Todos juegan a la polarización
Es llamativo que el PP se una al juego del ruido en la campaña, cuando es al que menos le conviene

La Columna de Alberto Grimaldi ( 07/04/26)
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Sevilla
Todos dicen que no les gusta la polarización. Todos aseguran que preferirían una campaña tranquila, centrada en propuestas. Y, sin embargo, todos están jugando a ella desde el primer minuto de la precampaña andaluza.
La polarización no ha llegado por accidente. Es un instrumento político. El PSOE la utiliza de forma consciente para movilizar a su electorado y convertir las elecciones en un plebiscito moral. La campaña se presenta como un referéndum sobre la sanidad, sobre el Estado del bienestar y, en definitiva, sobre Juanma Moreno.
A la izquierda del PSOE pasa algo parecido. Por Andalucía necesita una campaña caliente para existir políticamente. Cuanto más se radicaliza el marco, más espacio tiene para diferenciarse. Las denuncias, los términos duros y la idea de una partida trucada no son casuales.
Y en la derecha tampoco hay excepciones. Vox vive de la polarización. Se alimenta de ella. Cuanto más gritamos, mejor le va. Cuanto más se reduce el debate a bloques irreconciliables, más cómodo se mueve.
Lo llamativo es el papel del Partido Popular. Porque el PP andaluz es, en teoría, el menos interesado en este clima. Su estrategia ha sido la contraria: moderación, gestión, perfil institucional. Pero también está jugando a la polarización.
Es verdad que la citación de María Jesús Montero en el Senado nace en Génova. Pero no vale refugiarse en la dirección nacional como si aquí no pasara nada. Esa comparecencia es gasolina y el PP andaluz la utiliza, aunque llegue desde Madrid. Mezclar a la candidata socialista con una comisión de investigación sobre la SEPI justo al borde de la campaña es tensar el ambiente, se mire como se mire.
Puede ser legal. Puede ser reglamentario. Pero es política. Diría más: política sucia. Y, al entrar en ese juego, contribuye más que ninguna otra maniobra a convertir la precampaña en un choque de bloques. Y como en cualquier juego, se expone a perder.
Al final, en ese choque hay un perjudicado constante: el ciudadano, que queda atrapado entre el ruido, la sospecha y el enfrentamiento, mientras las propuestas, los matices y las soluciones reales vuelven a quedarse en segundo plano.




