Diego Martín Reyes, 20 años después de Malaya: “Tuvimos que restablecer la legalidad en Marbella con muy pocos medios”
Diego Martín Reyes, 20 años después de Malaya: “Tuvimos que restablecer la legalidad en Marbella con muy pocos medios”
Málaga
Se cumplen 20 años de las primeras detenciones en el caso Malaya, el mayor caso de corrupción urbanística en la historia de España, tanto por el volumen de implicados como por la magnitud económica, que obligó a tomar una decisión inédita: la disolución del Ayuntamiento de Marbella por parte del Gobierno central, una medida sin precedentes en la democracia moderna española para intervenir directamente un consistorio por corrupción.
Hoy por Hoy Málaga (25/03/2026)
Veinte años después de asumir la presidencia de la Comisión Gestora que tomó el mando del Ayuntamiento de Marbella tras el estallido del caso Malaya, Diego Martín Reyes vuelve a recordar aquellos meses como una de las etapas más intensas y decisivas de su vida en una entrevista concedida al programa Hoy por Hoy Málaga.
A sus más de 50 años de ejercicio como abogado, y ya jubilado de la actividad privada, reconoce que aquel encargo le cambió la trayectoria profesional, pero no siente arrepentimiento alguno.
Nombrado el 19 de abril de 2006, Martín Reyes asumió la dirección de un consistorio sumido en el colapso institucional y financiero. “No sabía a qué me iba a enfrentar”, reconoce ahora, al recordar el estado en el que encontró el Ayuntamiento: sin capacidad para pagar nóminas, con una administración desarticulada y con buena parte de la gestión desviada a sociedades municipales.
A la precariedad institucional se sumaba una deuda asfixiante. Reyes tuvo que solicitar adelantos a la Diputación y gestionar un préstamo reintegrable de 100 millones de euros de la Junta de Andalucía, cuyo uso debía justificar mensualmente. “Marbella funcionó gracias a ese mecanismo quirúrgico de control”, señala.
El urbanismo, el mayor campo de batalla
El ámbito urbanístico fue para él la parte más difícil de su mandato. La revisión de licencias reveló edificios completos habitados con permisos nulos y promociones recién terminadas a las que no podía otorgarse la licencia de primera ocupación.
Aquello generó tensiones sociales y también presiones. La aplicación de la legalidad implicó decisiones controvertidas, como la denegación de licencias de primera ocupación o el cumplimiento de sentencias que derivaban en derribos. “No se podía hacer otra cosa”, sostiene.
Reyes rememora un episodio especialmente tenso: una reunión con un promotor ruso acompañado de un hombre corpulento que, según cuenta, lo observaba fijamente “sin pestañear”. “No me sentí en peligro, pero sí sabía que había intereses muy fuertes”, admite.
Aun así, la gestora mantuvo un criterio inflexible: no legalizar lo ilegal en palabra de Martín Reyes.
Señala que la gestora actuó siempre bajo un principio: seriedad, honestidad y ausencia de confrontación política. "Las decisiones se consensuaban y casi todas se aprobaron por unanimidad, algo insólito en la historia reciente del municipio" asegura.
Una reflexión sobre la corrupción
Veinte años después, Martín Reyes mantiene una visión crítica sobre la lucha contra la corrupción. Considera que, más allá de las leyes, el factor determinante sigue siendo la voluntad de quienes deben aplicarlas. Además, advierte del componente social del problema: “La corrupción muchas veces deja beneficios indirectos que reducen la reacción ciudadana”.
En lo personal, asegura que la tarea no le supuso más sacrificio que las medidas de seguridad, incluida escolta, impuestas por la Policía Nacional. Dormía cada noche en su casa, aunque le inquietaba la vigilancia pasiva que afectaba a su familia. Profesionalmente, sin embargo, sí pagó un precio: casi dos años alejado de su despacho, lo que afectó a su posterior reincorporación al mundo jurídico.
Hoy, desde su actual labor en el Consejo Consultivo de Andalucía, Reyes reconoce que Marbella sigue arrastrando las consecuencias del caso Malaya y que el municipio aún paga la deuda acumulada entonces. Él, por su parte, mantiene una relación “cordial y educada” con las autoridades actuales, aunque no olvida ciertos gestos, como la falta de cortesía en el relevo de la alcaldía en 2007.
Respecto a cómo le gustaría que se le recordara, responde con la misma sobriedad con la que asumió aquel encargo: “No sé si quiero que me recuerden”. Pero sí reivindica la tarea colectiva de quienes, durante 14 meses, sostuvieron a contrarreloj un Ayuntamiento devastado por la corrupción. Ya puedes escuchar la entrevista.