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Del Jueves Santo a la Resurrección: así latió Arahal en su Semana Santa 2026

Una crónica que recoge la esencia de los días grandes de la Semana Santa en Arahal y su impacto en la memoria colectiva.

Fotografía publicada por la Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia

Fotografía publicada por la Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia

Fotografía publicada por la Hermandad de la Santa Caridad y Misericordia

Arahal

Continuando con lo expuesto en el comentario anterior, ofrecemos en este una visión general de lo que significó nuestra Semana Santa durante sus días centrales.

Rafael Martín - Comentario 107 - Semana Santa Arahal II

Rafael Martín - Comentario 107 - Semana Santa Arahal II

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A las siete de la tarde del Jueves Santo, la presencia del Cristo de Arahal, el Señor de la Misericordia alcanza su máxima expresión, elevándose con solemnidad en su salida hacia la plaza del Santo Cristo, donde todo pareció llenarse de claridad, de una luz intensa y envolvente. La imagen del Cristo giró su mirada hacia su pueblo, provocando en muchos la sensación de un encuentro profundo, un instante cargado de historia y de un hondo sentido espiritual.

Una salida de una dificultad que se hace especialmente visible. El reducido espacio, el peso del paso y la necesidad de una coordinación perfecta convierten esos primeros instantes en una auténtica prueba de esfuerzo y entrega. Es, sin duda, un instante en el que se pone de manifiesto no solo la fuerza física, sino también la fe y el compromiso de quienes lo portan.

El Cristo de la Misericordia es mucho más que una imagen procesional: es un punto de encuentro constante para la fe de Arahal. Cada viernes, desde hace quinientos veinticinco años, tantos y tantos arahalenses acuden a visitarlo, manteniendo viva una tradición que ha atravesado generaciones. En ese gesto sencillo de acercarse a Él se entrelazan la historia, la devoción y la vida cotidiana de todo un pueblo.

Ante su presencia, el tiempo parece detenerse. Son miradas que buscan consuelo, manos que se unen en oración y corazones que depositan sus preocupaciones y esperanzas. Así, viernes tras viernes, el Cristo de la Misericordia sigue siendo refugio y guía, testigo silencioso de la fe profunda de Arahal.

Especial protagonismo adquiere esa ya tradicional caravana de mujeres que acompaña al Cristo en su estación penitencial, como a las que han acompañado a las otras imágenes de las diferentes hermandades. Es una de las estampas más sobrecogedoras del cortejo. Avanzan en silencio, envueltas en recogimiento, sosteniendo cirios, caminando con la mirada fija en la imagen, como si cada paso fuese una oración. Su presencia aporta una dimensión íntima y profundamente humana al recorrido, donde la fe se expresa desde la sencillez y la entrega personal.

No es solo acompañamiento, sino testimonio vivo de devoción transmitida a lo largo del tiempo. Muchas de ellas caminan movidas por promesas, recuerdos o vínculos familiares, convirtiendo la procesión en un espacio de memoria compartida. Así, la caravana se transforma en un río de fe que fluye tras el Cristo, llenando las calles de silencio, emoción y significado.

Conforma una de las estampas más características y emotivas de su recorrido, especialmente en esa bajada de su barrio de la plaza Vieja, centro neurálgico de Arahal en su antigüedad, en esa calle dedicada a uno de los personajes más notables de este pueblo, ejemplo de un arahalense que supo dejar su sello en esa magnífica iglesia del Santo Cristo, a Juan Leonardo Malo Manrique, que desde Méjico hizo realidad su sueño.

Este acompañamiento, cargado de fe y sentimiento, no deja de crecer año tras año, al igual que el número de hermanos que se suman a la cofradía, reflejo evidente de una devoción viva que sigue arraigando con fuerza en Arahal. Cada paso, cada mirada y cada gesto hablan de una relación profunda entre el pueblo y su Cristo, que se renueva en cada Semana Santa.

Y junto a Él, la presencia del bello palio de la Virgen de los Dolores pone el contrapunto de dulzura y serenidad. La salida del paso de la Virgen exige igualmente una precisión extrema: los costaleros la sacan rozando sus piernas con el suelo, en un movimiento milimétrico donde fuerza y delicadeza se equilibran para mantener la elegancia del paso. El leve balanceo, la altura del palio y la precisión milimétrica convierten ese instante en un ejercicio de sensibilidad y compás. Bajo el paso, todo se vuelve atención y respeto, conscientes de que no solo sostienen peso, sino también la belleza y la emoción que la Virgen despierta a su paso.

