Querida amiga Delfina
El comentario de Lola Fernández

Morón de la Frontera
Hoy mi comentario tiene un mensaje personal hacia una amiga que marcó el camino de la amistad, la enseñanza y la fe de todos los que fuimos sus amigos, hoy mi comentario es una carta enviada al cielo de las personas buenas para Delfina Muñoz.
Querida Delfina:
Durante esta semana han sido numerosas las muestras de cariño que todos los que te conocían Delfina. hemos demostrado, porque era y es tanto el cariño que te tenemos, que solo nuestro corazón sabe lo que eras y sigue siendo, un faro de luz para todos nosotros. Ese cariño no es fruto del azar, sino la cosecha de todo lo que sembraste con tu bondad y tu entrega.
Como mujer de fe profunda, viviste bajo el amparo de la Virgen, y hoy todos tus amigos nos refugiamos en esa misma devoción para encontrar consuelo, porque hemos vivido tantas cosas juntas que de verdad hemos encontrado el sentido de aquella promesa de San Juan Bosco que hiciste tuya: "Confía en María Auxiliadora y verás lo que son los milagros".
Fuiste una mujer buena, llena de fe y entrega, alguien en quien confiar y esperar, en quien ampararse y dejarse amar, una mujer con una sonrisa complaciente que servía tanto para agradecer como para enmendarte la plana, porque Delfina, tú siempre has tenido el corazón abierto y lo mejor de ti era tu capacidad de saberte rodear de todas las generaciones, porque te adaptabas al tiempo y los demás nos adaptamos a ti, por eso entre risas y verdad te pusimos el título de "Mamá Margarita", que como la madre de Don Bosco, eras y seguirás siendo el alma de nuestra casa salesiana, la mujer de manos trabajadoras y oración constante que sabía cuidar de todos con la ternura de quien ve a Dios en el prójimo.
Eras la voz y la melodía en cada misa, nos acompañaste con tus cantos, recordándonos que con las canciones de la iglesia también se reza, siempre hemos aprendido de ti que, con el amor a los demás, la bondad obtiene su fruto en generosidad extraordinaria.
Tu nombre queda impreso en la devoción y fe hacia María Auxiliadora, pero también tu nombre y sobre todo tus manos quedaran ligada a la historia tangible de la casa, con tus cuidadosos bordados y tu costura delicada
Entre el ruido de tus bolillos y el paso firme de tu aguja al coser, ibas hilvanando la vida de los tuyos, tus hijos, siempre presentes en tu vida y con todas aquellas alumnas que fueron manejando y aprendiendo de ese arte y de ti como buena maestra, el encaje de amor que tejiste en nuestros corazones que no se deshará nunca.
Tu vida fue ese milagro de coherencia y servicio. El vacío que dejas es inmenso, pero el amor que nos une a ti es más fuerte que la ausencia.
Te despedimos con la certeza de que Ella, María Auxiliadora te ha recibido con los brazos abiertos, diciéndote:
"Bien hecho, fiel hija "




