Dos aragoneses, en los confines del mundo, La Antártida: "Aquí no puede fallar nada"
Los militares aragoneses Javier Abizanda y Antonio Bello forman parte del equipo de la 39 Campaña Antártica que acompaña a un grupo de científicos españoles
Dos militares aragoneses, en La Antártida
Zaragoza
¿Cómo es pasar la Navidad a 13.000 kilómetros de casa, bajo cero y entre ballenas, focas, hielo y fuego? Así las han vivido dos aragoneses que están ahora mismo en el continente más remoto del planeta Tierra: La Antártida. Se trata de los militares Javier Abizanda y Antonio Bello, que forman parte del equipo de la 39 Campaña Antártica del Ejército, que acompaña a un grupo de científicos españoles que están desarollando allí diferentes proyectos de investigación.
Natural de Santalecina (Huesca), el comandante Abizanda es, además, el primer aragonés en liderar una campaña antártica del Ejército Español. Le acompaña otros 13 militares, entre los que está el turolense Antonio Bello, de Muniesa (Teruel), subteniente de encargado del mantenimiento de instalaciones. Su misión allí es realizar labores de apoyo y abituallamiento para los investigadores desde la Base Española Gabriel de Castilla.
El equipo de militares que forman parte de la 39 Campaña Antártica del Ejército Español
En el programa "La Ventana de Aragón" explicaban que esta es una de las misiones de mayor responsabilidad que han vivido profesionalmente. "Para mí es el mayor honor y orgullo por la experiencia vital y laboral que estamos obteniendo, y que tiene dos grandes retos: el aislamiento que vivimos -estamos a 1.000 kilómetros de la ciudad más cercana, Ushuaia-, y las condiciones: el viento, las enormes olas y el frío desafiante, que hacen que la misión sea única".
En total, pasarán 100 días en un terreno de lo más hinóspito, en el que su día comienza la noche anterior, "cuando mantenemos una reunión con los científicos, que nos dicen lo que necesitan para realizar su trabajo al día siguiente. Después tenemos otra reunión los militares para repartirnos las tareas", explica.
El trabajo para llegar allí también ha sido duro. Bello explica que, además de atravesar uno de los mares más peligrosos del mundo para llegar hasta allí -el pasaje de Drake-, "hemos tenido que planificar todo perfectamente. Nos hemos llevado todo y, por tanto, aquí no puede fallar nada, porque no tenemos la opción de conseguir lo que te pueda faltar".
Una misión única que no olvidarán estos dos aragoneses, que han dejado allí su pequeña huella: dos señales que marcan la distancia que separa La Antártida de sus pueblos natales: Santalecina y Muniesa.