y cuyas familias no pueden hacerse cargo de ellos. Una junta de beneficencia vela por el cumplimiento de las ordenanzas en esta materia y cuidaba igualmente de los niños expósitos. Además, es la encargada de expedir los padrones de pobres, entre los que se encuentran los llamados pobres de solemnidad, una categoría que, según el censo de 1900, había disminuido considerablemente.

Pero la vida en Arahal no es solo trabajo. Cuando llega el tiempo libre, los vecinos aprovechan para reunirse. Muchos hombres lo hacen en las tabernas repartidas por el casco urbano, especialmente en las situadas en torno a la Plaza Vieja, la calle Marchena, Madre de Dios o Pedrera. Otros acuden a los cafés de la plaza de la Corredera o de la calle Cánovas del Castillo.

Posada de la Plaza Vieja. Archivo fotográfico de A. Pereira

Posada de la Plaza Vieja. Archivo fotográfico de A. Pereira

Posada de la Plaza Vieja. Archivo fotográfico de A. Pereira

Posada de la Plaza Vieja. Archivo fotográfico de A. Pereira

También existen varias posadas, como la Posada del Sol, la del Lucero, la de la Estrella o de la Plaza Vieja, lugares muy frecuentados cuando se celebran espectáculos de cante flamenco . Y para las clases más acomodadas están los casinos, lugares de encuentro social donde se organizan tertulias, bailes y fiestas. Entre ellos destacan el Casino Universal, fundado en 1881 y aún existente, el Casino Agrícola, el Círculo Conservador y, ya en los primeros años del nuevo siglo, el Casino de la Filarmónica.

Casino Universal. Archivo Fotográfico de A. Pereira

Casino Universal. Archivo Fotográfico de A. Pereira

Casino Universal. Archivo Fotográfico de A. Pereira

Casino Universal. Archivo Fotográfico de A. Pereira

Las ordenanzas municipales, puestas en funcionamiento en 1883, regulan incluso los establecimientos de concurrencia pública, fijando horarios de apertura y cierre que solían coincidir con la llegada del primer tren, alrededor de las ocho de la mañana, y del último, entre las diez y las once de la noche.

Las fiestas ocupan también un lugar muy importante en la vida del municipio. Una de las celebraciones más destacadas es la Semana Santa, que ya desde el siglo XVI tiene gran importancia entre los vecinos. Las principales procesiones se celebran el Jueves y Viernes Santo, con hermandades como la del Santo Cristo de la Misericordia, Jesús Nazareno, la Esperanza o el Santo Entierro.

La participación de la corporación municipal en estas celebraciones religiosas es importante, acudiendo siempre una representación de la mismas a los citados actos.

También tiene gran relevancia la celebración del Corpus Christi, en la que participa activamente todo el pueblo y que está minuciosamente regulada por las ordenanzas municipales, participando en la limpieza y el adorno de las calles. A estas festividades se suma las dedicadas a la patrona, Santa María Magdalena y otras celebraciones populares acompañadas de actividades lúdicas como las corridas de novillos. El ciclo festivo taurino se extiende desde el Corpus hasta San Miguel, fiesta vinculada al barrio del Agua y que marca el inicio de la recolección de la aceituna.

Procesión del Corpus. Álbum fotográfico de A. Pereira.jpg

Procesión del Corpus. Álbum fotográfico de A. Pereira.jpg

Procesión del Corpus. Álbum fotográfico de A. Pereira.jpg

Procesión del Corpus. Álbum fotográfico de A. Pereira.jpg

También son muy populares las veladas de barrio, como las de San Roque, San Antonio o el Altillo. Junto a ellas, el Carnaval adquiere gran protagonismo a comienzos del siglo XX, con desfiles de máscaras y vecinos disfrazados que celebran los días previos a la Cuaresma con música, alegría y reuniones en tabernas y espacios recreativos.

Por último, la Iglesia desempeña un papel fundamental en la vida social y espiritual de la localidad. Son escasos los sacerdotes—tan solo tres en el año 1900— que deben atender varias iglesias y capillas, entre ellas la parroquia de Santa María Magdalena, la iglesia de la Victoria, la del Santo Cristo, la de la Veracruz, la de San Roque y la de Nuestra Señora del Rosario. En esos años ya había desaparecido una capilla muy vinculada a la historia local: la de la Madre de Dios del Campo.

En definitiva, el Arahal de comienzos del siglo XX es una comunidad donde la vida transcurre entre el trabajo diario, la familia, la religión y las celebraciones compartidas. Las dificultades económicas, las limitaciones educativas o las desigualdades sociales forman parte de la realidad cotidiana, pero también lo hacen la solidaridad vecinal, el arraigo a las tradiciones y el fuerte sentido de pertenencia a la comunidad. Entre calles que comienzan a modernizarse, escuelas que abren sus puertas y fiestas que reúnen a todo el pueblo, los arahalenses están construyendo poco a poco una sociedad en transición, situada entre las costumbres heredadas del pasado y los cambios que traerán los nuevos tiempos. Así, entre lo antiguo y lo nuevo, se va forjando la identidad de un Arahal que, sin perder su esencia, comienza a mirar hacia el futuro.

Sonia Camacho

Sonia Camacho

Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...

 

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