Nueva protesta de los regantes de Salillas
Insisten en su mensaje de "Modernización sí, pero no así"
Jesús Viñuales, vecino de Salillas
Huesca
Los vecinos de Salillas y Huerto, afectados por la ejecución de los sectores X y XI del Canal del Flumen, realizaban este viernes su decimoséptimo acto de protesta. Denuncian que las obras, en marcha desde hace meses, se realizan sin evaluación ambiental y con graves impactos sobre sus tierras, pese a existir alternativas menos perjudiciales.
La concentración tenía lugar en la Plaza de Cervantes de Huesca, frente a la Subdelegación del Gobierno donde se leía este manifiesto:
Hoy nos concentramos por decimoséptima vez.
Diecisiete veces protestando.
Diecisiete veces explicando lo mismo.
Diecisiete veces sin que quienes mandan hayan querido escuchar.
Después de más de tres años de oposición, hoy las obras ya están en marcha. Y eso marca un punto de no retorno. Porque ahora ya no hablamos de proyectos ni de promesas. Hablamos de máquinas entrando en nuestras tierras, de zanjas abiertas, de campos atravesados y de un daño que ya es irreversible.
Y lo que estamos viendo confirma lo que llevamos años denunciando: la realidad es mucho peor de lo que nos querían hacer creer.
El impacto de este proyecto sobre Salillas y Huerto es enorme. Balsas gigantescas, tuberías atravesando regadíos productivos, tierras dañadas, paisaje destruido y fincas que pierden su valor. Todo ello concentrado en pueblos que no son los beneficiarios del proyecto, pero sí quienes pagan el precio. Mientras unos se ahorran dinero, otros lo perdemos todo.
Esto no es solidaridad entre regantes.
Esto no es progreso.
Esto es imponer un beneficio privado a costa del territorio ajeno.
Desde el principio dijimos que había alternativas, otras formas de hacer las cosas, soluciones menos agresivas y más justas. Nunca han tenido voluntad de estudiarlas en serio. No porque no fueran posibles, sino porque no convenían a quienes impulsan el proyecto. Hoy comprobamos, además, que el proyecto se está modificando sobre la marcha durante la ejecución, sin explicaciones claras y sin controles visibles. Da la sensación de que aquí todo vale con tal de terminar a tiempo para poder cobrar la subvención.
No podemos quedarnos callados mientras destruyen nuestro territorio: Decimos basta.
Esto ya va más allá de lo técnico y de las decisiones administrativas. Es un abuso de poder.
Es la demostración de cómo se toman decisiones desde despachos lejanos por motivos oscuros y se ejecutan sobre el terreno esperando que los pueblos se callen y se resignen.
Es el desprecio al medio rural convertido en obras públicas.
Mientras tanto, los tribunales aún no se han pronunciado. Hay procedimientos abiertos en la Audiencia Nacional y en el Tribunal Supremo. No hay medidas cautelares, pero eso no convierte a este proyecto en justo ni en legal. Aun así, se ha decidido seguir adelante, correr, meter máquinas y generar un daño que luego será muy difícil, o imposible, de deshacer.
No es casualidad. Es una estrategia basada en los hechos consumados con la intención de influir en las decisiones judiciales.
La responsabilidad de esta situación es clara.
Las administraciones públicas, y especialmente el Ministerio de Agricultura y la Confederación Hidrográfica del Ebro, tenían la obligación de proteger la legalidad y a los ciudadanos. En lugar de eso, han permitido que este proyecto avance ignorando protestas, haciendo la vista gorda ante los impactos y mirando hacia otro lado.
Cuando una administración deja de proteger y empieza a imponer, deja de cumplir su función y se convierte en otra cosa.
Después de diecisiete concentraciones, ya no aceptamos más excusas.
No aceptamos más silencios.
No aceptamos más desprecio.
No somos un territorio de sacrificio.
No somos daños colaterales.
Somos pueblos vivos, con gente que trabaja la tierra y que no va a dejar que se la quiten sin plantar cara.
Seguimos diciendo sí al diálogo, pero el diálogo no se hace entre los rugidos de las excavadoras.
El diálogo empieza parando, escuchando y rectificando.
Todo lo demás es una farsa.
Y que nadie tenga dudas: No vamos a parar.
No vamos a cansarnos antes que quienes nos están imponiendo este proyecto.
Seguiremos denunciando, recurriendo y señalando responsabilidades.
Porque quien hoy permite este atropello, mañana tendrá que responder por él.
Defender nuestra tierra no es exagerar. Es lo mínimo.
Y no vamos a renunciar a ello.
POR LA DIGNIDAD DE SALILLAS Y HUERTO
BASTA DE IMPOSICIONES
BASTA DE ABUSOS
SÍ AL DIÁLOGO, NO A LOS HECHOS CONSUMADOS"