Preocupación en Andalucía por la tensión en Irán y el papel estratégico de las bases de Morón y Rota
El exmilitar, Alonso Roldán, explica que las instalaciones funcionan bajo soberanía española y pide calma ante un riesgo “lejano” para la población

Cadena Ser

La escalada de tensión en Irán ha despertado inquietud entre los vecinos de Morón de la Frontera y su entorno, donde la presencia de la base aérea vuelve a situarse en el centro del debate. Sin embargo, voces con experiencia directa en estas instalaciones insisten en lanzar un mensaje de calma: el riesgo real para la población es, por el momento, muy limitado.
Alonso Roldán, militar en retiro, destinado durante años en la base, explica que el aumento de tensión internacional suele traducirse principalmente en un incremento de la actividad interna. Esto implica más vuelos, mayor presencia de personal y refuerzo de los controles de seguridad, pero no necesariamente un cambio en la naturaleza de las operaciones ni una amenaza directa sobre el municipio.
En la práctica, la base de Morón funciona como una instalación de uso conjunto entre España y Estados Unidos, aunque bajo soberanía española. Esto significa que el control del recinto, la seguridad exterior y la cadena de mando corresponden al Ejército español, mientras que las fuerzas estadounidenses operan en zonas e instalaciones específicas destinadas a sus misiones, siempre dentro de los acuerdos bilaterales vigentes.
Uno de los elementos clave de su funcionamiento es el papel logístico. La base no suele utilizarse como punto de ataque directo, sino como plataforma de apoyo. En concreto, alberga habitualmente aviones cisterna de gran tamaño, encargados de reabastecer en vuelo a otras aeronaves militares. Este tipo de operativa permite que los bombarderos o cazas puedan realizar misiones de larga distancia sin necesidad de aterrizar, lo que convierte a Morón en una pieza estratégica dentro de la red internacional de apoyo aéreo.
En escenarios de mayor actividad, como el actual, lo que podría percibirse desde el exterior es un incremento del tráfico aéreo, especialmente de este tipo de aeronaves, así como un mayor trasiego de personal técnico, mecánicos y equipos de mantenimiento. También se refuerzan los controles de acceso y la vigilancia en el perímetro, responsabilidad directa de las autoridades españolas.
Dentro de la base conviven distintos colectivos: militares españoles, que mantienen la operatividad general; personal civil nacional, especializado en tareas técnicas; y personal militar y civil estadounidense, cuyo número puede aumentar en función de las necesidades operativas. En momentos de tensión, esta población puede crecer de forma notable, lo que obliga a reforzar servicios básicos como alojamiento, alimentación o logística interna.
A nivel de seguridad, otro aspecto relevante es el control de la información. En contextos sensibles, toda comunicación que sale de la base está supervisada para evitar filtraciones o alarmas innecesarias, lo que explica en parte la falta de detalles públicos sobre movimientos concretos.
Pese a este incremento de actividad, Roldán insiste en que no existen indicios de que la base esté siendo utilizada para operaciones de ataque directo en el contexto actual. “Lo que hay es apoyo logístico, no salidas de bombarderos desde aquí como en otros conflictos del pasado”, explica. Esta diferencia es clave para entender por qué el nivel de riesgo es menor que en episodios como la Guerra del Golfo.
En cuanto a la preocupación vecinal, el exmilitar la considera lógica, pero recalca que un hipotético ataque a la base sería altamente improbable. La lejanía del conflicto —a miles de kilómetros— y la escasa rentabilidad estratégica de un objetivo como Morón hacen que ese escenario no se contemple como realista. En su opinión, el único riesgo tangible seguiría siendo el asociado a la operativa aérea, como cualquier instalación de estas características.
Además, recuerda que la base lleva activa desde los años 50 y ha participado indirectamente en numerosos conflictos internacionales sin que eso haya supuesto consecuencias para la población local. Este historial refuerza la idea de que, aunque el contexto global sea incierto, la vida cotidiana en Morón no debería verse alterada más allá de un aumento puntual de actividad.
En definitiva, los expertos coinciden en que la situación debe seguirse con atención, pero sin alarmismo. La base de Morón continúa desempeñando su papel habitual como enclave logístico estratégico, mientras que cualquier decisión sobre una posible implicación mayor dependería exclusivamente del ámbito político y no de la operativa diaria de la instalación.




