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Miguel Ángel Vidal, el peluquero altoaragonés de Luis Ocaña

Fue ciclista profesional y cortaba el pelo a sus compañeros de equipo, entre ellos al gran campeón de Priego

TARDIENTA (HUESCA), 06/07/2023.- Ángel Vidal, ciclista del antiguo equipo Fagor y compañero de equipo de Luis Ocaña, al cual le cortaba el pelo, posa con la camiseta y la bicicleta de su equipo en el pueblo de Tardienta, Huesca, durante un encuentro con EFE. EFE/Javier Blasco / JAVIER BLASCO (EFE)

TARDIENTA (HUESCA), 06/07/2023.- Ángel Vidal, ciclista del antiguo equipo Fagor y compañero de equipo de Luis Ocaña, al cual le cortaba el pelo, posa con la camiseta y la bicicleta de su equipo en el pueblo de Tardienta, Huesca, durante un encuentro con EFE. EFE/Javier Blasco

Tardienta

José Luis Sorolla EFE

En diciembre de 1968, Miguel Ángel Vidal llegó a la concentración del equipo Fagor como un novato más en el pelotón ciclista profesional, una condición de la que no se iba a poder escapar aunque lo que le tocó hacer fue poner en práctica toda su pericia en lo que sí era un verdadero profesional: la peluquería.

Miguel Ángel Vidal (Poleñino, 1945) corrió como ciclista profesional, en la entonces categoría independiente junto a otro aragonés, el zaragozano Antonio Martín, en el equipo de la marca de electrodomésticos en el que ya había algunas de las consideradas figuras y otras que estaban en ciernes de serlo como Luis Ocaña, al que este año recuerda el Tour con una salida de etapa en Mont-de-Marsan por el 50 aniversario de su victoria en la carrera gala, o el recién fallecido Txomin Perurena.

Eran tan novatos que en las entrevistas previas al comienzo de la temporada los periódicos catalogaron a Vidal y Martín como 'Los desconocidos de Mondragón'.

OPORTUNIDADES PARA LOS MODESTOS

Vidal, no obstante, lo tenía claro: "Si todos los ciclistas españoles modestos tuvieran esta oportunidad que nos han dado a nosotros saldrían muchos más corredores profesionales". La primera concentración del equipo fue en el Monasterio de Nuestra Señora de Aránzazu en Oñati (Guipuzcoa) durante dos semanas en el mes de diciembre antes de celebrarse la Navidad a la que "fuimos sin bicicletas y lo que hacíamos sobre todo era hacer gimnasia y jugar al frontón", explica a EFE Miguel Ángel Vidal. "La primera foto como equipo nos la hicimos todos vestidos de traje porque todavía no teníamos las bicicletas", rememora.

En el Fagor estaban los vascos Patxi Gabica, Txomin Perurena, Jesús Aranzabal, José María Errandonea, Ramón Mendiburu y José Antonio Momeñe, que "jugaban a pelota mano", y el resto, Luis Ocaña, Antonio Martín, Mariano Díaz, Joaquín y Manuel Galera, y José Manuel López Rodríguez, "jugábamos a pala, no estábamos acostumbrados a jugar a mano y aquella pelota tan dura nos la destrozaba, solo jugaban los vascos porque lo hacían siempre".

En las largas horas de estancia en la concentración una de las primeras cosas que supieron de Vidal sus nuevos compañeros fue que "en Tardienta trabajaba de peluquero con mi padre y alguien dijo de pedirles unas tijeras a los monjes que eran con las que entre ellos se cortaban el pelo". "Yo no me había llevado las mías porque no pensaba utilizarlas y las que nos dejaron no se parecían para nada con las que usaba en Almudévar, y tuve que apañarme con lo que me dejaron: tijeras, navaja y maquinilla", dice.

OCAÑA, CORTE DE PELO ESTILO 'BEATLE'

El corte de pelo que le iban pidiendo sus 'clientes' era "el corte clásico que se llevaba en aquella época", con la nuca muy corta y poco más, "hasta que le tocó el turno a Ocaña, que ya estaba casado, y me pidió un corte con el pelo un poco más largo por detrás, como el estilo que llevaban los Beatles". Ocaña, que solo dos años después, en 1971, ya tuvo en sus manos ganar su primer Tour de Francia y reeditar el que había ganado en 1959 Federico Martín Bahamontes hasta que lo ganó ahora hace 50 años en 1973, ya empezó a dejar clara su calidad en el Fagor con el que fue segundo en la Vuelta a España para ganarla en 1970 con el Bic francés.

La personalidad de Ocaña era patente en todo momento y recuerda la anécdota de cuando les fueron a tomar medidas para los trajes y les dijo "a mí darme la tela que me lo hará mi sastre. Lo quería con dos aberturas por detrás y más moderno de lo que lo habían hecho para los demás del equipo. Se notaba que venía de Francia", afirma Vidal. Sobre su condición de peluquero, Vidal recuerda el comentario que le hizo el veterano José Antonio Momeñe: "Siendo peluquero, ¿para qué te metes a correr? Aquí solo estamos los que no tenemos otra cosa".

