La depresión se dispara en Aragón: falta de psicólogos y listas de espera interminables
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Hoy por Hoy Zaragoza y la depresión (13/01/26)
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Zaragoza
La pandemia no solo dejó secuelas físicas, también marcó un antes y un después en la salud mental. El número de personas con depresión y ansiedad se ha incrementado de forma alarmante, mientras el sistema público sanitario sigue sin dar respuesta suficiente. Aragón cuenta con apenas 4 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes, frente a los 18 de media en Europa, una diferencia que se traduce en meses de espera y tratamientos incompletos.
La Asociación de Apoyo al Tratamiento de la Ansiedad y Depresión en Aragón (AFDA) confirma que está saturada de peticiones. “No damos abasto”, reconoce su presidenta Pilar Comeras, que explica que la entidad ha pasado de atender 27.000 terapias individuales en 2024 a 29.000 en 2025, además de ofrecer más de 1.500 becas para quienes no pueden costear el tratamiento.
El presidente del Colegio Oficial de Psicólogos de Aragón, Santiago Boira, advierte que la falta de profesionales obliga a recurrir a fármacos como ansiolíticos, lo que convierte a España en el país que más benzodiacepinas consume. “La terapia psicológica debería ser la primera opción, pero faltan recursos”, señala.
Los datos son contundentes: según la Encuesta Europea de Salud, un 26% de la población mayor de 15 años presenta síntomas compatibles con depresión, una cifra que ha crecido tras la pandemia. Factores sociales como la precariedad laboral, la dificultad para acceder a una vivienda y la fragilidad de las relaciones personales agravan el problema.
En AFDA, testimonios como el de Ángel, que lleva ocho años en terapia, reflejan la importancia de pedir ayuda: “Creía que era valiente, pero la vida me demostró que no. Aquí me enseñaron a relacionarme y a expresar mis sentimientos”. Hoy, Ángel dedica sus martes a la asociación y a ayudar a otros.
Mientras tanto, los profesionales insisten en la necesidad de aumentar las ratios de psicólogos en centros de salud, colegios y servicios sociales, y en promover terapias como la cognitivo-conductual o las de tercera generación. “La depresión no se combate solo con medicación”, concluyen.