Una imagen en la que su rostro refleja una pureza juvenil, presenta una representación romántica de María, muy joven, casi adolescente. Lastrucci supo reflejar en su rostro el ideal de belleza de la mujer andaluza: delicadeza y dulzura en sus facciones, ojos grandes y expresivos que se dirigen al fiel, pestañas largas, una nariz fina y elegante, y una boca pequeña de labios rojizos. Esta misma finura se aprecia también en sus manos, cuidadosamente modeladas.

De gran veneración en Arahal, esta imagen recibe cada semana a numerosos devotos que acuden con fervor a rendir culto a la siempre Virgen Madre de Dios, postrándose ante su altar. Su paso, sereno y elegante, llena las calles de una atmósfera íntima en la que la belleza y la devoción se entrelazan en una misma emoción.

Así, la Hermandad no solo mantiene viva una tradición, sino que continúa ampliando su legado, haciendo de su estación de penitencia un testimonio colectivo de fe, compromiso y emoción compartida.

Ese mismo testimonio de fe nos lo transmite la Hermandad de Nuestro Padre Jesús, que, fiel a su tradición, recorre su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo, dejando a su paso un ambiente único y distinto. Su largo peregrinar por las calles de Arahal se convierte en un camino de silencio, recogimiento y profunda devoción.

Fotografía publicada por la Hermandad de Ntro. Padre Jesús

Fotografía publicada por la Hermandad de Ntro. Padre Jesús

Fotografía publicada por la Hermandad de Ntro. Padre Jesús

Fotografía publicada por la Hermandad de Ntro. Padre Jesús

Este recorrido alcanza su momento culminante en un lugar especialmente emblemático para la localidad y, muy particularmente, para la Hermandad: la esquina de los Tres Gatos, en la calle Madre de Dios. Allí, en ese enclave cargado de significado, se congrega todo un pueblo para rendir homenaje a una de las imágenes más queridas y populares de nuestra Semana Santa.

Su andar característico, con la túnica mecida suavemente por la brisa de la madrugada, crea una estampa sobrecogedora que queda grabada en la memoria de quienes la contemplan, convirtiéndose en un instante de profunda emoción y conexión espiritual.

Y junto a Él, su Madre, la Virgen de los Dolores coronada, que por primera vez luce su corona en una estación de penitencia, reflejando en ella el cariño, la devoción y la entrega de todo un pueblo que se rinde ante su mirada. Su presencia aporta una dimensión aún más solemne y emotiva, completando un conjunto que encarna, como pocos, el sentimiento más íntimo de la Semana Santa arahalense. ”. Ella es guía, consuelo y ejemplo. En cada procesión, en cada rezo, en cada lágrima y agradecimiento, la Virgen de los Dolores , como advocación ha estado presente, caminando junto a su pueblo desde hace más de cuatro siglos. Su figura no solo pertenece a la Hermandad, sino a todo Arahal. Es historia, es devoción, es identidad.

Y llegamos al Viernes Santo, el día de mayor recogimiento de la Semana de Pasión, que en Arahal se viste de luto en dos momentos especialmente significativos. El primero de ellos lo marca la presencia del Crucificado de la Hermandad de la Esperanza, una bellísima imagen esculpida por Pineda Calderón, que resume en su rostro el dolor de ese instante supremo, pero también una mirada llena de amor y entrega por los demás. La gubia de este escultor esculpió una anatomia muy cuidada, en la que refleja con gran realismo la tensión del sacrificio, con grandes detalles de su estudio anatómico: Su rostro, inclinado hacia el lado derecho, muestra una expresión contenida, donde el dolor se suaviza con una mirada cargada de esperanza y redención, como si aún la muerte ofreciera consuelo al que lo contempla

