Sociedad

La radio, ese latido que nunca se apaga

Del silencio encendido de Canfranc a las voces jóvenes que hoy aprenden a hablar en los coles, la radio celebra su día recordando que sigue siendo compañía, memoria y futuro

Hoy por Hoy Zaragoza y el Dia Mundial de la Radio (13/02/26)

Zaragoza

La radio es ese sonido que se cuela sin esfuerzo en la vida, que llena silencios, que informa, que sostiene, que acompaña. Ese ruido de fondo que no pide permiso, pero que nunca falla. Hoy, Día Mundial de la Radio, celebramos un medio camaleónico y eterno que ha sabido cruzar guerras, aulas, estudios y pantallas para seguir aquí, junto a nosotros.

Y para contarlo, basta con seguir el hilo invisible de tres tiempos —pasado, presente y futuro— que en realidad forman una misma historia.

Todo empieza en el pasado

En los años 40, en plena Segunda Guerra Mundial, en un rincón oscuro de la Estación Internacional de Canfranc, el jefe de aduanas, Albert Lele, sintonizaba cada tarde los mensajes cifrados que la BBC emitía a las 7. Lo hacía a escondidas, al abrigo apenas de un candil, buscando el punto exacto del dial en una radio de madera comprada en París, la única del pueblo. Aquella radio, que servía para amenizar tertulias musicales con los visitantes —muchos de ellos nazis sin saberlo— tenía un propósito mayor: salvar vidas. Lele, al que llamaban el rey de Canfranc, utilizó las ondas para ayudar a miles de personas a escapar, cruzando información y esperanza a través del aire. Esa misma radio ha regresado ahora a la estación. “Es una pieza clave de nuestra historia”, recuerda el alcalde, Fernando Sánchez, que quiere que termine expuesta en el futuro Museo del Ferrocarril.

La radio fue, entonces, resistencia. Fue frontera atravesada. Fue libertad. Y esa fuerza no se ha apagado. Porque la radio sigue siendo un espacio donde la voz importa. Donde todos tienen algo que decir. Donde todos caben.

El presente que sigue latiendo

Lo demuestra el presente, que late con la alegría de Radio Arboleda, del Colegio de Educación Especial de Teruel. Cada mañana, sus alumnos se convierten en periodistas: preparan guiones, dan el tiempo, cuentan lo que van a comer, comentan el día. “Para nosotros es un proyecto que ha ido creciendo”, explica Inés Benedicto, su coordinadora. “Participan incluso quienes no pueden hablar verbalmente. Aquí todos tienen voz”.

Y la tienen. Yonis, uno de los locutores más veteranos, lo cuenta con naturalidad: “Ya es mi rutina. Si el año que viene tengo un hueco, seguiré escuchando a mis compañeros”. Eri, emocionado, ha leído hoy su noticia especial: “Hoy es el Día Mundial de la Radio. Hemos grabado un nuevo programa para celebrarlo. Animamos a todos a escucharnos”.

Ahí sigue la radio: enseñando a hablar, a escuchar, a convivir. Enseñando el poder de la palabra compartida. La radio como escuela, como espejo, como abrazo

Una historia única que no se detiene

Sigue avanzando hacia un futuro que ya está aquí, donde conviven la tradición y la inteligencia artificial. El profesor de radio y Premio Ondas Chusé Fernández lo resume mientras recuerda los vinilos eternos de la base americana de Zaragoza: “La radio está en todas partes. Quizá deberíamos empezar a celebrar el Día Mundial del Audio”.

Para él, el porvenir no es una amenaza, sino un reto: “La IA ya genera cuñas y guiones, pero debemos sujetar al caballo por las riendas. La tecnología debe ayudarnos, no deshumanizarnos”.

La radio será híbrida, multiplataforma, flexible. Pero seguirá siendo humana. Porque siempre lo ha sido. Lo sabe bien el periodista José Luis Sastre, que cada día madruga para acompañar a millones de oyentes. Y lo dice con sencillez:“Que la radio siga vigente entre tantos formatos nuevos es un milagro”.

Eso es, al final, lo que celebramos hoy: que este medio nacido hace más de un siglo siga siendo casa. Que nunca haya dejado de estar. Que nos siga encontrando, incluso cuando no lo buscamos. La radio es memoria, es presente y es también el futuro. Es compañía. Es comunidad. Es emoción.

Feliz Día Mundial de la Radio. Gracias por estar ahí, cada día… y no al revés.