Desvergüenza
Firma de opinión del filósofo y colaborador de La Ventana, José Carlos Ruiz

Desvergüenza. José Carlos Ruiz
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Córdoba
Me manda una amiga cordobesa un enlace de Instagram y lo abro. Aparece un hombre mostrando un tramo de la carrera oficial de la Semana Santa cordobesa, quejándose de unas vallas altas y rojas que le impiden ver procesionar los pasos. Según comenta, se alega motivo de seguridad, pero se obvia la opción de eliminar alguna fila de las sillas de pago para ensanchar el paso de peatones, pudiendo rebajar así la altura de las vallas. Al día siguiente, un compañero malagueño me envía dos enlaces donde aparece un cómico y un joven quejándose del mismo fenómeno allá en Málaga. Caigo en la cuenta de que en los tres casos hay una palabra que se repite, la palabra vergüenza.
La vergüenza aparece cuando sentimos que algo ha cruzado un límite. Aristóteles decía que es una emoción necesaria porque frena un gesto impropio antes de que este se consolide. Es una especie de umbral que se encuentra a las puertas de la ética
Lo que muestran esos vídeos no es solo una crítica a un vallado alto, sino la percepción de que algo que se consideraba común se ha privatizado. En este caso, la vergüenza actúa como una alarma que señala que el espacio compartido ha dejado de serlo.
El problema es que el umbral de la vergüenza suele tener como fundamento la educación y ante eso, poco se puede hacer. Uno siente vergüenza, propia o ajena, en función de su educación. Y una buena educación debería enseñar a reconocer cuándo algo debiera ser motivo de vergüenza. Porque cuando unos responsables políticos o unos ciudadanos pierden esa sensibilidad cualquier cosa tiene cabida, incluso la desvergüenza.