Fotografía publicada por la Hermandad de la Esperanza

Fotografía publicada por la Hermandad de la Esperanza

Fotografía publicada por la Hermandad de la Esperanza

Fotografía publicada por la Hermandad de la Esperanza

Sobre un paso de gran belleza, su caminar se hace inconfundible, dejando estampas de enorme fuerza plástica y espiritual. Especialmente sobrecogedor es el momento de su salida, cuando al cruzar el umbral de su sede parroquial, solo sobre el monte rojo, abre sus brazos a la tarde de Arahal, en un gesto que conmueve profundamente a todos los presentes. A lo largo de su recorrido, en el recuerdo rojo de claveles, redobles de tambor y una brisa que mueve el antifaz de la esperanza de ese numeroso grupo de hermanos que, sin necesidad de palabras, lo expresan todo con su presencia dando testimonio de una devoción firme y arraigada. Y junto a Él, su Madre, la Virgen de las Angustias, una nueva advocación mariana que adoptó esta Hermandad allá por el año 1880 y que avanza con un sello propio y característico, cuyo rostro, de serena delicadeza, transmite el dolor aceptado con amor. Las lágrimas que descienden por sus mejillas y la profundidad de su mirada lo expresan todo: la pérdida, la entrega y la fe firme de una madre que ha presenciado la muerte de su Hijo. Sus ojos no buscan consuelo, sino que lo brindan; son refugio en medio del sufrimiento, luz que guía a quienes se pierden al contemplarla.

Todo un conjunto armónico que acoge a dos figuras, la Virgen María, bajo la advocación de Ntra. Sra. de las Angustias y San Juan que ocupan un lugar único en el drama de la Pasión de Cristo. Ambos encarnan el amor fiel, el sufrimiento compartido y la entrega silenciosa, completando una escena de profundo simbolismo y emoción que define con intensidad el sentir del Viernes Santo arahalense.

Ese segundo gran momento del Viernes Santo lo marca la presencia en las calles de Arahal de la Hermandad del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores, que desde su sede en la iglesia del antiguo convento de San Roque recorre la localidad poniendo el broche final a una Semana de Pasión que, este año, ha brillado con especial intensidad.

La imagen del Cristo, yacente en su urna sobre un sobrio y cuidado paso, inicia su recorrido con un caminar lento, casi suspendido en el tiempo, envuelto en un profundo silencio que refleja el luto de todo un pueblo. Arahal se detiene a su paso, sobrecogido ante la escena. Sus cirios se alzan como luces vivas en la oscuridad del duelo, guardianes silenciosos que velan el reposo de Cristo y portadores de una fe que ha atravesado el tiempo, pasando de unas manos a otras. Sus hábitos, en blanco y negro, no solo cubren sus cuerpos, sino que expresan un significado profundo: el blanco evoca la pureza, mientras el negro encarna el luto compartido.

A su paso, el murmullo se desvanece y es la luz la que toma la palabra, derramándose por las calles de Arahal y alcanzando también el interior de quienes presencian ese momento suspendido, donde la muerte se entrelaza con la promesa de la vida venidera.

Fotografía publicada por la Hermandad del Santo Entierro

Fotografía publicada por la Hermandad del Santo Entierro

Fotografía publicada por la Hermandad del Santo Entierro

Fotografía publicada por la Hermandad del Santo Entierro

Y en la quietud de la tarde, cuando la luz se vuelve aún más tenue y el recogimiento alcanza su máxima expresión, aparece la Virgen de los Dolores del Santo Entierro, la imagen mariana de mayor antigüedad de Arahal, expresión de aquel momento barroco vivido entre las paredes de una iglesia conventual del siglo XVII. Tras el cortejo de nazarenos, su paso se presenta como una auténtica joya, destacando por la armonía de sus proporciones y la exquisita calidad de sus bordados y trabajos de orfebrería.

Su rostro, de una pureza sobrecogedora, refleja el dolor contenido de una Madre que ha visto partir a su Hijo en el sacrificio supremo. Sus ojos, profundos y serenos, no buscan consuelo, porque es ella misma quien lo ofrece. En su mirada se concentra un dolor que trasciende las palabras, convirtiéndose en refugio para todos aquellos que, en silencio, encuentran en Ella consuelo y esperanza.

Es la Reina del Dolor, la Madre que, aunque traspasada por el sufrimiento, no pierde su grandeza. Su paso es una lección de fe, de esperanza, de dignidad. En cada mirada dirigida hacia ella, se detiene el tiempo, y el corazón del pueblo se llena de recogimiento.

Ella camina portando esa medalla del pueblo de Arahal, recientemente impuesta a la Hermandad y que Ella la porta, acogiendo a esta comunidad que tanta devoción le profesa.

Y poniendo fin a tanta belleza y esplendor como ha sido esta Semana Santa en Arahal, la presencia del Resucitado, esa imagen de especial significación, que pone el broche de oro a la Semana Santa de Arahal en la mañana del domingo de Resurrección con una procesión cargada de luz, alegría y esperanza.

El Resucitado recorre las calles de su barrio en esa mañana donde el blanco inmaculado de la Resurrección dejará a un lado la aterradora muerte de Jesús, inmerso en un ambiente muy distinto al vivido en días anteriores, dejando atrás el luto y el silencio para dar paso a la celebración de la vida.

