La semana de las emociones
La opinión de Lola Fernández

Morón de la Frontera
Venimos exultantes de vivir una Semana Santa de estampas inolvidables y seguro que irrepetibles, porque, aunque nos empeñemos en buscar el mismo detalle, nunca volverá a repetirse, porque solo existe un mismo y único mensaje, la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
Siempre hablaremos del tiempo, que también es protagonista de esta historia, que vivimos en la calle cuando ponemos el Evangelio vivo de esta semana tan importante en la vida del creyente.
En esta semana de las emociones vividas, he visto en la calle a todos los que se acercaron a vivir los momentos en los sitios perfectos, buscando la mirada fija que te revuelve la vida.
Las anochecidas de este sol tempranero que pintó de colores la madera oscura y deslumbró el oro y la plata de esos pasos que alcanzaron la grandeza de su ser.
Han sido los colores de esta primavera los que hemos palpado con el corazón, el color de nuestras hermandades en la profundidad del sello propio.
En el de la mañana de nuestros niños que reciben el ejemplo de quien lo llevó de la mano, el ejemplo de la verdad y del perdón.
En el color de las amanecidas que llevan su nombre, el devoto hermano que guarda su promesa bajo las cristalinas lágrimas de la Madre de Dios.
La magnificencia de las manecillas de un reloj que, para el tiempo para recrear el tiempo de la espera, el tiempo en el que empezamos a contar los días que faltan para volver a sentir el pellizco del Amor en mayúsculas, amparados en las palabras que esperan ser pregonadas a verso limpio, un domingo de pasión.
He buscado el movimiento del sonido en las bambalinas de un paso acompasado y en el rachear de unos pasos únicos que marcan el ritmo del sentimiento, dejando marcado en el suelo lo que en el cielo se escribe con las palabras de un padrenuestro. Me quedo con la bendita emoción de una saeta, encerrando toda una plegaria lanzada al viento.
He cosido algunas costuras rotas con hilos de oro que han unido lo que se proclama y lo que de verdad se siente y se vive. Me quedo con aquellos que siguen cosiendo sus descosidos, cada noche, cada día, alimentando su espíritu con la fuente de la vida, con la fe.
Es la luz del mundo la que ilumina los lugares más oscuros de nuestras conciencias, guiándolas, porque hoy es un buen día para “resucitar” las zonas muertas de nuestra vida: Horizontes perdidos, metas olvidadas, compromisos no cumplidos, promesas hechas en las cuentas de un rosario.
Y ha sido el camino recorrido por cada una de las Cruces de Guia que nos han traído las zancadas perfectas de un Cristo hasta el dintel del alma, sabiéndonos seguros a su lado.
Él camina con nosotros cada día, en la situación personal de cada uno, ante la prueba que estemos atravesando, en los sueños que llevamos dentro.
Por eso, hemos de recordar con fuerza que “Jesús está vivo, aquí y ahora”.




