La diócesis de Huesca expresa su cercanía a las víctimas del accidente ferroviario en la celebración religiosa
La misa en la iglesia de San Vicente el Real volvía a ser multitudinaria

Reparto de naranjas en San Vicente

Huesca
La celebración de la festividad de san Vicente, patrono de la ciudad de Huesca, ha estado marcada este jueves 22 de enero por el dolor y la consternación ante el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba), que ha causado numerosas víctimas y ha conmocionado a toda la sociedad, como también el de Gelida (Barcelona). Al final de la santa misa de las 11:30 h. tuvo lugar el reparto de naranjas bendecidas con el que se recuerda el martirio y muerte del santo en Valencia.
Durante la homilía pronunciada en la iglesia de San Vicente el Real, su rector, el reverendo José Alegre Lanuza, expresó, en nombre del obispo, el padre Pedro Aguado Cuesta, la cercanía, el afecto y la oración de toda la diócesis hacia las personas fallecidas, sus familias y todos aquellos que sufren las consecuencias de estas tragedias.
Al mismo tiempo, destacó la generosidad y la solidaridad mostradas por tantas personas e instituciones que, desde distintos ámbitos, se han volcado en el acompañamiento a las víctimas.
En este contexto de dolor, la figura de san Vicente, diácono y mártir, fue presentada como modelo de fe, esperanza y perseverancia. Huesca, que se honra de tener como patronos a dos grandes diáconos -san Lorenzo y san Vicente-, mira en ellos un ejemplo de entrega y servicio, simbolizados en la palma y el laurel que figuran en el escudo de la ciudad.
El también vicario general de la diócesis de Huesca, acompañado en el presbiterio por el Cabildo Catedral, subrayó especialmente tres claves del mensaje evangélico: la confianza en el Señor, el testimonio de vida y la perseverancia hasta el final. San Vicente, que puso toda su esperanza en Dios incluso en los momentos de soledad y persecución, sigue siendo hoy un referente para quienes afrontan situaciones de sufrimiento, enfermedad o injusticia.
Asimismo, se puso en valor la labor constante de tantas realidades eclesiales y sociales de la ciudad -como Cáritas, Manos Unidas, las Conferencias de San Vicente de Paúl, los Hermanos Franciscanos de Cruz Blanca y otros servicios sociales- que, más allá de los momentos puntuales de emergencia, acompañan día a día a las personas más vulnerables.
La homilía concluyó con una llamada a vivir una solidaridad perseverante, basada no solo en gestos inmediatos, sino en procesos de acompañamiento que ayuden a las personas a recuperar su dignidad, su esperanza y su ilusión por la vida, siguiendo el ejemplo de san Vicente y poniendo la confianza no en lo material, sino en el tesoro del corazón.