Su llegada a la iglesia parroquial de Santa María Magdalena marca un momento central, donde tiene lugar la Santa Misa de la Resurrección, culmen de la fe cristiana. En ella se proclama el triunfo de Cristo sobre la muerte, recordándonos que el dolor y el sacrificio no son el final, sino el camino hacia la vida eterna.

Finalizada la celebración, la imagen inicia su regreso en procesión hacia la capilla de San Antonio, acompañado por un numeroso grupo de hermanos y por un pueblo de Arahal completamente volcado con este último paso procesional. Las calles se llenan de júbilo, de miradas emocionadas y de una alegría compartida que pone de manifiesto el verdadero sentido de este día.

La Resurrección no es solo el desenlace de la Pasión, sino el fundamento de la esperanza cristiana: la certeza de que la vida vence a la muerte, la luz a la oscuridad. Así, Arahal despide su Semana Santa no con un adiós, sino con una promesa renovada, la de una fe que sigue viva y que cada año vuelve a renacer con más fuerza.

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Tras una referencia a las distintas Hermandades y su importante labor en pro de nuestra Semana Santa, no podría terminar esta crónica sin una referencia obligatoria a los costaleros y los músicos, que juegan un papel muy relevante en la misma.

Los costaleros, capataces y contraguías son una parte indispensable en este escenario sagrado en el que se convierta Arahal en este período, portando los pasos, con esas impresionantes imágenes religiosas que representan escenas de la Pasión de Cristo o de la Virgen María. Su función no es solo física, sino también espiritual: al cargar el peso del paso sobre sus hombros y cerviz, los costaleros participan de manera íntima en la procesión, mostrando devoción, disciplina y coordinación. En Arahal, como en otras localidades de Sevilla, los costaleros se organizan en cuadrillas y siguen estrictos ritmos y pasos, lo que convierte cada salida procesional en un acto colectivo de fe y tradición. Además, el esfuerzo físico y la sincronización con el capataz generan una tensión y un dramatismo que impacta tanto a los participantes como a los espectadores.

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Fotografía de una publicación del Consejo General de HH y CC

Otro signo central, la música que aparece, no como acompañamiento, no como fondo, sino como alma en esas agrupaciones musicales, bandas de cornetas y tambores y bandas de música que han acompañado cada paso y cada estación. Cada nota parece saber dónde tiene que llegar, cada marcha encuentra su momento exacto y cuando eso ocurre… Todo encaja. La música no solo marca el ritmo del andar de los costaleros, sino que también crea un ambiente emotivo que intensifica la solemnidad de la procesión. Las marchas procesionales pueden transmitir desde tristeza y recogimiento hasta exaltación y fervor, acompañando el mensaje religioso de cada imagen. En Arahal, cuna de la música procesional, con la presencia de cinco bandas y con la participación de más de seiscientos componentes, la música no se escucha, se reconoce, se anticipa, si siente en el pecho antes de que suene. Es memoria compartida. Es identidad. Es esa combinación de los golpes rítmicos de los tambores, las notas de las cornetas y el paso pausado de los costaleros que genera un efecto hipnótico que mantiene la atención y la emoción de todos los presentes.

Y todo ello ha contado con esas personas que igualmente son agentes activos en esta Semana Santa, con unas Autoridades eclesiásticas y civiles, representado en este caso en el Excmo Ayuntamiento implicados totalmente en hacerlo todo fácil, hasta esos trabajadores incansables del citado organismo, cuidando y velando por la limpieza y el orden en las calles, los servicios de protección civil y la incansable labor de la policía municipal siempre atentos al buen orden que ha presidido estas fiestas y así tantas y tantas personas que han posibilitado que pudiéramos disfrutar de unos días inolvidables.

Cada Semana Santa en Arahal es un recuerdo que se repite y renueva. Un instante en que la fe, la tradición, la emoción y la cultura se unen, llenando las calles de historia viva, devoción y esperanza.

Y así, Arahal despide su Semana Santa, no con un adiós… sino con la promesa de que la fe sigue viva, renaciendo cada año con más fuerza. La Semana Santa de Arahal no acaba. Se queda en cada persona que la ha vivido, en cada instante que ha dejado huella, porque no es solo una celebracion. Es identidad, es historia, es sentimiento y, sobre todo, es algo que, una vez vivido, nunca se olvida.

Sonia Camacho

Sonia Camacho

Sonia Camacho es directora de Bética de Comunicación y fundadora de Estudio 530. Comunicadora andaluza...

 

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