Arahal se detuvo… y sintió: así fue la Semana Santa 2026
Rafael Martín inicia una crónica especial en dos partes sobre la Semana Santa 2026 de Arahal, una vivencia marcada por la emoción, la tradición y la unión del pueblo.
Fotografía de una publicación de la Agrupación
Arahal
Rafael Martín Martín, cronista oficial de la Ciudad - COMENTARIO Nº 106.
Rafael Martín - Arahal 2026- una Semana Santa que quedará en el corazón - COMENTARIO 106
Hoy quiero invitarles a reflexionar sobre lo que ha significado para nuestro pueblo, Arahal, una celebración tan tradicional y profundamente arraigada como es nuestra Semana Mayor, nuestra Semana Santa.
Dada la amplitud de esta crónica, he decidido dividirla en dos entregas. Bajo el título “Arahal 2026: una Semana Santa que quedará en el corazón”, abordaré en ambas partes los aspectos más destacados de esta vivencia compartida.
Hay lugares donde el tiempo parece detenerse. Donde los días no se miden en horas, sino en emociones, donde el calendario deja de ser rutina… para convertirse en memoria. Ese lugar ha sido Arahal en estas últimas semanas.
Días antes de que todo empiece, el pueblo ya lo sabe. Se percibe en el ambiente. En las conversaciones. En esa especie de emoción contenida que recorre las calles. Es la Cuaresma, ese prólogo marcado por la serenidad, la reflexión y el recogimiento, en el que los ensayos resuenan en la distancia y las hermandades preparan cada detalle con cuidado casi invisible. El Consejo planifica igualmente sus actuaciones, ese Viacrucis anual, que este año ha sido presidido por Ntro. Padre Jesús Nazareno, esa presentación de carteles o el tan ansiado pregón, como antesala de la Semana Mayor. Como si supieran que lo importante no es solo lo que se ve, sino todo lo que hace posible. No es improvisación, todo está medido, planificado. Detrás de cada instante hay meses de trabajo, de dedicación silenciosa. De compromiso.
Llega por fin la tan esperada Semana Mayor: nuestra Semana Santa. En Arahal, esta tradición tiene raíces muy profundas, que se remontan a comienzos del siglo XVI, incluso antes que en otras localidades cercanas. Todo comenzó con la creación de la primera cofradía, la de la Santa Caridad y Misericordia.
Con el paso del tiempo, y especialmente tras el Concilio de Trento, la Iglesia impulsó una forma de expresión más cercana y emotiva a través de imágenes que buscaban conmover al fiel. Ya no se trataba solo de representar, sino de hacer sentir. En Arahal, esta manera de vivir la fe tuvo un gran desarrollo gracias a la labor de los frailes mínimos franciscanos, establecidos en 1545 en el convento de la Victoria. Ellos promovieron esa espiritualidad centrada en el sufrimiento de Cristo, poniendo el foco en su dolor, su sacrificio y su humanidad.
A partir de entonces, fueron surgiendo nuevas cofradías: a finales del siglo XVI nacieron la de la Veracruz y la del Santo Sepulcro; en el siglo XVII se sumaron otras como la de la Santa Cruz de Jerusalén (1602), la de los Treinta y Tres Hermanos o la del Santo Entierro.
Con los siglos, estas cofradías han sabido transformar la fe en cultura y las calles en auténticos escenarios sagrados. Algunas han mantenido su actividad de forma continua, como la Misericordia, Jesús o la Esperanza. Otras, tras desaparecer durante un tiempo, han resurgido con fuerza, como el Santo Entierro o la Veracruz.
A todas ellas se han unido en tiempos más recientes nuevos pasos procesionales Borriquita, el Resucitado o la Asociación Parroquial de Nuestro Padre Jesús de la Salud.
Fotografía de la publicación del Consejo General de HH y CF de Arahal
La estación de penitencia de cada una de nuestras Hermandades constituye el corazón vivo de la Semana Santa de Arahal. No se trata solo de un recorrido procesional, sino de un testimonio público de fe que, generación tras generación, ha sabido llenar nuestras calles de silencio, emoción y recogimiento. Cada paso, cada nazareno y cada instante forman parte de un legado que convierte a Arahal en un auténtico escenario de devoción compartida.
