Vecinos de Loporzano, Tierz y Quicena se movilizan contra la construcción de una macroplanta de biogás a las puertas de Huesca
Critican el riesgo sanitario y medioambiental que se correrá y la cercanía a diversas poblaciones
Vecinos de Loporzano, Tierz y Quicena en la reunión informativa sobre la planta de biogás celebrada el viernes
Huesca
Los vecinos de Loporzano, Tierz y Quicena, bajo el lema “Nuestros pueblos no se venden. Se defienden”, han hecho pública su firme oposición al proyecto de construcción de una planta de biogás promovida por Catalana de Biogás, empresa vinculada a fondos de inversión del Banco Sabadell. La instalación se ubicaría en el término municipal de Loporzano y está diseñada para procesar 95.000 toneladas anuales de purines y residuos cárnicos, una cifra que los colectivos califican de “inasumible y peligrosa para la salud y el medio ambiente”.
Vecinos de Loporzano, Tierz y Quicena en la reunión informativa sobre la planta de biogás celebrada el viernes
El rechazo ciudadano se consolidó tras la reunión del pasado viernes, a la que asistieron más de 160 personas. Los vecinos denuncian falta de información clara y accesible, pese a que el proyecto lleva en tramitación desde febrero de 2025. El expediente se encuentra actualmente en el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA), aunque aún no es público. Los colectivos han solicitado ser reconocidos como parte interesada para acceder a la documentación cuanto antes.
Temen además que el proyecto se tramite mediante un procedimiento ambiental simplificado, un marco que consideran “insuficiente” para una planta de este tamaño.
Los colectivos alertan de que la planta supondría un riesgo sanitario por la emisión de gases como amoniaco y ácido sulfhídrico, además de malos olores persistentes y la posible contaminación de acuíferos por nitratos en un entorno ya sensible. También advierten del aumento del tráfico pesado diario de camiones cargados con residuos y de los riesgos asociados a la gestión de subproductos animales, factores que —dicen— afectarán a la calidad de vida, la salubridad y el entorno natural.
El movimiento vecinal ha puesto en marcha su canal de Instagram (@StopBiogasLoporzano), una recogida de firmas en “Change.org” y un calendario de reuniones con los ayuntamientos implicados. Exigen al Ayuntamiento de Loporzano que no firme la declaración de interés social del proyecto. Anuncian asimismo su coordinación con la plataforma Stop Biogás Somontano, al tratarse —explican— del mismo modelo industrial planteado en otros puntos de la comarca.
Los afectados denuncian que la ubicación de la planta contradice el discurso de “lejanía” defendido por la promotora. La instalación estaría situada a menos de 700 metros de las Trincheras de Tierz, a 1,82 km del núcleo urbano de Tierz, a 2,75 km de Loporzano y Quicena, y a solo 2,43 km del Castillo de Montearagón, declarado Bien de Interés Cultural. La ciudad de Huesca se encuentra a menos de 5 kilómetros.
“No se puede hablar de un proyecto aislado cuando se sitúa a escasos kilómetros de pueblos, patrimonio histórico y una ciudad de más de 50.000 habitantes”, subrayan los portavoces vecinales.
Los vecinos rechazan el argumento de la promotora de que la planta utilizará residuos del entorno cercano y aseguran que el municipio ya gestiona adecuadamente los suyos. Consideran que el proyecto responde a un modelo extractivo, destinado a atraer residuos de una zona mucho más amplia para garantizar la rentabilidad de los fondos de inversión implicados.
“Esto convierte Loporzano en un vertedero industrial al servicio de intereses externos”, denuncian.
Uno de los puntos que consideran más sensibles es el impacto visual y paisajístico en el entorno del Castillo de Montearagón, cuya imagen podría verse alterada de forma irreversible. “El patrimonio no se puede trasladar ni compensar. El paisaje es parte de nuestra historia”, recalcan.
El movimiento vecinal también cuestiona el alto consumo energético de la planta: alrededor de 1 MWh para calentar los digestores, equivalente —explican— al consumo simultáneo de entre 400 y 500 viviendas con bomba de calor en invierno. Además, el calor residual del digestato se liberaría en balsas exteriores, alterando térmicamente el entorno.
Los opositores destacan que la zona afectada es un corredor aéreo clave para buitres, quebrantahuesos, alimoches, águilas reales, milanos reales y halcones peregrinos, entre otras especies protegidas. Temen que el proyecto perjudique tanto a la fauna como al creciente turismo de naturaleza y birding del entorno.