Selecciona tu emisora

Ir a la emisora
PerfilDesconecta
Buscar noticias o podcast

Menos bollería en el trabajo, pero no más sano: así cuelan las empresas los ultraprocesados en el vending "saludable"

Entrevista con Luis Cañada.

Entrevista con Luis Cañada.

00:00:0015:59
Descargar

El código iframe se ha copiado en el portapapeles

Barbastro

La desaparición de la bollería industrial de las máquinas expendedoras en los centros de trabajo, anunciada por el Gobierno como una medida de salud pública, ha sido recibida con aplausos en algunos sectores, pero ¿realmente es algo efectivo?. El nuevo marco normativo pretende limitar calorías, azúcar, grasas y sal para promover opciones más saludables en el entorno laboral. Sin embargo, varios expertos advierten de que el cambio, tal y como está planteado, puede quedarse en una transformación estética más que en una mejora real de la alimentación.

La idea de reducir el consumo habitual de productos claramente insanos es buena, pero la definición de “saludable” es un arma de doble filo. La regulación lo define a partir de una serie de umbrales, algunos subjetivos y otros numéricos: un máximo de calorías por unidad, porcentajes concretos de grasa o azúcar y la eliminación de grasas trans. Un sistema que, según algunos nutricionistas, corre el riesgo de simplificar en exceso una cuestión mucho más compleja.

"Cumplir unos límites no hace que un producto sea saludable", afirma Luis Cañada, CEO de FITstore. "Si la industria ha conseguido un Nutriscore A para productos con 25g de azúcar, ¿de verdad creemos que no van a encontrar la forma de colarse en el vending?" El resultado puede ser un surtido de snacks que cumplen la norma sobre el papel, pero siguen siendo ultraprocesados, una denominación que sigue siendo ambigua, con listas de ingredientes largas y poco recomendables para un consumo frecuente.

Uno de los riesgos señalados es la creación de una falsa sensación de seguridad e interpretar erróneamente que es una especie de “vending saludable”. Al etiquetar ciertos productos como “aptos” o “saludables”, el consumidor puede elegirlos con más frecuencia para su consumo, cuando realmente no deberían. “El problema es el mensaje implícito: si está en la máquina, es saludable, puedes tomarlo sin pensar. Y eso no es cierto. Que el Gobierno lo imponga por ley no significa que debamos perder el criterio", apunta Cañada.

Este tipo de criterios abre la puerta a un fenómeno ya conocido en la industria alimentaria: la proliferación de productos ultraprocesados “tuneados” para ajustarse a la norma, pero no necesariamente más saludables. Galletas con menos azúcar pero cargadas de edulcorantes, grasas refinadas y aromas artificiales; barritas que reducen calorías a costa de una larga lista de aditivos; snacks “horneados” con reclamos de bajo contenido graso pero elaborados a partir de harinas ultrarrefinadas; o bebidas que eliminan el azúcar añadido para incorporar sustitutos cuyo impacto metabólico sigue siendo controvertido. Todos ellos pueden encajar en los límites establecidos por la regulación y presentarse como opciones aptas o saludables, pese a mantener un bajo valor nutricional real y un elevado grado de procesamiento. El riesgo es que el cumplimiento de unos parámetros numéricos acabe legitimando productos que, más allá de la etiqueta, poco tienen que ver con una alimentación de calidad.

A efectos prácticos, modificar la oferta tiene un impacto limitado si no va acompañado de una educación nutricional que cambie por sí sola los hábitos. "Sin educación, no hay cambio real. El consumidor seguirá eligiendo por sabor, precio o marketing, no por salud. Puedes regular la máquina, pero no puedes regular el criterio de quien elige", señala el CEO de FITstore.

Además, el nuevo modelo no aborda una cuestión clave: la información. Las máquinas expendedoras seguirán mostrando productos con reclamos llamativos como “bajo en calorías”, “sin azúcares añadidos” o “fuente de proteína”, entre otros, sin ofrecer un contexto claro que ayude al consumidor a interpretar esos mensajes. “Se repite el mismo error que hemos visto en los supermercados. Se destaca un solo valor positivo y se oculta todo lo demás. El consumidor toma decisiones parciales con información incompleta”, afirma Cañada.

Desde el punto de vista nutricional, el foco exclusivo en macronutrientes como el azúcar o la grasa deja fuera otros factores relevantes: el grado de procesamiento, la calidad de los ingredientes o la densidad nutricional real del alimento. Un snack puede tener pocas calorías y, aun así, no aportar prácticamente nada a la dieta.

En este contexto, los expertos de FITstore insisten en la necesidad de saber leer etiquetas nutricionales y conocer qué comemos: “Si el trabajador sigue sin saber leer una etiqueta o identificar un producto realmente interesante, el efecto en su salud será marginal”. Por ello, reclaman medidas más efectivas si no se quiere “engañar” a los consumidores de máquinas de vending incluyendo información clara, fomentar opciones sencillas y reconocibles y, sobre todo, no confundir cumplimiento normativo con alimentación saludable.

 

Directo

  • Cadena SER

  •  
Últimos programas

Estas escuchando

Hora 14
Crónica 24/7

1x24: Ser o no Ser

23/08/2024 - 01:38:13

Ir al podcast

Noticias en 3′

  •  
Noticias en 3′
Últimos programas

Otros episodios

Cualquier tiempo pasado fue anterior

Tu audio se ha acabado.
Te redirigiremos al directo.

5 "

Compartir