Y de pronto, aparece un paso, una imagen, una escena que, aunque se repite cada año… nunca es igual, porque cada mirada es distinta. Cada emoción… también.
Unas imágenes que no solo son arte, no son solo tradición. Son símbolos vivos. Puentes entre generaciones. Reflejos de una historia que sigue latiendo.
Hay quien las mira con fe, hay quien las mira con respeto, hay quien simplemente… las mira. Y mientras los pasos avanzan…el pueblo camina con ellos. No físicamente, quizá. Pero sí emocionalmente.
Cada persona encuentra su lugar, el que espera en silencio, el que acompaña, el que observa, el que recuerda.
Porque la Semana Santa también es eso: recuerdo. De quienes estuvieron. De quienes enseñaron a mirar. De quienes hicieron de esta tradición algo propio.
Hay niños que la descubren por primera vez. Y mayores que la viven de otra manera. Pero todos, en algún momento, entienden que lo que ocurre va más allá de lo visible.
Durante estos días, Arahal cambia. Personas que viven lejos regresan. Las calles recuperan voces conocidas. Las historias se cruzan de nuevo. Y, casi sin darse cuenta,el pueblo entero late al mismo ritmo. Hay algo común. Algo que une. Quizá sea la tradición, la historia. Porque la Semana Santa no es igual para todos y sin embargo… es de todos. En ella conviven el pasado y el presente, lo que siempre fue y lo que sigue cambiando, porque la tradición no es estática, aunque nunca pierde su esencia. Y quizá ahí reside su fuerza, en esa capacidad de permanecer, sin dejar de avanzar.
En este conjunto tan rico y diverso, merece una mención especial la Agrupación Parroquial de Nuestro Padre Jesús de la Salud, que este año ha marcado un hito al convertirse en la primera en abrir la Semana Santa arahalense con su salida en la tarde del Sábado de Pasión. Una imagen de serena expresión que regaló estampas cargadas de simbolismo y emoción en esta estación de penitencia. Una nueva advocación que pone el acento en su papel como intercesor por los enfermos y necesitados, lo que refuerza su cercanía con el pueblo fiel. Una imagen, de dolor contenido, que transmite al mismo tiempo el sufrimiento físico y la voluntad amorosa de redención, inicia su recorrido procesional.
Una cita histórica que enriquece el panorama de nuestra Semana Santa y que en su segundo recorrido penitencial, acompañado por una gran cantidad de hermanos ha hecho brillar el panorama devocional de nuestro pueblo y que por primera vez ha completado su recorrido por toda su feligresía, en un gesto cargado de simbolismo y cercanía, llevando su mensaje a cada rincón.
Este importante paso no habría sido posible sin el esfuerzo constante, silencioso y muchas veces sacrificado de sus hermanos, que han trabajado con entrega para hacer realidad este sueño. La gran multitud que los acompañó es reflejo de ese crecimiento y del arraigo que poco a poco van consolidando.
Más allá del recorrido, su estación de penitencia representa un claro ejemplo del camino que desean seguir: el de la unión, el compromiso y la espiritualidad. Un camino que tiene como meta su futura conversión en Hermandad, pero que, sobre todo, busca transmitir a sus miembros los valores esenciales que deben guiar siempre a una institución de esta naturaleza: el trabajo desinteresado, la fe sincera y el servicio a los demás.
Fotografía de una publicación de la Agrupación
Ese camino de unión, de compromiso y de espiritualidad es el que desde el año 1988, viene haciendo gala en ese esplendoroso Domingo de Ramos, la representación de la Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén, la Borriquita como popularmente se le conoce y que forma parte de la Hermandad del Santo Entierro . Desde entonces continúa, año tras año, ganando en esplendor, consolidándose como una de las estampas más vivas y esperanzadoras de la Semana Santa de Arahal. Su paso, que poco a poco va siendo reformado, no deja de crecer en belleza y espectacularidad, reflejo del esfuerzo y la ilusión de todos sus hermanos.
A ello se suma ese acompañamiento tan característico, jovial y alegre, protagonizado por tantos y tantos niños que aportan un aire nuevo, fresco y lleno de vida a la cofradía. Ellos representan el presente y el futuro, dando sentido a una Hermandad que ha sabido renovarse sin perder su esencia.