"En el equipo Gabica, Perurena y Ocaña ganaban 45.000 pesetas, otros 35.000, pero también estábamos algunos que no cobrábamos nada. Esa era la realidad del ciclismo en aquellos años", apunta.

De Ocaña, al que "los vascos le decían francés", recuerda como el ciclista de Priego (Cuenca) pero criado en Mont-de-Marsan se lamentaba de que "en España me llaman francés y en Francia me dicen español", una dualidad de la que casi nunca terminó de desprenderse. "Tenía un temperamento muy pausado, aunque cuando se cabreaba sobre todo en bicicleta no dejaba títere con cabeza, en esos momentos era absolutamente temperamental", dice Vidal.

También tuvo la experiencia de conocer al Luis Ocaña conductor de coches con el acelerador siempre pisado a fondo. "Volviendo de una carrera en Barcelona, Ocaña cogió el R-8 de Perurena que se quedaba allí y pocos kilómetros después, en Igualada, lo había reventado", asegura.

DESDE LOS 10 AÑOS REMOJANDO BARBAS

Aunque nació en Poleñino, Vidal ha vivido prácticamente toda su vida en Tardienta donde se trasladó a los tres años y tuvo su peluquería hasta que se jubiló, además de ser apicultor y dedicarse a la miel. "Con 10 o 12 años ya empecé a remojar barbas con mi padre. Me subía encima de un taburete para poder llegar. Había mucha faena en Tardienta entonces, habían empezado las obras del canal y algunos días había hasta más de 30 personas esperando. Desde el principio mi padre me hacía mirar cómo cortaba él pelo para que aprendiera aunque no era lo mismo que ponerte tú a hacerlo", comenta sobre la formación profesional que le impartió su progenitor.

De su llegada al Fagor junto a Antonio Martín, uno de los principales responsables fue Cesáreo Gabaraín, que era "asesor religioso de Fagor y el cura del barrio zaragozano del Picarral y nos echó una mano para que pudiéramos correr en el Fagor". "Martín y yo corríamos en el Picarral y en 1968 aunque hice la mili gané once carreras, el año que más, y entre ellas la etapa reina de la Vuelta a Lérida Les-Barbastro, el campeonato de Aragón de montaña y en Sabiñánigo gané al francés Bernard Labourdette, que fue un buen profesional. En Jaca gané la carrera con una vuelta de ventaja", recuerda.

A MEDIAS CON ECHEVARRI

Con quien tuvo una excelente relación en el ciclismo antes de llegar a la élite fue con José Miguel Echevarri que "en aquellos años corrió mucho en Aragón y muchas veces, aunque estábamos como independientes, nos aliábamos e íbamos a medias en los premios". "Antes de empezar la carrera hablábamos y nos poníamos de acuerdo para ir a partir, así nos cubríamos el uno al otro. Daba igual el que ganase la carrera", destaca.

De su experiencia en la élite reconoce que no le fue todo lo bien que le hubiese gustado y le dejó un regusto amargo de no haber podido hacer algo más sobre todo porque "el equipo se deshizo al final de ese año y ya no pude seguir. El Fagor se recompuso para formar el Mercier-Fagor, además de que Perurena se fue al Kas, Ocaña al Bic y Gabica se retiró".

"En Fagor no me encontré bien en casi ningún momento del año. Tras la concentración de Aránzazu fuimos en enero a Denia a entrenar ya con las bicicletas. Allí empecé con tos y hasta abril todavía no me encontraba bien. En el 68 había andado bien, pero en el 69 no estuve fino", comenta. "La primera carrera que corrí fue en Castelldefels donde estuve escapado con José Pérez Francés (Kas) y luego fui al Tour de Romandía con Felice Gimondi, Vittorio Adorni o Gianni Motta, pero abandoné en la segunda etapa porque no me encontraba nada bien. Luego me arrepentí porque me tenía que haber muerto antes de abandonar. Es una espina que me quedó clavada", zanja.

LA BICI DEL EQUIPO

Vidal conserva como oro en paño la bicicleta con la que fue profesional, aunque el motivo por el que la tiene no es porque la comprara al equipo al acabar la temporada. "A la primera concentración fui con mi bici que me la había montado y la tenía sin estrenar, una Macario con todo el material Campagnolo. La bici del equipo era una Marotías, que en aquel momento era el Mercedes de las bicis y se quedaron mi bici, supongo que la terminaría despiezando Pedro Matxain (director del equipo) y la vendería en su tienda", comenta.

"Llevábamos 5 piñones y ahora seguro que no subiríamos los puertos y las cuestas que les meten porque llevábamos 44-53 de plato y algunos hasta 42 y 13-21 de piñón". Otro aspecto que le pudo pesar en su rendimiento y que ya vio con claridad hace años es que "en los entrenamientos siempre fui autodidacta porque a mí nadie me dijo nunca nada de cómo tenía que entrenar y hacía entrenamientos de juvenil".

"Si hubiera entrenado como un profesional no sé que hubiese podido pasar. No hacía series y me iba poniendo en forma poco a poco y en junio y julio es cuando mejor empezaba a encontrarme. Las careras es donde te ponías en forma, además entrenaba solo. No entrenaba adecuadamente", concluye.

 

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