Juan Rosén alerta del impacto del precio del oro en los talleres de bordado
Asegura que los artesanos deben replantear presupuestos y las hermandades estudiar sus encargos

Juan Rosén alerta del impacto del precio del oro en los talleres de bordado
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Juan Rosén es una figura central para entender cómo Málaga ha recuperado el bordado en oro en un periodo en el que este oficio ha estado a punto de desaparecer. Su trayectoria ha permitido que una tradición vinculada a la Semana Santa vuelva a tener actividad fuera de los conventos, donde durante años ha quedado reducida.
Juan Rosendo Rodríguez Romero, conocido como Juan Rosén, ha nacido el 9 de abril de 1948 en la feligresía de los Santos Mártires, en el centro de Málaga. Desde niño ha crecido en un entorno ligado a las hermandades y a la religiosidad popular, que ha terminado marcando su vocación.
Su formación ha comenzado en 1976 con las Hermanas Filipenses de San Carlos, en El Perchel, bajo la dirección de Sor Patrocinio de San José. En aquel momento, el bordado en oro en talleres privados prácticamente no seguía activo en la ciudad.
Rosén recuerda bien ese periodo. “Cuando yo me inicio como bordador, como aprendiz, estaba con la monja Madre Patrocinio en el convento de San Carlos, en El Perchel”, explica. Aquella etapa ha sido especialmente compleja porque la actividad estaba casi paralizada. “A nivel privado estaba dormida la profesión”, señala. El último taller privado, el de los hermanos Rodríguez Sanz, había cerrado en 1972. “Cerró en el 72 y yo empiezo poco después”.
Ese contexto ha hecho que sus primeros pasos fueran exigentes. “A mí me ha costado muchísimo trabajo los comienzos, muchísimo trabajo de ofrecer credibilidad, de ofrecer profesionalidad”, afirma.
Con la intención de seguir avanzando, Rosén se desplazó a Sevilla, donde trabajó durante cuatro años en el taller de Esperanza Elena Caro. Ha compaginado esa etapa con encargos que continuaba recibiendo desde Málaga. “Ha sido la mejor bordadora de todos los tiempos”, asegura.
Tras completar su formación, regresó a Málaga donde consolidó su propio taller. Primero en calle Mosquera y, después, en Molinillo del Aceite, donde ha desarrollado buena parte de su trabajo y donde también ha formado a nuevos artesanos que hoy siguen en el oficio.
A lo largo de su trayectoria ha realizado bordados para palios, mantos, túnicas, sayas y simpecados, además de restauraciones para hermandades e instituciones. Entre sus obras figuran piezas como el manto de la Virgen de la O o el guion de la Hermandad de la Columna, junto a otros encargos dentro y fuera de Andalucía.
Su aportación a la recuperación del bordado en oro en Málaga ha recibido distintos reconocimientos. En 2011, la Junta de Andalucía le concedió la Carta de Maestro Artesano, convirtiéndose en el primer bordador andaluz en obtenerla. Más tarde, su taller ha sido declarado Punto de Interés Artesanal.
Aunque Rosén se encuentra actualmente retirado del trabajo diario, su taller continúa funcionando con varios artesanos, cinco personas contratas tiene en su taller en la calle Molinillo del Aceite de la capital malagueña. El bordador reconoce que en los últimos años ha surgido una nueva generación en la ciudad. “Afortunadamente hay una serie de personas que están trabajando y la verdad es que yo me alegro”, afirma. “Esta profesión estaba en un periodo dormido, no desaparecido, sino dormido, y hubo que luchar mucho para despertarla”.
La incidencia del precio del oro
A las puertas de una nueva Semana Santa, el sector del bordado en oro vuelve a observar con preocupación la evolución del precio del metal. Rosén explica que el encarecimiento ha tenido efectos directos en los talleres y en los encargos de las hermandades. “Cuando una cosa costaba dos, ahora cuesta cinco”, resume.
El precio del oro ronda actualmente los 177 euros el gramo, una cifra que repercute en el coste final de cada pieza. Las hermandades, reconoce, también se ven afectadas. “Las hermandades quieren bueno, bonito y barato, y eso no puede ser. Lo bueno hay que pagarlo”, apunta.
El bordado en oro utiliza hilos de seda recubiertos por una fina lámina metálica, generalmente plata bañada en oro, lo que convierte al material en uno de los elementos determinantes del precio.
A pesar de las dificultades, Rosén considera que el oficio mantiene hoy una base sólida en Málaga gracias a los talleres que se han consolidado en los últimos años y a los artesanos que han continuado con esta tradición. Su legado sigue presente en muchos de los enseres que cada primavera vuelven a las calles durante la Semana Santa.




