El Norte de la izquierda
Firma de opinión de Julio Canto, periodista cordobés en Berlín

El norte de la izquierda. Julio Canto
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Córdoba
Buenas tardes, José Manuel; buenas tardes a todos. Me ha llamado la atención, e incluso me provocó una ligera risa, ver el pleno del Ayuntamiento de Córdoba empapelado en parte con carteles de «No a la guerra», como en 2003. Se confunden muchas cosas en el PSOE: no es un grito público y mayoritario como el de entonces, al que se sume un partido y un Gobierno, sino que el impulso surge desde la misma Moncloa; pero es que, además, guste o no, esa guerra ilegítima y que viola el derecho internacional se ha desatado contra un régimen que poco o nada respeta el derecho internacional y, mucho menos, los derechos de sus habitantes, especialmente los de las mujeres, y que ha sido desde hace años uno de los principales desestabilizadores de la seguridad internacional.
Pero la sonrisa me la provocó, sobre todo, pensar en qué va a mejorar eso la vida, por ejemplo, de mis vecinos de Huerta de la Reina, un barrio que «pierde su identidad e involuciona», como decía hace poco un reportaje de los colegas de El Día. Y lo mismo les pasará a quienes viven en Valdeolleros, El Arenal o El Pireo, por poner solo algunos ejemplos. Imagino que allí habrá mucha gente en contra de esa guerra, pero que se preguntará, como yo, qué demonios pinta eso en el pleno del ayuntamiento, en el que se debería hablar más de las tasas del agua, de lo sucias que están las calles o del reordenamiento del tráfico.
La única respuesta que tengo es que alguien en el equipo del señor Hurtado, jefe de la oposición y futurible candidato a la Alcaldía, le ha debido decir que todo bien, que eso va acorde con la estrategia de Ferraz y que en Instagram lo van a flipar. Y es en esos momentos en los que me queda claro que una parte de la política —y, en este caso, la izquierda— ha perdido la orientación y se les ha olvidado para qué están. Antes sin proletarios y ahora sin empleados y empleadas, la izquierda, la socialdemocracia o como lo queramos llamar no van a ningún sitio. Y, si se les deja de hablar, si no ven sus preocupaciones reflejadas en el orden del día y en la prensa porque algún estratega de medio pelo decide que la agenda la marcan las redes sociales, terminarán votando otra cosa o no votando, aunque ambas opciones les perjudiquen.




