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Sociedad

La contaminación del agua obliga a repensar nuestro consumo de plásticos

Investigadores en Aragón advierten que la solución no pasa solo por depurar, sino por reducir la producción de envases y repensar los materiales biodegradables

Hoy por Hoy Zaragoza y SER sostenibles (17/02/26)

Zaragoza

La contaminación del agua se ha convertido en uno de los problemas ambientales más urgentes del planeta. Plásticos, productos químicos y sustancias tóxicas llegan cada día a ríos, mares y acuíferos, dañando ecosistemas y poniendo en riesgo la salud humana.

El divulgador Guillermo Orduña recuerda el origen de la vida en el agua y la capacidad del medio acuático para transportar todo aquello que arrojamos al entorno. «El agua mueve lo bueno y lo malo. Lo que tiramos aquí termina en el mar». Como ejemplo, una simple colilla tirada en una alcantarilla acaba, sin pasar por filtros, en los océanos, convirtiéndose en microplástico.

Orduña relata una experiencia reciente: al recoger plásticos acumulados en una zona cercana a su vivienda, comprobó cómo muchos de ellos se deshacían en pequeños fragmentos que se mezclaban con la arena. «Era imposible recogerlos. Ya estaban convertidos en polvo de plástico», evidenciando cómo ese proceso es el origen de los micro y nanoplásticos que contaminan suelos y aguas subterráneas.

Filomena Silva, investigadora especializada en envases y reducción de residuos, insiste en que la mejor estrategia para proteger el agua es evitar la contaminación desde el origen. «Mejor que depurar es no contaminar. El reciclaje no garantiza un mundo libre de plásticos». Recuerda que numerosos países trabajan ya en el llamado Tratado Internacional de los Plásticos, que busca limitar la producción global. También advirtió sobre la confusión existente con los llamados bioplásticos: no todos son biodegradables ni todos proceden de fuentes renovables. Además, muchos requieren aditivos cuyo impacto ambiental y sanitario aún se desconoce: «Nos venden biodegradabilidad, pero a veces solo se cumple en condiciones que no existen en la naturaleza», subrayó. Un ejemplo, un producto cotidiano: las cápsulas solubles utilizadas en el lavavajillas, fabricadas con un plástico que puede tardar siglos en degradarse realmente.

Scott G. Michell, químico del CSIC, analiza la capacidad de las depuradoras actuales para filtrar estos contaminantes y explica que las plantas municipales funcionan bien eliminando arena y hojas, pero no están diseñadas para retener partículas de escala nanométrica: «Cuando pasamos a la escala nano, las partículas se comportan más como humo en el aire que como arena en el agua». Por ello, trabajan en nuevos materiales —a modo de “esponjas inteligentes”— capaces de atrapar micro y nanoplásticos mediante enlaces químicos y no solo por filtrado físico.

Jonas Gurauskis, investigador, explica que su equipo desarrolla dispositivos para atrapar y degradar estos plásticos en plantas de tratamiento tanto municipales como industriales. El desafío, dice, es crear tecnologías eficaces pero económicamente viables, ya que las membranas de ultrafiltración existentes son muy costosas y se ensucian con rapidez. Tras dos años de trabajo, han logrado avances significativos: «Tenemos dos patentes en marcha. Lo que comenzó como una idea loca está funcionando».

Jonas advierte además de que aún no existen normativas específicas para estos contaminantes emergentes a pesar de su impacto acumulativo en la cadena alimentaria. «Aunque las cantidades sean pequeñas, se acumulan en animales y en nuestro cuerpo a lo largo de la vida», añadió.

Orduña invita a la audiencia a reflexionar: «La próxima vez que abramos el grifo, quizá miremos el agua de otra manera». Los expertos coinciden: la lucha contra la contaminación hídrica es urgente y empieza tanto en la ciencia como en los hábitos cotidianos.