Paco Montero, el crack que perdió el Madrid y Almería convirtió en leyenda
El interior almeriense emigró 9 años y regresó para ser eterno en el Almería y construir una vida ejemplar en la Michelin

Paco Montero en el Bernabéu con la camiseta del Real Madrid. / Cadena SER

Almería
Francisco Montero Ramos nacía en el Zapillo el 19 de abril de 1945, aprendiendo a jugar en la calle y en el patio del colegio, donde comenzó a mostrar un talento innato. Con 13 años ingresó en el Hispania FJ y ya competía con jugadores mayores, destacando por su técnica y sentido colectivo. En 1963 la familia se trasladó a Vic, donde su progresión lo llevó a debutar en Tercera. El Real Madrid lo ficha un año después, incorporándolo a los entrenamientos del primer equipo con Miguel Muñoz. Su disciplina, su calidad y su aprendizaje junto a Manolo Velázquez marcaron una etapa clave. Siempre contó con el apoyo del fundador del Hispania FJ, Matías Pérez que le orientó a la hora de tomar las grandes decisiones.
Sin embargo, la falta de minutos oficiales provocó una cadena de cesiones que condicionaron su carrera. En el Rayo Vallecano fue titular en Segunda hasta fracturarse el antebrazo, lesión que lo dejó diez meses parado y cambió su futuro deportivo. Siguieron etapas en la U.D. Sanz, Terrassa y Figueras, donde deja huella, pero también acumuló lesiones difíciles de superar. En 1970 vivía un punto alto: el ascenso a Segunda con el Nástic de Tarragona. Dos años después, ya con 27, regresó a su tierra para iniciar su etapa más prolongada en un mismo club.
En 1972 recibe la llamada de su tierra y firma por la Agrupación Deportiva Almería, que presidía su buen amigo y vecino Ángel Martínez, club con el que jugó seis temporadas consecutivas hasta convertirse en un referente dentro y fuera del vestuario. Participó en promociones de ascenso ante Córdoba y Terrassa y compartía equipo con nombres que marcaron época en el fútbol almeriense. No paró hasta subir a Segunda al club de su vida la 1977-78. Cerraba su carrera en el Poli Ejido en 1979, poniendo punto final a una trayectoria marcada por la calidad, la humildad y la mala fortuna en forma de lesiones. En paralelo, construyó una vida laboral ejemplar en el Centro de Experiencia Michelin y formó una familia sólida junto a Encarna Martínez. Encarni, Francisco y Javier pueden dar fe de ello. Su nombre sigue siendo sinónimo de respeto.

Montero con la plantilla del ascenso a Segunda División 1977-78. / Cadena SER

Montero con la plantilla del ascenso a Segunda División 1977-78. / Cadena SER
El Real Madrid cambió su horizonte
El fichaje por el Real Madrid en 1964 abría para Paco Montero un escenario impensable para un joven salido de las calles del barrio del Zapillo. Entrenaba con el primer equipo, participó en amistosos y absorbía cada detalle de figuras como Manolo Velázquez, a quien siempre consideró un maestro. Pese a no debutar oficialmente, su paso por la casa blanca marca su madurez. El club decidió cederlo para acelerar su crecimiento competitivo. Ese camino lo lleva por distintos equipos, pero siempre con la etiqueta de futbolista fino y trabajador. Un hombre de club por encima de todo.
Un catálogo de lesiones lo frenó
Montero fue víctima de lesiones tan inoportunas como determinantes. En 1963 sufría una fractura de cúbito y radio que lo tuvo ocho meses parado, justo cuando despuntaba en el Vic. En el Rayo Vallecano, ya en Segunda, una nueva lesión le cortó la mejor oportunidad de consolidarse. A ello se sumaron los problemas de rodilla que arrastró durante los años 70, condicionando su rendimiento. Aun así, nunca perdía la competitividad ni el respeto de compañeros y entrenadores. Su carrera pudo ser otra, pero su actitud lo mantuvo siempre en primera línea del esfuerzo.
Regreso para un legado rojiblanco
En 1972 volvía a su tierra para firmar por la Agrupación Deportiva Almería, donde vivía seis temporadas inolvidables. Fue un futbolista constante, práctico y siempre comprometido, pieza clave en una etapa de consolidación del club. Participa en promociones de ascenso frente a Córdoba y Terrassa y remató la faena con un ascenso glorioso a Segunda en Xerez. Almería conquistaba de nuevo la categoría de plata de la mano de Enrique Alés. Compartía vestuario con una generación irrepetible de jugadores almerienses. Su nombre quedaba unido a entrenadores de peso como Ben Barek, Cayetano Ré, Enrique Ales o Vicente Dauder que ya lo tuvo en Tarragona. La afición lo adoptó como uno de los suyos por carácter, esfuerzo y fidelidad al escudo.
Un ejemplo profesional en Michelin
Su vida laboral comenzaba a la par que su etapa de rojiblanco. En mayo de 1972 en el Centro de Experiencias Michelin, donde trabajó treinta años ganándose el respeto de todos. Formó parte del equipo A.C.R. Michelin y vivía momentos clave como la inauguración de las instalaciones deportivas de la Vega de Acá. En lo personal, conoció a Encarna Martínez en 1970 y se casaron dos años después ante la Virgen del Mar, patrona de Almería, formando una familia ejemplar con tres hijos. En casa y en el trabajo, Paco Montero fue un hombre querido, discreto y respetado por sus valores.

Tony Fernández
Redactor de Deportes de SER Almería. Llegó a la SER en 1996. Antes, en RNE. Más de 40 años de experiencia...




