Las manos de Lazarus hablan de incienso y romero en el Ateneo de Málaga

Las manos de Lazarus hablan de incienso y romero en el Ateneo de Málaga
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Málaga
Hay tradiciones que parecen inamovibles, como si el tiempo las hubiera barnizado con una capa de intocable solemnidad. La Semana Santa andaluza —con su estruendo de tambores, su coreografía milimétrica y su devoción casi teatral— es una de ellas. Y, sin embargo, basta con que alguien cambie el punto de vista para que todo ese edificio simbólico, tan firme en apariencia, revele su alma más humana.
Eso es, en esencia, lo que propone el artista visual Lazarus en su exposición Cinco lobitos, instalada en el Ateneo de Málaga hasta el 17 de abril de 2026. Porque, mientras la tradición mira hacia arriba —hacia los tronos y las imágenes sacralizadas—, él baja la vista. Y lo que encuentra no son milagros, sino manos: manos que tiemblan; manos que esperan; manos que sostienen la fe como quien sostiene un vaso de agua a punto de derramarse. En un contexto donde lo habitual es magnificar, Lazarus opta por lo contrario: reduce y concentra. Como si toda la intensidad emocional de la Semana Santa pudiera comprimirse en un gesto mínimo, en un dedo que roza un rosario, en una mano que agarra con tensión el mazo que golpea la campana, o en las manos de una madre ajustando a su hijo la venda de promesa.
Cinco lobitos es, en realidad, un libro con cerca de 200 fotografías que muestra la Semana Santa de Málaga desde las manos de sus protagonistas. Una colección de imágenes de la que el comisario de la exposición, Sergio Croma, ha realizado una selección de unas veinte piezas para el Ateneo de Málaga. Lejos de la nitidez quirúrgica que domina la fotografía contemporánea, Cinco lobitos abraza el grano, el desenfoque, el ruido; una estética que, a primera vista, podría parecer imperfecta, pero que se revela como el medio ideal para capturar lo privado, lo íntimo, aquello que permanece cuando pasan los años. Porque la memoria, al fin y al cabo, nunca es nítida.
La Semana Santa puede parecer un atractivo turístico más en un folleto de viajes. Pero, para quienes la viven, cuando los tambores callan y las aceras se han limpiado de cera, la memoria queda detenida en los gestos. Lazarus muestra que lo sagrado no solo habita en la mirada elevada hacia el cielo; también se encuentra en las manos, en el gesto mínimo e imperfecto tantas veces repetido. Manos que, año tras año, honran el legado que nuestros padres nos transmitieron cuando, de la mano, nos llevaron a ver los primeros tronos. Eso es lo que propone esta exposición del Ateneo de Málaga, a la que nuestro comentarista cultural, José Mateos, nos anima a acudir como antesala de lo que está por venir en pocos días.