Todo ello convierte su estación de penitencia en una auténtica celebración, en la que se revive con entusiasmo la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Una escena que, además, adquiere un carácter especial al desarrollarse por primera vez en este horario de mañana del Domingo de Ramos por las calles de Arahal, llenándolas de luz, de palmas y de una alegría contagiosa que anuncia el inicio de la Semana Santa.
Así, junto al resto de Hermandades, contribuyen a engrandecer una Semana Santa que no deja de evolucionar, pero que mantiene intacta su esencia más profunda.
Fotografía de una publicación de la Hermandad del Santo Entierro
Una esencia que desde hace ya algunas décadas nos ofrece en su estación penitencial la Hermandad de la Veracruz, una institución con un sello característico, con una profunda identidad marcada por el recogimiento y por la reflexión durante su recorrido penitencial. Su caminar pausado, envuelto en un silencio que invita a la contemplación, convierte cada instante en una llamada al recogimiento interior y a la vivencia íntima de la fe.
La sobriedad de sus formas, unida a la profundidad de su mensaje, hace que su presencia en las calles de Arahal sea distinta, casi suspendida en el tiempo, recordándonos el verdadero sentido de la penitencia. No es solo una procesión, sino una experiencia espiritual que conecta con lo más profundo del sentir cristiano.
También hay silencio en nuestra Semana Santa, reflejado especialmente al paso de esta imagen de Ntra. Sra. de la Piedad, con el Cristo del Amor en su regazo, a quien acompañan dos testigos fieles de ese momento, María Magdalena, representada con un gesto de dolor intenso y actitud afligida, cercana al cuerpo de Cristo y San Juan Evangelista, el discípulo amado, que acompaña a la Virgen, en actitud de recogimiento y consuelo.
La escena de la Piedad de la Hermandad de la Veracruz de Arahal es una representación profundamente sobrecogedora y cargada de simbolismo. En ella se contempla a la Virgen María sosteniendo en su regazo el cuerpo inerte de Cristo tras ser descendido de la cruz, evocando el momento más íntimo y desgarrador del dolor de una madre.
La imagen de la Virgen transmite una mezcla de serenidad y sufrimiento contenido. Su rostro, inclinado hacia su Hijo, refleja una pena silenciosa, sin estridencias, que invita al recogimiento y a la contemplación. No es un dolor desesperado, sino un dolor asumido, lleno de fe y aceptación.
El cuerpo de Cristo aparece yacente, con la anatomía cuidadosamente tallada, mostrando las huellas de la Pasión: la herida del costado, las manos y pies marcados, y la rigidez propia de la muerte. Sin embargo, la composición mantiene una armonía que transforma la tragedia en belleza artística.
Publicación de una fotografía de la Hermandad de la Vera-Cruz.
El conjunto suele presentarse con una estética sobria, sin excesos, lo que acentúa aún más la intensidad emocional de la escena. La disposición de las figuras crea una línea visual que conduce la mirada del espectador desde el rostro de la Virgen hasta el cuerpo de Cristo, reforzando el vínculo entre ambos.
En el contexto de la procesión, esta escena adquiere aún más fuerza: el silencio del público, la música lenta y solemne, y el movimiento pausado del paso convierten la Piedad en un instante suspendido en el tiempo, donde la emoción colectiva se hace palpable.
En definitiva, es una escena que no solo se contempla, sino que se siente: una imagen que habla de amor, sacrificio y esperanza, y que queda grabada en la memoria de quienes la presencian.
Y ante el paso de esta conmovedora escena, el silencio, un silencio que no es ausencia, sino presencia. Un silencio que acompaña, que respeta, que habla sin palabras. Y en ese silencio, cada uno encuentra su significado.
Así, la Hermandad de la Veracruz se erige como un claro ejemplo de cómo tradición y espiritualidad pueden ir de la mano, ofreciendo a quienes la contemplan un espacio de silencio, reflexión y encuentro personal en medio del bullicio propio de estos días.
Sonia Camacho
Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación...Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza con formación en Ciencias de la Comunicación, ha trabajado en España y Alemania en proyectos de marca. Vinculada a la radio desde joven, combina medios tradicionales con enfoque digital y creativo.