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Familiares de personas con Alzheimer: "Ves como la persona a la que quieres va desapareciendo poco a poco"

Al padre de la aragonesa Elena Lapuente le detectaron la enfermedad a los 60. Cuatro años después, en una fase grave, sigue sin tener reconocida la dependencia

Tratamos el Día Mundial del Alzheimer en Hora 14 con enfermos, familiares e investigadores de la enfermedad

Zaragoza

Para Mari Carmen, de 74 años, su mejor aliada es la escritura. “Lo anoto todo por si se me olvida”, cuenta en los micrófonos de Radio Zaragoza. No le gusta la televisión, así que lee mucho, hace sudokus y crucigramas. Y cuando quiere recordar el pasado, mira las fotografías. “Así sé, por ejemplo, que he viajado mucho a lo largo de mi vida”.

A Mari Carmen le cuesta recordarlo todo desde hace un año, cuando oficialmente le dijeron que padecía Alzheimer. Es una de las 40.000 personas que en Aragón la padecen y que cada vez se detecta en gente más joven, como el padre de la zaragozana Elena Lapuente, al que se la diagnosticaron hace cuatro años, cuando tenía 60.

Pequeños despistes

Todo comenzó con pequeños despistes. "Se olvidaba de las contraseñas, no sabía identificar su móvil entre todos los que estaban en la mesa. Despistes que fueron cada vez más preocupantes y llegó un punto que no sabía trabajar con el ordenador, cuando lo había hecho toda la vida por trabajo", explica.

Fue entonces cuando comenzaron las visitas médicas. Un proceso largo y complicado, de meses, hasta que una prueba confirmó la peor de sus sospechas. Y en cuatro años, el Alzheimer ha avanzado en él como un huracán.

Hoy en día, "mi padre no sabe vestirse, asearse, comer, en qué hora estamos, no entiende la televisión, nada le entretiene, no sabe leer… Es completamente dependiente en todo", describe su hija.

Dura para ellos, dura para él

Es una enfermedad "muy frustrante para nosotros porque vemos cómo la persona a la que quieres va desapareciendo poco a poco", pero también para él, porque “cuando tiene momentos de lucidez, que llamamos, y es consciente de lo que le ocurre, sufre muchísimo", añade.

El día a día es complicado de puertas para adentro, pero también de puertas para afuera, cuando tiene que interactuar con otras personas que no conocen su situación. "Sufrimos por él porque ha perdido el 90% de capacidad de comunicarse, por lo que no puede mantener una conversación coherente con otras personas", señala.

Desde la Administración, asegura, les ponen las cosas difíciles

El alzheimer obligó a su padre a prejubilarse, con la pérdida económica que supone, y han pasado años hasta que en un segundo informe médico les han actualizado el estado de la enfermedad de leve a grave.

Como consecuencia, hasta hace cuatro meses no habían podido iniciar los trámites para que se les reconociera la dependencia. El proceso suele tardar, de media, un año, y no será hasta entonces cuando puedan acogerse a las ayudas públicas.

Una situación que ahoga, sobre todo, a las familias con menos recursos. “Nosotros hemos perdido dinero, pero lo hemos sabido mantener, aunque hay otras que no”, apostilla Lapuente. Por ello, pide a la Administración más recursos sanitarios, empatía y agilidad para que también los trámites vayan acompasados del avance real del Alzheimer.